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12/12/14

La Peste de 1599, San Roque y Santa Ana

En Villa del Prado existe, conocida por todos, la Calle de San Roque, y los que han conocido en funcionamiento el sistema agrícola de las eras, también recuerdan las llamadas “Eras de San Roque”, que estaban al final de la misma calle. Se llama así ésta calle porque en el pueblo hubo durante mucho tiempo una devoción a éste santo, protector contra la enfermedad de la Peste, y en éste artículo veremos cómo comenzó aquella historia, que está conectada también con un nombre muy femenino: el de Ana. 

Todo comenzó en el año 1599, cuando se produjo una fuerte epidemia de peste en el pueblo, una de las más devastadoras que ha producido ésa enfermedad en la historia pradeña. Desde que la terrible Peste Negra, en sus variantes Bubónica y Neumónica, comenzó su severa aparición en Europa hacia los años 1348-1350, Villa del Prado, como toda España y todo el continente Europeo, sufrió de vez en cuando las acometidas periódicas de la enfermedad. Nos encontramos ésta vez, como ya hemos dicho, en 1599, y en las calles de Villa del Prado comienza a sentirse el miedo. Hay bastantes enfermos en muchas casas y empiezan a fallecer al no disponerse en la época de un remedio médico concreto. Tan solo unos poquísimos sobreviven, sólo porque su cuerpo con sus propias defensas, logra vencer la enfermedad. Las personas, sin todavía una visión médica certera de lo que es la enfermedad, se contagian con facilidad.
Médico de la Peste
Quizá en aquellos días el médico del pueblo hubo de ponerse el traje de seguridad que entonces había para examinar enfermos de Peste: una larga túnica, un velo alrededor de la cabeza y un ancho sombrero; y en la cara, una careta de cartón con un largo pico en la nariz relleno de flores y plantas medicinales, para poder examinar con guantes y una varilla, a una distancia prudencial a las decenas y decenas de pacientes afectados.

Es entonces, cuando la vieja estampa medieval tantas veces retratada por dibujantes y pintores, aparece en las calles de nuestro pueblo: Se decide construir un carro de madera nuevo por parte de las autoridades municipales, para recoger casa por casa a los cuerpos de los muertos por la Peste. Las calles de tierra, las paredes color barro del pueblo, ven pasar al “Carro de la muerte” cargado con cuerpos hacia la Iglesia, cuya torre estaba recién terminada de construír, aunque sin su largo chapitel. Después las ropas del enfermo se queman y las paredes se desinfectan con cal blanca. Pero ello no es ni mucho menos consuelo para los que quedan vivos en las casas, atormentados y tristes sin comprender el porqué de aquel castigo injusto. En ésta ocasión la epidemia estaba siendo más poderosa que otras veces, y el pueblo se vio muy seriamente amenazado. Nadie querría oir hablar de algunas aldeas pequeñas que en el pasado habían incluso quedado deshabitadas por el efecto de la Peste. Sin que la Medicina aún consiguiese un remedio eficaz, los habitantes de Villa del Prado recurrían al Cielo, a lo Divino, para que les ayudase a librarse de aquel horror. Primeramente, como San Roque era el santo al que se rogaba en toda Europa cuando ésta enfermedad atacaba, los pradeños decidieron a partir de entonces guardarle gran devoción.

Imágenes de epidemias de Peste en el siglo XVII

Pero en ésta ocasión también la ayuda llegó por medios mundanos y humanos. En aquellos tiempos de la epidemia, Villa del Prado pertenecía al señorío de La Torre de Esteban Hambrán; y era señora de éstas tierras doña Ana Manrique. Doña Ana, desde su casona señorial, vió tan mal a sus vasallos pradeños a causa de la enfermedad; observó tal amenaza para el pueblo, que autorizó una gran derrama de dinero para costear el tratamiento y gastos que ocasionó la epidemia… Es entonces, cuando los habitantes del pueblo, seguramente en honor y agradecimiento a Ana Manrique, decidieron desde entonces celebrar con todos los honores la Fiesta de Santa Ana, todos los 26 de Julio de cada año. Según nos cuentan los libros del archivo parroquial, en el año 1611, el entonces párroco de Villa del Prado, en nombre de todo el pueblo, y delante de todos los vecinos, hizo un solemne voto y promesa de, a partir de entonces, y por siempre jamás, guardar los pradeños la fiesta de Santa Ana y celebrar su día con toda solemnidad y hacerle una procesión. Se firmó éste voto solemne y promesa ante el escribano del ayuntamiento el día 4 de julio de 1611. No sabemos dónde se produjo ésta reunión, si quizá en la plaza del pueblo, o quizá dentro de la iglesia, pero seguro que fue uno de esos momentos tan especiales en que vemos a todo un pueblo unido celebrando o decidiendo, todos por igual, cualquier cosa, fuere lo que fuere.
Imagen de Santa Ana, (Iglesia de Villa del Prado)

Finalmente, cuando el salvaje embite de la Peste fue remitiendo y alejándose en Villa del Prado, los pradeños también decidieron con su esfuerzo, construir una ermita en honor de San Roque. Ésta ermita se construyó en el año 1615 y funcionó durante alrededor de un par de siglos, dando nombre a la zona donde fue levantada. Finalmente la ermita fue perdiendo uso hasta que fue demolida en 1805. Hoy en dia no queda nada de ella; y es, por tanto, una de las ermitas desaparecidas que tuvo Villa del Prado. Es posible que estuviese situada en donde hoy hay un parque, al final de la actual calle de San Roque, y para siempre quedó el nombre de dicha calle como recuerdo de aquellos días.

La ermita de San Roque, desapareció, como hemos dicho, en el año 1805, y de la imagen del santo se desconoce hasta el momento qué ocurrió con ella, pues no existe en la actualidad, ni se ha encontrado documento que explique a dónde fue a parar. Respecto a la tradición de celebrar con todos los honores el dia Santa Ana, sacándola en procesión, se perdió con el tiempo, quizá en el siglo XIX. A Santa Ana, no se le hizo ermita, pero hoy en dia sí que podemos ver su imagen de madera policromada, una de las más antiguas de la iglesia, con vestido azul y estofados con pan de oro. Actualmente se halla en el museo parroquial, quizá en espera de que el pueblo redescubra que hizo una promesa solemne que debe de seguir cumpliendo; no olvidar el origen de ésta historia,  y quizá todas las Anas que viven hoy en día en Villa del Prado podrían abogar por la recuperación de ésta tradición, y volver a hacer una alegre fiesta a su patrona y sacarla en procesión todos los 26 de julio.

Por Juan Durán.

22/11/12

Robo de las campanas de El Encinar del Alberche

En un anterior artículo hablábamos de las campanas existentes en uso en el término de Villa del Prado, y que como bien cultural sonoro, constituyen una más de las fuentes patrimoniales en ése sentido de cada lugar. Un toque de campanas a base de repetirse durante décadas e incluso siglos, puede identificar sonoramente a un pueblo o ciudad. Se trata de un bien cultural inmaterial. Si no que se lo digan a los habitantes de las orillas del río Támesis en el viejo London, y a la miríada de turistas que todos los años van a escuchar determinado repique de campanas inconfundible por aquellos lugares; o sin ir más lejos, a cualquiera de los vecinos de cualquier aldea española, cuyas campanas son el sonido del pueblo cada día. Pues bien, dentro de nuestro término municipal pradeño, la urbanización El Encinar del Alberche, contaba con su propio patrimonio campanológico; pues la moderna iglesia que se construyó allí en 1968 tiene su campanario, y si no me equivoco, tenía tres ejemplares de campanas; lo cual, ayudaba a que, dentro del aspecto homogéneo, plano, y aparentemente falto de cosas "tradicionales", que tienen todas las urbanizaciones; El Encinar tuviese en sí misma un poco de ése "algo", que la ayudaba a contar con elementos un poco "de pueblo" y de tradición propias. Si El Encinar hubiese contado con un toque de campanas programado propio, éste con el paso del tiempo, hubiese sido sin duda un elemento cultural "inmaterial" para el lugar. Ésto iba a llevarse a cabo, pero desgraciadamente se llegó tarde.

En éste año de 2012, al parecer, el párroco de Villa del Prado se decidió a electrificar las campanas de El Encinar del Alberche para que éstas sonasen todos los días automáticamente. Cuando el proyecto se iba a llevar a cabo durante la primavera, la totalidad de las campanas de la urbanización habían desaparecido. El campanario de El Encinar consiste en una simple estructura de hierros, separada del edificio de la iglesia y muy próxima a la valla exterior del recinto. Por allí, alguien desconocido, robó las campanas de la urbanización. Según nos contaba una de las encargadas del cuidado y mantenimiento de la iglesia, primero desapareció una de las campanas, y hacia el mes de marzo, todas las demás.

Desgraciadamente a veces, en aldeas y pueblos aislados se han producido robos de campanas. Es en la soledad y el silencio cuando los miserables actúan con camiones provistos con grúas para llevar a cabo sus execrables actos carroñeros. Ésta vez ha sucedido en El Encinar. Desconocemos los métodos empleados para burlar la seguridad de la urbanización y para actuar de los ladrones. Afortunadamente en la actualidad la Guardia Civil y otras fuerzas de Seguridad del Estado ya están alerta sobre el peligro de robos de campanas en el medio rural, que se han incrementado entre otras cosas a causa de la crisis económica. Por ejemplo en la zona de Galicia, donde las pequeñas aldeas rurales son más frecuentemente blanco de los ladrones de campanas, se ha incrementado la vigilancia. En Cataluña ha sido detenido, por ejemplo, un ladrón de campanas, como fruto de éstos incrementos de vigilancia especial sobre robos en el medio rural. Si las campanas tienen un valor histórico o antigüedad notable, su robo además se convierte en un verdadero atentado contra el patrimonio histórico de nuestra nación, y algo que debería castigarse con inquebrantable dureza, considerándose como lesión y atentado contra todo el país, su identidad y su cultura. Deseamos desde aquí que se recuperen todas o al menos el mayor número de campanas robadas posibles en los últimos tiempos en toda España, y que las de El Encinar pronto puedan volver a su sitio, en el cual fueron instaladas con tanta ilusion y esfuerzo de unas personas que deseaban equipar a su urbanización con un elemento sonoro característico.


16/3/11

1577-1977: Dos torres herrerianas atacadas por un rayo

Hablamos en éstos recientes artículos sobre la torre grande de la iglesia de Villa del Prado; y con temas relacionados con ella continuamos. En un artículo anterior de ésta página vimos el relato del incendio que se produjo en la torre de Villa del Prado cuando la noche del 22 de Julio de 1977 un rayo alcanzó la torre, bajando la chispa por los cables metálicos de las campanas e incendiando numerosos objetos de madera que había almacenados en los pisos bajo el campanario. Vimos también como las campanas de Villa del Prado sonaron llamando a los vecinos para sofocar la emergencia, y cómo numerosas personas del pueblo hicieron una cadena de cubos de agua desde la fuente de la plaza para apagar el incendio.

Pues bien, resulta que la casualidad de los tiempos a veces nos hace descubrir coincidencias sorprendentes, que en éste caso se relacionan con éste suceso que afectó a la torre del pueblo. Y es que otra torre de estilo herreriano, en concreto una de las situadas en las esquinas del Monasterio de El Escorial, que se estaba construyendo al mismo tiempo que la de Villa del Prado, sufrió otro incendio igual... nada menos que el 21 de Julio de 1577; cuatrocientos años justos ántes del incendio de la de Villa del Prado.

La torre de "La Botica" es la que está situada en la esquina suroeste del Monasterio de El Escorial; se la llamó así por albergar en su interior la original farmacia real del edificio. También tenía por entonces colocadas unas campanas en sus ventanas superiores y un reloj. El 21 de Julio de 1577 hacia las tres de la tarde, una tormenta de verano comenzó a arrojar agua sobre la comarca escurialense. Al llegar la noche empeoró aquella tormenta, de tal manera que sobre las once y media sonó un trueno que según testimonios de la época "parecía que los cielos se habían abierto o que las peñas de la sierra venían todas rodando" y un rayo impactó contra el chapitel de la torre de la Botica.

El rayo originó un incendio visto inmediatamente por la guardia real que dio la voz de alarma mientras el fraile relojero de la torre comenzó a tocar las campanas de la misma pidiendo socorro, "revolviéndose el monasterio de tal manera que unos no sabían de otros, unos salían en camisa, otros con sus ropas y otros medio desnudos" El rey Felipe II, que se encontraba en el edificio, acudió a un pasillo cercano a la torre incendiada, en compañía de algunos familiares y miembros de la corte. Cuando el fuego se hizo más grande, la bola dorada y la cruz del chapitel cayeron hacia la fachada de la calle, llevándose por medio una chimenea y parte del tejado del monasterio. Inmediatamente se formaron cuadrillas para apagar el incendio, formadas por trabajadores del edificio, por entonces en construcción, y por soldados de guardia. Pronto comenzó el acarreo de cubos de agua y arena para apagar las llamas y también el taponado de urgencia de las puertas de la torre con yeso y ladrillos para que las llamas no pasasen a otras habitaciones. Dos soldados subieron al último piso de la torre y desde allí echaron agua a los maderos de techo que ardían e incluso empujaron éstos hacia el suelo de la calle para evitar mayores desperfectos. Los frailes mientras tanto daban pan y vino a las cuadrillas que apagaban el fuego, y rezaban, de tal manera que sobre las seis de la madrugada quedó el incendio totalmente apagado.

Torre de la Botica (El Escorial) y torre de Villa del Prado


Por tanto, ambas torres, la de La Botica del monasterio de El Escorial, y la de la iglesia de Villa del Prado; de estilo herreriano, construidas al mismo tiempo y bajo la inspiración de los grandes arquitectos de su tiempo, como Juan de Herrera y Juan Bautista de Toledo, no sólo están unidas por su sólido y característico porte arquitectónico, sino por éstos dos percances ocurridos sorprendentemente, con diferencia de apenas unas horas, un mismo dia y mes de 1577 y 1977 respectivamente, con cuatrocientos años justos de diferencia.

Juan Durán

6/3/08

LOS RELOJES DEL AYUNTAMIENTO


La torreta del reloj del Ayuntamiento de Villa del Prado confiere al edificio un aspecto más esbelto y airoso. estamos acostumbrados a verla como algo cotidiano, pero como tantos elementos típicos del pueblo, tiene su particular historia.

Todo comienza en el año 1855. En aquel tiempo, sobre todo en el medio rural, tener un reloj era algo que no todas las personas de a pie podían permitirse, por lo cual, los relojes públicos desempeñaban desde el siglo XVII un papel muy importante en la vida de ciudades y pueblos. Con sus maquinarias y campanadas permitían a los vecinos llevar un control mejor de su tiempo. En aquel año anteriormente mencionado, Villa del Prado ya tenía un reloj público que pertenecía a la parroquia y estaba situado bajo la espadaña de la iglesia, pero su funcionamiento no debía de estar en buenas condiciones y el ayuntamiento decidió comprar un reloj municipal.

Por entonces, el edificio del ayuntamiento no tenía ningun lugar adecuado para colocar un nuevo reloj, por lo cual hubo de ser necesario construir una torre para poner el cronómetro en un lugar alto y visible. Se construyó pues, la torre, que ocupaba el mismo lugar de la actual. Era ésta antigua torre de 1855 algo más alargada que la actual y estaba toda ella construída en ladrillo de tejar. Tenía varios adornos en sus cuatro fachadas, algunos de ellos en forma de rombos, siguiendo el estilo Neo-mudéjar que estaba de moda en aquel tiempo en España. Sobre la torre se construyó un templete de hierro con un tejadillo tambien de metal en forma de chapitel. En éste templete es donde iría alojada la campana que daría las horas.

La antigua campana era de buena calidad, de bronce, desconocemos por el momento si fue fabricada expresamente para el nuevo reloj o se utilizó de segunda mano procedente de algún otro lugar. (Surge la duda porque en Villa del Prado se comentaba que había en el pueblo una campana procedente de la vieja ermita de San Polo y hasta ahora nadie ha sabido identificar que pasó con aquella campana, en caso de que éste rumor sea verdadero).

Todo estaba listo para que Villa del Prado recibiese su nuevo reloj municipal cuando de pronto el horror se adueñó del pueblo: una epidemia de la enfermedad del Cólera empezó a extenderse por el casco urbano. Se registraron 14 enfermos de aquella por entonces temible infección. El relojero leyó en el boletín de información de Avisos del ayuntamiento lo que estaba pasando y tras marcharse a Madrid, se negó a volver al pueblo para instalar el reloj, con lo cual la instalación quedó paralizada unos meses. Cuando el miedo cesó, el relojero colocó por fin la pesada maquinaria y esfera del nuevo reloj municipal que fue inaugurado en Noviembre de 1855.

Aquel reloj rigió durante muchas décadas las horas del pueblo con su potente campana que según cuentan, se oía desde lugares muy lejanos en el campo. En las grandes fotografías de la plaza del pueblo realizadas a comienzos del siglo XX puede apreciarse aquella primitiva torre con su reloj.

Poco más de un siglo después, en 1965, el reloj, su torre y el edificio del ayuntamiento en general estaban en bastante mal estado, por lo que comenzó una intensa remodelación de todo ello. El tejado, paredes e interior del edificio sufrieron una buena restauración que lo dejó con un aspecto bastante bueno, respetando su balconada de madera y arquitectura castellana. Es digno felicitar aquí a los responsables de aquella remodelación porque dejaron el edificio en un correcto estado de restauración, sorprendente para la época, pues por entonces y sobre todo en los años 70 y 80, lo más habitual en toda España era derribar los edificios antiguos y hacer en su lugar verdaderos bodrios espantosos de la arquitectura, pero en aquel caso Villa del Prado tuvo suerte.

La restauración, a la par que afectó al edificio, lo hizo también al reloj. En el caso del reloj, no pudo restaurarse ni la torre ni el aparato, pues la primera estaba en un estado de inestabilidad tal que amenazaba con irse abajo y llevarse tras de sí la preciosa balconada del ayuntamiento, por lo cual se desguazó dicha torre y se hizo una nueva, algo más baja, pero de estética respetuosa con el estilo del edificio, y mejor integrada y asentada en la estructura del mismo. Desapareció el viejo templete de hierro y fue sustituído por otro templete con adornos barrocos de forja de hierro, que quizá adolece de la airosa aguja puntiaguda que tanta gracia daba al anterior. Se instaló en el interior de la torre un nuevo reloj moderno con una esfera más grande que la del anterior e iluminada por dentro con luz eléctrica. Con la campana llegó la polémica, pues se corrió pronto la voz por el pueblo de que la antigua campana se la habían llevado los relojeros y habían puesto una más pequeña que sonaba menos, que es la que hay hoy en día, lo cual no sentó bien a muchos vecinos. En todo caso, el reloj municipal sigue acompañando hoy en día a todo aquel que pase por la plaza y su conocido sonido escuchándose los días silenciosos desde las huertas y terrenos de las afueras.


Juan Durán

6/2/08

EL TERREMOTO DE 1755

En el año 1755, un espantoso terremoto seguido de una ola gigante destrozó Lisboa, capital de Portugal. Es el famoso maremoto del que hay constancia en muchos libros de historia mundial y natural. El terremoto se sintió en muchos puntos de la península ibérica, y nuestra impresión llega cuando vemos que Villa del Prado sintió de lejos aquel fenómeno.

En una nota escrita en un libro de la Parroquia, leemos lo siguiente:

"En 1 de Noviembre, dadas las diez horas de la mañana y a pocos minutos, se experimentó un terremoto a cuya injuria tembló la Yglesia, con espanto de los que en ella se hallaban que huyeron. Lo mismo con ambas torres y casas de la Villa que todo se movió y según se supo, por cartas de Madrid, Toledo, Segovia y otras partes, a lo menos en la península; pero se contaron; gloria a Dios; pocas desgracias"

Ésta nota retrata cómo se sintió en Villa del Prado el cataclismo que destrozó Lisboa aquel día. El terremoto se sintió no sólo en Portugal sino en toda España y causó ciertos desperfectos en algunos edificios españoles muy alejados de Lisboa. En la ciudad de Cádiz provocó importantes destrozos. En Villa del Prado, como vemos también dio un buen susto a los vecinos. Existe un libro de José Manuel Martínez Solares que estudia cómo se vivió y sintió en diversos pueblos y ciudades de España el maremoto portugués del 1 de Noviembre de 1755.

Juan Durán. Foto: página de libro de la parroquia sobre el terremoto.

PARA MAS INFORMACIÓN SOBRE ÉSTE TERREMOTO, PINCHAR AQUÍ

13/12/07

LA COGIDA MORTAL DE VALENTÍN CONDE

La gran afición que ha ido experimentando Villa del Prado por las corridas de toros ha ido fraguándose a lo largo de los últimos siglos. En los años 1700 ya eran relevantes los festejos taurinos celebrados en nuestra localidad. En un antiguo festejo pradeño fue donde perdió la vida el torero Valentín Conde, hecho que fue recordado durante muchos años, pues es, al parecer, la única cogida mortal que ha sucedido en la historia de Villa del Prado.

Valentín Conde nació en Quintanilla del Olmo (Zamora) en 1871. Vivió después en Madrid, y comenzó su carrera taurina toreando por plazas menores, debutando en la capital en el año 1895. Pronto se convirtió en una prometedora figura, de cierta fama en la provincia de Madrid, toreando en Villa del Prado en varias ocasiones, donde la gente del pueblo comenzó a cogerle afecto y simpatía.

En julio de 1899, Valentín Conde se encontraba en Segovia. Un dia de repente, una vaca brava que era conducida al matadero se escapó perdiéndose por las calles de la ciudad. Acercándose a un puesto de venta de huevos, destroza el tenderete y hiere al vendedor y a una mujer que estaba cerca y al niño que llevaba en los brazos. La vaca arremete contra otro puesto de venta de objetos de vidrio y su aterrado dueño. Después continúa una carrera de embestidas contra otros transeúntes giriendo a algunas personas de distinta consideración.

En medio de aquel alboroto apareció Valentin Conde. el cual corrió a su casa, cogió un estoque y volviendo al lugar donde estaba la vaca, se sacó la camisa para utilizarla como muleta y la mató en sólo el primer intento, salvando a las calles segovianas de más destrozos y heridos.

Valentín Conde prosiguió su agenda de festejos aquel verano, y en Septiembre le esperaban de nuevo en Villa del Prado para las fiestas de Nuestra Señora de La Poveda, donde le correspondía torear al día siguiente de la pólvora, el 9 de Septiembre de 1899. Al pueblo llegó el torero, hospedándose como siempre en una habitación de la Posada del Rincón, situada en el rincón de la Plaza Mayor.

La plaza de toros de Villa del Prado, de forma cuadrangular, hecha con tablas, troncos de madera y carros en el recinto de la Plaza Mayor, se hallaba plena de ambiente festivo aquel 9 de Septiembre del último año del siglo XIX. La "Justicia" ocupaba sus escaños en la zona de la posada. Los pradeños observaban la lidia del toro a manos de su ya conocido Valentín Conde, cuando de pronto, al dar un lance de capa, el torero fue cogido, clavándose el asta seriamente en el cuello. Valentín Conde fue recogido de inmediato y metido en la casa más cercana al punto de la cogida, la vivienda de Eusebio Durán Barreras, donde fue metido en una habitación del fondo de la casa, aunque nada se puedo hacer por él, falleciendo a los pocos minutos.

Aquellas fiestas de 1899 quedaron empañadas por el trágico suceso. De aquellos días quedaron el recuerdo en la mente de los que vivieron el suceso, recordado durante muchas décadas más tarde, y en la habitación de la Posada donde se alojó el torero, quedó como recuerdo de Valentín Conde un estoque y un capote de toreo. Éstos dos objetos fueron conservados por D. Mariano González Gordo; "El Tío Gallo"; que por entonces tenía alquilada la posada, y posteriormente por su familia. El capote sobrevivió hasta la década de 1960, y el estoque, de hierro, pesado y antiguo, de la vieja tradición taurina; aún se conserva como testimonio de aquellos días.

por Juan Durán.

Fotos: escenas de la plaza de toros de Villa del Prado a principios del siglo XX. Valentín Conde según un grabado de su época.

12/12/07

EL DESCONOCIDO


Un frio dia de Octubre del año 1899, se produjo en la plaza de Villa del Prado un hecho que dejo con muchas interrogantes a las autoridades del pueblo y a los vecinos que vivieron de cerca aquello. Se trataba de la aparición en el pueblo de un desconocido, el cual se quedó en Villa del Prado para siempre sin que nadie supiese jamás quen fue, donde nació y cual era su nombre. Aquel hombre figura desde entonces en los archivos parroquiales con la calificación de "Un desconocido". Quizá llegó al pueblo en algun coche de caballos de los que entonces traian y llevaban viajeros desde Madrid hasta éste y otros pueblos; quizá pensaba pasar un solo dia aquí para proseguir su viaje hacia otras villas, pero se quedó en Villa del Prado por siempre, y no sabemos si en algún otro lugar alguien le echó en falta, y si le echaron en falta, si alguna vez supieron qué fue de él. Solo sabemos que en aquellos días precedentes a la Navidad que habría de traernos un año y un siglo nuevo, "El Desconocido" pedía humildemente limosna bajo las columnas del ayuntamiento, y allí un accidente cerebral le sorprendio de repente dejandole en estado semiinconsciente y falleciendo poco después. El hombre fue metido en el ayuntamiento donde se le intentó ayudar, aunque fue inútil. Era cura párroco por entonces D. Ismael Bienes, y así relata los hechos en el libro de difuntos:

"En la Villa del Prado, a 28 de Octubre de 1899, mandé dar sepultura eclesiástica al cadáver de un hombre que, sorprendido por la enfermedad, fue recogido en la casa-ayuntamiento, en la que se hallaba pidiendo limosna. Tendrá unos 40 años de edad, estatura regular, pelo negro y gastaba bigote, sin que se pudieran averiguar mas antecedentes acerca de su naturaleza, edad, estado y demas circunstancias, por haberle privado de sus facultades intelectuales la apoplejía cerebral de cuya enfermedad fallecio el dia de ayer a la una de la tarde, según certificación facultativa. Recibió únicamente la extremaunción, y para que conste lo firmo."

El tiempo borró de la memoria de los pradeños a aquel mendigo desconocido, que al igual que otros pedigüeños, vino desde algun otro pueblo o ciudad a recibir aquí algunas monedas de caridad, pero que nunca retornó a su casa. Descanse pues, "El Desconocido" en ésta tierra que lo acogió en sus últimos momentos.

Foto: Un mendigo en el año 1880, por Casiano Alguacil

por Juan Durán

EL CASO DEL OSO HORMIGUERO


En la década de 1950, en una casa que había cerca de la fuente de Los Caños, un día apareció en su tejado algo extraño cuyo aspecto nadie averiguaba. El dueño de la casa hacía poco que había construído un avión de madera de adorno, el cual estaba sujeto en una barra al tejado. Pero aquellos días, sobre el avión de madera aparecía una forma oscura, como un animal muerto que nadie sabía lo que era, aunque a los pocos días todo el mundo ya decía que era un Oso Hormiguero, y que al parecer el dueño de la casa aseguraba haber cazado un oso hormiguero en el monte. El "Oso hormiguero" estuvo en boca de muchos durante un tiempo, y aquella cosa extraña estuvo sobre el tejado hasta que las fuerzas de la naturaleza la deshicieron poco a poco. Lo que nadie caía en la cuenta es que en España no existen los osos hormigueros, y que probablemente aquello no era más que el pellejo de otro animal, quizá un pellejo de jabalí relleno de serrín, con el que el dueño de la casa quiso gastar una enorme broma a todo el pueblo.

LA NIÑA PERDIDA EN EL MONTE


Esta historia sucedió hace ya muchos años; cuando los coches de caballos y carros de bueyes iban y venían por el camino de Villa del Prado a Madrid. Desde aquellos vehículos, los viajeros verían a lo lejos los cerros que rodean Villa del Prado por el norte, igual que los vemos hoy; a un lado del camino. Llenos de pinos, matorral, encinas; éstos montes esconden arropadas por las jaras, historias de lobos, pastores y cazadores.
Allí, un día se perdió una niña del pueblo. Fuere como fuere, la niña, que se encontraba en el monte, se alejó, de su compañía... y cuando quiso darse cuenta, estaba sola, extraviada; y ya anochecía. En poco tiempo, el cielo se oscureció, y ya no se veía nada.
En Villa del Prado sólo lucían las lámparas de aceite y los candiles. La niña permaneció toda la noche perdida. Podemos imaginar el disgusto de la gente del pueblo y el miedo; máxime teniendo en cuenta que los lobos y alimañas podían aparecer detrás de algún chaparro ó entre las jaras a la pobre niña en la oscuridad.
Pasaron las horas ...
Al día siguiente un grupo de personas partió del pueblo a buscar a la niña y ésta apareció felizmente. Naturalmente, a la niña se la hicieron muchas preguntas. ¿Has tenido miedo? ¿Has pasado frío? ¿Has visto algún lobo? ¿Cómo has dormido?...
La niña contó que no había pasado ni frío ni miedo porque una señora que iba por el monte la arropó con un manto y la durmió en sus rodillas.
Los vecinos pensarían si la niña estaba diciendo fantasías. ¿Que señora iba a estar paseando a esas horas por el monte?.
Al día siguiente, los padres de la niña bajaron con ella a la ermita de La Poveda para dar gracias a la Virgen por el feliz desenlace del suceso. Cuando la niña se situó frente al altar, miró a la Virgen de la Poveda y, cambiando el gesto de la cara, comenzó a decir a voces: "¡Esa! ¡Esa es la Señora que me cuidó cuando me perdí en el monte!"

J. Durán


Anexo: Casos sorprendentes y similares

La Historia de la niña que se perdió en el monte de Villa del Prado era conocida por nuestras abuelas y heredada y escuchada durante años en el pueblo. No se conoce con exactitud cuando pudo suceder ni cómo se llamaba la niña. Hay quien puede pensar "Es leyenda". Otros pensarán "Es un suceso milagroso de los que se narraban tantas veces en el pasado". Lo que quizá sorprenderá al lector es que ésta historia no es única. Al menos en su esencia. Quizá algunos lectores hayan incluso llegado hasta éste artículo siguiendo el caso de Rojales (Alicante) o el de Antonia Tamayo... Para el lector pradeño haremos un viaje a la inversa. Partamos desde el caso nuestro de Villa del Prado y dirijámonos hasta otros pueblos de España donde también se perdieron otras niñas... y también aparecieron sanas y salvas... y también una señora las cuidó por la noche. Cada caso es diferente y el último de ellos, tiene nombres, apellidos, fotografías y la propia voz de una mujer joven, que en 1979, con solo tres o cuatro añitos de edad, vivió lo mismo que la niña pradeña de nuestra original leyenda.

Los investigadores de lo paranormal llaman "Damas blancas" o "Damas protectoras" a seres espirituales de apariencia blanquecina y femenina que, según la casuística o tradiciones antiguas paganas, se aparecen en los bosques para proteger a las personas que en ellos se encuentran, al igual que, según también antiquísimas tradiciones, se pueden presentar seres monstruosos o malos para amedrentar a los que se internen en un bosque de noche. Algunos divulgadores del tema paranormal son partidarios de achacar a las "Damas Blancas" éstos casos de las Niñas Perdidas. En éste artículo, respetaremos cada caso como es y como se narra por la fuente original; si las niñas al ser encontradas dijeron claramente que vieron una aparición de la Virgen María, lo respetaremos totalmente; si en otros casos dijeron haber visto otras cosas, también lo respetaremos. No me parece bien que los de un bando insinúen que todas las apariciones de la Virgen son marcianos o fantasmas de los bosques, ni tampoco me parece bien que los de otro bando achaquen a apariciones de la Virgen las visiones de seres cuya identidad no es suficientemente clara.

Caso de Rojales (Alicante):
El caso de la "Niña perdida de Rojales" es un galimatías de historias con varias versiones diferentes cada una de ellas; recopliadas en un buen libro titulado “Leyendas de la Vega Baja” de M. Carmen Serra y Juan Luís Román del Cerro. Una de las versiones habla de un caso sucedido el 24 de Junio de 1917 en que una niña llamada Teresa Juan fue intentada asesinar por un psicópata que la arrojó a un pozo y la lanzó piedras. Éste caso parece el más verídico, pues en él se menciona a Guardia Civil, Jueces, sentencias, médicos y otros personajes en una época no muy lejana para lo que suelen ser las leyendas. La historia dice que al ser recuperada la niña del pozo, contó que cuando su asesino la lanzaba piedras, una mujer la protegió tapándola con un delantal y las piedras rebotaban, salvándose de ésta manera. Considerándose milagrosa la salvación de la niña, ésta fue llevada a la iglesia, donde vio a la Virgen del Rosario y dijo "Ésa fue la señora que me salvó".

También en Rojales sucedió ántes que éste, otro caso, muy estudiado y divulgado, que incluso fue narrado en periódicos como "La Lectura Popular", de Orihuela. Sucedió el 18 de Enero de 1896 cuando la niña Encarnación Hernández se perdió y fue encontrada al dia siguiente en un lugar conocido como "El Barranco del Búho", Al ser hallada dijo no haber sufrido frios ni heladas, pues una señora la había cubierto con su delantal por la noche. Al ser llevada a la iglesia reconoció en éste caso a la Virgen del Carmen como su protectora. Siendo mayor la niña incluso compró una nueva imagen de la Virgen del Carmen para la iglesia de Rojales. Éste caso fue narrado en persona por la hija de Encarnación, Engracia, a los periodistas Javier Sierra y Jesús Callejo en 1997 y se encuentra recogido en el libro titulado "La España Extraña"

Caso de El Picazo (Cuenca):
El 31 de Diciembre de 1943, la niña Trinidad Collado Pastor salía por la tarde, anocheciendo, de su casa del manchego y blanco pueblo conquense de El Picazo para comprar pan para la cena de Nochevieja. Un fogonazo de luz la deslumbró y de repente apareció en un campo alejado unos tres kilómetros de la panadería y de su casa. Asustada, vio cerca de sí unas casillas de hortelanos y se metió dentro y decidió pasar la noche sin atraverse a salir. Durante su estancia en la casilla no tuvo ningún frío y vio a una mujer alta como con un vestido azul que la protegía. Al día siguiente, 1 de Enero de 1944, una voz misteriosa la dijo: "Salte al sol", y saliendo la niña de la casa, vio a un campesino llamado Ángel Preño, al que pidió ayuda; y éste la recogió en seguida llevándola al pueblo, donde todo el mundo se arremolinó en torno a Trinidad, la cual fue llevada a la Iglesia y allí la preguntaron si alguna de las imágenes que allí estaban correspondía a la señora que había visto por la noche. La niña finalmente señaló a la Virgen del Rosario, pero sin estar del todo convencida. La niña simplemente notó dentro de la casa una presencia protectora, tuvo la ropa seca y no notó frío pese a la nevada que había caído. Éste caso fue contado en 1997 en persona por la propia Trinidad Collado para el libro "La España Extraña".

Caso de Antonia Tamayo; Arroyo Sujayal (Albacete):
El 29 de Diciembre de 1979 la niña Antoñita Tamayo, de 4 años de edad, se perdió en un monte cercano a su pueblo. Inmediatamente los padres alertaron a la Guardia Civil, que con la ayuda de voluntarios del pueblo y perros la buscó durante tres días, hasta que la niña apareció sana y salva caminando por entre los árboles, el 1 de Enero de 1980. Cuando fue llevada al hospital, Antoñita dijo: "Una señora muy guapa y rubia que llevaba un manto venía todas las noches y me daba de beber; no me decía nada, solo me daba de beber y me tapaba con su manto que me daba mucho calor". Durante su estancia en el hospital, la niña dijo que la mujer que se le apareció "se parecía al ángel" del belén que había puesto en el centro hospitalario. Hoy en dia Antonia recuerda estar en el monte, abrir los ojos, ver estrellas y echarse a llorar. Adoptó como "casa" el abrigo de dos viejos árboles: un Enebro y una Sabina, y pasó mucho frío, pero siempre acompañada de aquella mujer rubia que la protegio y alimentó. El caso de Antonia Tamayo fue narrado por revistas como "Hola","Semana" y otros muchos medios de comunicación. Actualmente ha participado en medios de comunicación narrando de nuevo su historia.
Antonia Tamayo en  la actualidad, en el programa de TV de Iker Jiménez

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Como hemos visto, la historia de la niña perdida que sucedió en Villa del Prado (A la que casi se suma el parecido caso del Pino Niño) es uno más de los muchos casos de "Señoras protectoras", que se han producido a lo largo de la geografía de España, y probablemente de otros lugares del mundo. En nuestro caso, la tradición asegura que fue la Virgen de La Poveda; en otros, otras advocaciones de la misma Virgen protectora que ayudó a éstas niñas perdidas en el monte, y en otros casos, quién sabe qué fue aquello que las protegió. ¿Qué unión hay entre todas éstas historias? La de lo sorprendente y casi mágico. Como hemos visto, no todas son leyendas, pues tienen nombres y apellidos reales, y la veracidad de algunos de éstos casos muy documentados, puede indicar la posible veracidad de otros menos documentados. Se repiten cada cierto tiempo y forman parte de los misterios que conectan éste mundo con ésa realidad paralela que nos visita de vez en cuando, sin que nos demos cuenta a veces.

Juan Durán

LA FANTASMA

Éste suceso no es leyenda pues ocurrió de verdad, aunque está impregnado de la esencia de toda leyenda nocturna rural.

Las viejas la llamaban la “fantasma” o también “fastasma”. El caso es que cuando a un niño desobediente se le decía que la "fantasma" venía ya por el arroyo Juanes, obedecía rápidamente metiéndose en casa. Cualquier cosa menos cruzarse con aquello.

Pero lo cierto es que aquello no era ningún cuento ni ninguna mentira. Mucha gente la había visto, cuando por la noche alguien se distraía mirando por la ventana o se asomaba a algo, veían aterrados a la fantasmagórica figura de unas sábanas moviéndose por la calle y haciendo sonidos guturales que espantaban a cualquiera.

Era allá por mediados del siglo XIX, las calles o no se iluminaban, o se ponía alguna lamparilla de aceite. En realidad, la que de verdad iluminaba Villa del Prado era la luz azul de la luna y entonces, a la fantasma se la veía de una forma más oscura y extraña. La gente cerraba las ventanas si la veía alguna vez pasar.

Una noche, allá por el año 1864 o 1865, en una casa muy antigua situada en la calle de Escalona al lado de la cuesta de los depósitos, que fue demolida en 1992; un candil lucia en una de las habitaciones. La pequeña ventana de madera estaba abierta para que pasara el fresco y asomada a ella, estaba una madre, Dª Romualda Vaquero y su hijo de pocos meses de edad, Juanín; Juan Álvarez Vaquero; que estaba en sus brazos.

La mujer, a la luz amarilla del candil, intentaba dormir al pequeño cerca de la ventana y así pasaba el rato. De pronto, se empezaron a oir pasos por la calle; y la fantasma se apareció colocándose frente a la ventana para asustar a la mujer, y así obligarla a cerrar las contraventanas a cal y canto: ...”¡Uuuuh!...”, dijo la fantasma en tono amenazador. Entonces, la madre dejó al niño en la cuna, cogió una escopeta que había en la habitación y se asomó por la ventana: "Vete de aquí ahora mismo o te pego un tiro que te dejo seco". La fantasma salió corriendo y no volvió a aparecer por allí.

Finalmente, terminó por saberse quién era la fantasma. Era un hombre del pueblo que por las noches se escapaba de su casa a buscar a su amante, y para que no le reconocieran, se disfrazaba de alma en pena, con unas sábanas por encima y asustaba a todo aquel que se le cruzaba.

Sin embargo, posteriormente a éste suceso, y en épocas muy posteriores, ha habido más casos en que se ha visto a otras “Fastasmas” y la tradición de asustar a los niños desobedientes, diciendo que va a venir, se ha mantenido hasta prácticamente hoy.

Paralelismos en otras regiones españolas: En Alburquerque (Badajoz), sucedieron hechos similares a los de la Fantasma pradeña, solo que en Alburquerque se la denominón como "La Pantaruja".

Juan Durán

Fotomontaje del autor. Fantasma tomado de una fotografía de Matthew McKee