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| Médico de la Peste |
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| Imágenes de epidemias de Peste en el siglo XVII |
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| Imagen de Santa Ana, (Iglesia de Villa del Prado) |
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| Imagen de Santa Ana, (Iglesia de Villa del Prado) |
Etiquetas: patrimonio, sucesos
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| Torre de la Botica (El Escorial) y torre de Villa del Prado |

La torreta del reloj del Ayuntamiento de Villa del Prado confiere al edificio un aspecto más esbelto y airoso. estamos acostumbrados a verla como algo cotidiano, pero como tantos elementos típicos del pueblo, tiene su particular historia.
Todo comienza en el año 1855. En aquel tiempo, sobre todo en el medio rural, tener un reloj era algo que no todas las personas de a pie podían permitirse, por lo cual, los relojes públicos desempeñaban desde el siglo XVII un papel muy importante en la vida de ciudades y pueblos. Con sus maquinarias y campanadas permitían a los vecinos llevar un control mejor de su tiempo. En aquel año anteriormente mencionado, Villa del Prado ya tenía un reloj público que pertenecía a la parroquia y estaba situado bajo la espadaña de la iglesia, pero su funcionamiento no debía de estar en buenas condiciones y el ayuntamiento decidió comprar un reloj municipal.
Por entonces, el edificio del ayuntamiento no tenía ningun lugar adecuado para colocar un nuevo reloj, por lo cual hubo de ser necesario construir una torre para poner el cronómetro en un lugar alto y visible. Se construyó pues, la torre, que ocupaba el mismo lugar de la actual. Era ésta antigua torre de 1855 algo más alargada que la actual y estaba toda ella construída en ladrillo de tejar. Tenía varios adornos en sus cuatro fachadas, algunos de ellos en forma de rombos, siguiendo el estilo Neo-mudéjar que estaba de moda en aquel tiempo en España. Sobre la torre se construyó un templete de hierro con un tejadillo tambien de metal en forma de chapitel. En éste templete es donde iría alojada la campana que daría las horas.
La antigua campana era de buena calidad, de bronce, desconocemos por el momento si fue fabricada expresamente para el nuevo reloj o se utilizó de segunda mano procedente de algún otro lugar. (Surge la duda porque en Villa del Prado se comentaba que había en el pueblo una campana procedente de la vieja ermita de San Polo y hasta ahora nadie ha sabido identificar que pasó con aquella campana, en caso de que éste rumor sea verdadero).
Todo estaba listo para que Villa del Prado recibiese su nuevo reloj municipal cuando de pronto el horror se adueñó del pueblo: una epidemia de la enfermedad del Cólera empezó a extenderse por el casco urbano. Se registraron 14 enfermos de aquella por entonces temible infección. El relojero leyó en el boletín de información de Avisos del ayuntamiento lo que estaba pasando y tras marcharse a Madrid, se negó a volver al pueblo para instalar el reloj, con lo cual la instalación quedó paralizada unos meses. Cuando el miedo cesó, el relojero colocó por fin la pesada maquinaria y esfera del nuevo reloj municipal que fue inaugurado en Noviembre de 1855.
Aquel reloj rigió durante muchas décadas las horas del pueblo con su potente campana que según cuentan, se oía desde lugares muy lejanos en el campo. En las grandes fotografías de la plaza del pueblo realizadas a comienzos del siglo XX puede apreciarse aquella primitiva torre con su reloj.
Poco más de un siglo después, en 1965, el reloj, su torre y el edificio del ayuntamiento en general estaban en bastante mal estado, por lo que comenzó una intensa remodelación de todo ello. El tejado, paredes e interior del edificio sufrieron una buena restauración que lo dejó con un aspecto bastante bueno, respetando su balconada de madera y arquitectura castellana. Es digno felicitar aquí a los responsables de aquella remodelación porque dejaron el edificio en un correcto estado de restauración, sorprendente para la época, pues por entonces y sobre todo en los años 70 y 80, lo más habitual en toda España era derribar los edificios antiguos y hacer en su lugar verdaderos bodrios espantosos de la arquitectura, pero en aquel caso Villa del Prado tuvo suerte.
La restauración, a la par que afectó al edificio, lo hizo también al reloj. En el caso del reloj, no pudo restaurarse ni la torre ni el aparato, pues la primera estaba en un estado de inestabilidad tal que amenazaba con irse abajo y llevarse tras de sí la preciosa balconada del ayuntamiento, por lo cual se desguazó dicha torre y se hizo una nueva, algo más baja, pero de estética respetuosa con el estilo del edificio, y mejor integrada y asentada en la estructura del mismo. Desapareció el viejo templete de hierro y fue sustituído por otro templete con adornos barrocos de forja de hierro, que quizá adolece de la airosa aguja puntiaguda que tanta gracia daba al anterior. Se instaló en el interior de la torre un nuevo reloj moderno con una esfera más grande que la del anterior e iluminada por dentro con luz eléctrica. Con la campana llegó la polémica, pues se corrió pronto la voz por el pueblo de que la antigua campana se la habían llevado los relojeros y habían puesto una más pequeña que sonaba menos, que es la que hay hoy en día, lo cual no sentó bien a muchos vecinos. En todo caso, el reloj municipal sigue acompañando hoy en día a todo aquel que pase por la plaza y su conocido sonido escuchándose los días silenciosos desde las huertas y terrenos de las afueras.
Juan Durán
Etiquetas: historia, patrimonio, sucesos
En el año 1755, un espantoso terremoto seguido de una ola gigante destrozó Lisboa, capital de Portugal. Es el famoso maremoto del que hay constancia en muchos libros de historia mundial y natural. El terremoto se sintió en muchos puntos de la península ibérica, y nuestra impresión llega cuando vemos que Villa del Prado sintió de lejos aquel fenómeno.
En una nota escrita en un libro de la Parroquia, leemos lo siguiente:
"En 1 de Noviembre, dadas las diez horas de la mañana y a pocos minutos, se experimentó un terremoto a cuya injuria tembló la Yglesia, con espanto de los que en ella se hallaban que huyeron. Lo mismo con ambas torres y casas de la Villa que todo se movió y según se supo, por cartas de Madrid, Toledo, Segovia y otras partes, a lo menos en la península; pero se contaron; gloria a Dios; pocas desgracias"
Ésta nota retrata cómo se sintió en Villa del Prado el cataclismo que destrozó Lisboa aquel día. El terremoto se sintió no sólo en Portugal sino en toda España y causó ciertos desperfectos en algunos edificios españoles muy alejados de Lisboa. En la ciudad de Cádiz provocó importantes destrozos. En Villa del Prado, como vemos también dio un buen susto a los vecinos. Existe un libro de José Manuel Martínez Solares que estudia cómo se vivió y sintió en diversos pueblos y ciudades de España el maremoto portugués del 1 de Noviembre de 1755.
Juan Durán. Foto: página de libro de la parroquia sobre el terremoto.
PARA MAS INFORMACIÓN SOBRE ÉSTE TERREMOTO, PINCHAR AQUÍ
La gran afición que ha ido experimentando Villa del Prado por las corridas de toros ha ido fraguándose a lo largo de los últimos siglos. En los años 1700 ya eran relevantes los festejos taurinos celebrados en nuestra localidad. En un antiguo festejo pradeño fue donde perdió la vida el torero Valentín Conde, hecho que fue recordado durante muchos años, pues es, al parecer, la única cogida mortal que ha sucedido en la historia de Villa del Prado.
La plaza de toros de Villa del Prado, de forma cuadrangular, hecha con tablas, troncos de madera y carros en el recinto de la Plaza Mayor, se hallaba plena de ambiente festivo aquel 9 de Septiembre del último año del siglo XIX. La "Justicia" ocupaba sus escaños en la zona de la posada. Los pradeños observaban la lidia del toro a manos de su ya conocido Valentín Conde, cuando de pronto, al dar un lance de capa, el torero fue cogido, clavándose el asta seriamente en el cuello. Valentín Conde fue recogido de inmediato y metido en la casa más cercana al punto de la cogida, la vivienda de Eusebio Durán Barreras, donde fue metido en una habitación del fondo de la casa, aunque nada se puedo hacer por él, falleciendo a los pocos minutos.
Fotos: escenas de la plaza de toros de Villa del Prado a principios del siglo XX. Valentín Conde según un grabado de su época.Un frio dia de Octubre del año 1899, se produjo en la plaza de Villa del Prado un hecho que dejo con muchas interrogantes a las autoridades del pueblo y a los vecinos que vivieron de cerca aquello. Se trataba de la aparición en el pueblo de un desconocido, el cual se quedó en Villa del Prado para siempre sin que nadie supiese jamás quen fue, donde nació y cual era su nombre. Aquel hombre figura desde entonces en los archivos parroquiales con la calificación de "Un desconocido". Quizá llegó al pueblo en algun coche de caballos de los que entonces traian y llevaban viajeros desde Madrid hasta éste y otros pueblos; quizá pensaba pasar un solo dia aquí para proseguir su viaje hacia otras villas, pero se quedó en Villa del Prado por siempre, y no sabemos si en algún otro lugar alguien le echó en falta, y si le echaron en falta, si alguna vez supieron qué fue de él. Solo sabemos que en aquellos días precedentes a la Navidad que habría de traernos un año y un siglo nuevo, "El Desconocido" pedía humildemente limosna bajo las columnas del ayuntamiento, y allí un accidente cerebral le sorprendio de repente dejandole en estado semiinconsciente y falleciendo poco después. El hombre fue metido en el ayuntamiento donde se le intentó ayudar, aunque fue inútil. Era cura párroco por entonces D. Ismael Bienes, y así relata los hechos en el libro de difuntos:
"En la Villa del Prado, a 28 de Octubre de 1899, mandé dar sepultura eclesiástica al cadáver de un hombre que, sorprendido por la enfermedad, fue recogido en la casa-ayuntamiento, en la que se hallaba pidiendo limosna. Tendrá unos 40 años de edad, estatura regular, pelo negro y gastaba bigote, sin que se pudieran averiguar mas antecedentes acerca de su naturaleza, edad, estado y demas circunstancias, por haberle privado de sus facultades intelectuales la apoplejía cerebral de cuya enfermedad fallecio el dia de ayer a la una de la tarde, según certificación facultativa. Recibió únicamente la extremaunción, y para que conste lo firmo."
El tiempo borró de la memoria de los pradeños a aquel mendigo desconocido, que al igual que otros pedigüeños, vino desde algun otro pueblo o ciudad a recibir aquí algunas monedas de caridad, pero que nunca retornó a su casa. Descanse pues, "El Desconocido" en ésta tierra que lo acogió en sus últimos momentos.
Foto: Un mendigo en el año 1880, por Casiano Alguacil
por Juan Durán
Etiquetas: sucesos

En la década de 1950, en una casa que había cerca de la fuente de Los Caños, un día apareció en su tejado algo extraño cuyo aspecto nadie averiguaba. El dueño de la casa hacía poco que había construído un avión de madera de adorno, el cual estaba sujeto en una barra al tejado. Pero aquellos días, sobre el avión de madera aparecía una forma oscura, como un animal muerto que nadie sabía lo que era, aunque a los pocos días todo el mundo ya decía que era un Oso Hormiguero, y que al parecer el dueño de la casa aseguraba haber cazado un oso hormiguero en el monte. El "Oso hormiguero" estuvo en boca de muchos durante un tiempo, y aquella cosa extraña estuvo sobre el tejado hasta que las fuerzas de la naturaleza la deshicieron poco a poco. Lo que nadie caía en la cuenta es que en España no existen los osos hormigueros, y que probablemente aquello no era más que el pellejo de otro animal, quizá un pellejo de jabalí relleno de serrín, con el que el dueño de la casa quiso gastar una enorme broma a todo el pueblo.
Etiquetas: sucesos, tradiciones
Éste suceso no es leyenda pues ocurrió de verdad, aunque está impregnado de la esencia de toda leyenda nocturna rural.
Las viejas la llamaban la “fantasma” o también “fastasma”. El caso es que cuando a un niño desobediente se le decía que la "fantasma" venía ya por el arroyo Juanes, obedecía rápidamente metiéndose en casa. Cualquier cosa menos cruzarse con aquello.
Pero lo cierto es que aquello no era ningún cuento ni ninguna mentira. Mucha gente la había visto, cuando por la noche alguien se distraía mirando por la ventana o se asomaba a algo, veían aterrados a la fantasmagórica figura de unas sábanas moviéndose por la calle y haciendo sonidos guturales que espantaban a cualquiera.
Era allá por mediados del siglo XIX, las calles o no se iluminaban, o se ponía alguna lamparilla de aceite. En realidad, la que de verdad iluminaba Villa del Prado era la luz azul de la luna y entonces, a la fantasma se la veía de una forma más oscura y extraña. La gente cerraba las ventanas si la veía alguna vez pasar.
Una noche, allá por el año 1864 o 1865, en una casa muy antigua situada en la calle de Escalona al lado de la cuesta de los depósitos, que fue demolida en 1992; un candil lucia en una de las habitaciones. La pequeña ventana de madera estaba abierta para que pasara el fresco y asomada a ella, estaba una madre, Dª Romualda Vaquero y su hijo de pocos meses de edad, Juanín; Juan Álvarez Vaquero; que estaba en sus brazos.
La mujer, a la luz amarilla del candil, intentaba dormir al pequeño cerca de la ventana y así pasaba el rato. De pronto, se empezaron a oir pasos por la calle; y la fantasma se apareció colocándose frente a la ventana para asustar a la mujer, y así obligarla a cerrar las contraventanas a cal y canto: ...”¡Uuuuh!...”, dijo la fantasma en tono amenazador. Entonces, la madre dejó al niño en la cuna, cogió una escopeta que había en la habitación y se asomó por la ventana: "Vete de aquí ahora mismo o te pego un tiro que te dejo seco". La fantasma salió corriendo y no volvió a aparecer por allí.
Finalmente, terminó por saberse quién era la fantasma. Era un hombre del pueblo que por las noches se escapaba de su casa a buscar a su amante, y para que no le reconocieran, se disfrazaba de alma en pena, con unas sábanas por encima y asustaba a todo aquel que se le cruzaba.
Sin embargo, posteriormente a éste suceso, y en épocas muy posteriores, ha habido más casos en que se ha visto a otras “Fastasmas” y la tradición de asustar a los niños desobedientes, diciendo que va a venir, se ha mantenido hasta prácticamente hoy.
Paralelismos en otras regiones españolas: En Alburquerque (Badajoz), sucedieron hechos similares a los de la Fantasma pradeña, solo que en Alburquerque se la denominón como "La Pantaruja".
Juan Durán
Fotomontaje del autor. Fantasma tomado de una fotografía de Matthew McKee