Mostrando entradas con la etiqueta patrimonio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta patrimonio. Mostrar todas las entradas

13/12/14

Elementos típicos de la arquitectura tradicional pradeña

Complementando a las viviendas tradicionales, existen varios elementos de las mismas o cercanos a ellas que merecen especial mención y son los siguientes:

Pozo pradeño en el corral de una casa, con típico brocal de tinaja cortada

Pozos

La mayoría de las casas típicas estaban o estan dotadas de al menos un pozo del que se sacaba agua para dar de beber a los animales y también para otras funciones. En verano, los pozos de las casas también eran utilizados para enfriar por ejemplo botellas de vino o de sifón, que se sumergían en el pozo dentro de una cesta atada a una cuerda. También se sumergían de ésta manera sandías y melones. Los pozos típicos pradeños suelen tener más o menos un metro de diámetro y unos tres metros de profundidad. Se da el caso de que algunos están comunicados entre sí por tunelillos que facilitan el manar del agua. Los pozos normalmente están situados en los patios de las casas, aunque a veces se da el caso de que están en alguna dependencia interior. El brocal de los pozos suele ser de piedra, de ladrillo y en muchos casos, consistente en el cuello cortado de una tinaja. Y aquí aprovecho para lanzar un consejo a todos aquellos que tengan la fortuna de poseer un pozo tradicional en su casa: Si reformais o haceis obra en vuestra casa, conservad el pozo. Estareis conservando una fuente de agua natural y gratuita que os puede servir para muchas cosas, y además contribuireis a eliminar molestas humedades. Aquel que ciega su pozo, pierde un tesoro.


Patios

El patio de las casas es la parte más variante en cuanto a uso, tamaño y ubicación. Puede ser enorme o diminuto, y puede hacer de patio de luces, de entrada al recinto de la casa, de lugar de acceso a cuadras, portaleras y gallineros, etc. También de sitio para desarrollar algunas labores como herrado de caballerías, algunas faenas domésticas como friega de cacharros, lavado de ropa en pila, tendedero, etc. Los patios tradicionalmente estaban empedrados con cantos rodados y en ellos se solían plantar pequeños arbustos, algún árbol frutal o parra.

Típico patio - corral pradeño de adobe encalado (hoy desaparecido)

Puerta falsa

Una gran característica de la arquitectura tradicional de Villa del Prado son las llamadas “Puertas Falsas”. En las casas existe la Puerta Principal, que es por la que normalmente se accede a la parte de vivienda, pero en lo que concierne a la parte de labor de la casa, para entrada de carruajes, animales, etc. existe otra puerta llamada popularmente en éste pueblo “Puerta Falsa”, que suele ser de mayor tamaño que la Principal y antiguamente más usada que ésta, por motivo del trabajo agrario. Hoy en día las mulas ya no entran y salen por las Puertas Falsas, pero éstas puertas se han convertido en una excelente entrada para automóviles y tractores a los patios y portaleras.


Poyo

Junto a las puertas principales o falsas de las casas se encuentran los poyos, normalmente consistentes en un bloque de granito horizontal o una gran piedra cuadrangular. También los hay hechos de obra.  Éstos sirven para sentarse a la puerta cuando hace buen tiempo.
Uno cualquiera de los tradicionales poyos para sentarse a las puertas.


Piedras de esquina

En las esquinas de las calles lo típico es colocar una piedra, generalmente consistente en un bloque de piedra vertical, en donde la pared forma el ángulo. Antiguamente éstas piedras servían para que los carros no rozasen sus ruedas con la pared al doblar la esquina. Hoy en día, al construírse casas nuevas, a veces se colocan con fin decorativo.
Típica piedra de esquina.

Pajares

La forma de almacenar la paja en Villa del Prado era guardarla a cubierto. Por ello existían en Villa del Prado numerosos pajares, que en ocasiones forman parte de los edificios de labor/vivienda y en otros casos forman parte de edificios solamente de labor. Los pajares suelen estar siempre situados en alto, en pisos superiores, y están provistos de puertas de trampilla que se abren tirando de una cuerda. La paja se impulsaba con horquillos desde el suelo hacia arriba y entraba en los pajares por ésas trampillas. Del mismo modo, cuando se necesitaba sacar paja del pajar, bastaba en hacerla caer por la trampilla, para después alimentar al ganado.


Sobrao o Sobrado

Se llama así al último piso superior de las casas tradicionales, donde está el hueco del tejado, justo debajo del mismo. En otras comarcas recibe el nombre de Doblao, Cámara o Troje. Se utilizaba generalmente para almacenar aperos de labranza, herramientas, colgar productos de matanza y otros alimentos que necesitasen curarse o secarse. Hoy en dia suele ser utilizado como desván o trastero.
Típicas pequeñas ventanas de sobrao pradeñas


Portaleras

Las portaleras son los lugares destinados a vivienda de ganado. Pueden estar o bien en el campo o formar parte de una casa de vivienda/labor. En cualquier caso, suelen consistir en unos lugares grandes cubiertos, de construcción similar a la de las casas: barro, piedra o ladrillo, con cubierta de madera y teja también.


Boyerías o Boyerizas

Se denomina así a las portaleras destinadas a la vivienda de bueyes y ganado vacuno.


Cuadras

Generalmente consisten en una habitación que está junto a la vivienda de las personas, y en la cual solían vivir las mulas que servían para trabajar en el campo. Las cuadras estaban dotadas de Pesebres, donde comían las mulas. En numerosas ocasiones, las cuadras estaban debajo de un pajar, para directamente al abrir una trampilla, caer la paja desde el techo hacia los pesebres para alimentar a las mulas.


Herrén

En Villa del Prado se denomina como herrén a los recintos particulares, generalmente de gran superficie, que pueden estar rodeados de una tapia o no y que están siempre dentro del núcleo urbano o en las afueras. Sus funciones eran fundamentalmente preparar semillas para después sembrarlas, cultivar árboles frutales y algunas hortalizas; y también una errén se utilizaba como lugar de esparcimiento para animales de labranza, sembrándose en ella forraje para que se alimentasen. Una errén es por tanto, un sinónimo de “parcela” o corralón; un huerto multifuncional dentro del núcleo urbano del pueblo. Las errenes son algo muy importante en Villa del Prado desde el punto de vista urbano y tradicional, pues muchas calles de la trama urbana del pueblo están compuestas por gran número de éstos recintos, que se conjugan con las casas de vivienda. Dentro de una errén también puede haber portaleras, cobertizos o casetas; también pozos o estanques.

Por Juan Durán

Arquitectura popular pradeña

En 1973, el arquitecto Carlos Flores publicó una gran obra en forma de colección de libros titulados “Arquitectura popular española”, que en varios volúmenes de enorme tamaño hacía un importantísimo trabajo con preciosas fotografías de lo que es la manera de construír casas y edificios según la tradición de cada región de España. Muchos años después, cuando teniendo yo 17 años descubrí sus libros, tuve la ocasión de conocerle y entrevistarme con él cuando comencé a elaborar un estudio sobre la arquitectura popular pradeña. Hoy día es fundamental para cualquier pueblo mantener y proteger su arquitectura popular, al menos estética y exteriormente, incluso cuando se construye algo nuevo, para mantener su identidad, su belleza, y de cara al turismo de interior y rural, proporcionar un innegable atractivo para los visitantes de nuestro pueblo. 

***

La arquitectura popular en Villa del Prado es común a la de la mayoría de los pueblos del sur madrileño y del norte de Toledo. Como sabemos, la arquitectura popular en lo que a materiales se refiere, se provee de los que proporciona el medio natural del lugar. Debido a que nuestro pueblo se encuentra en un límite entre zona montañosa y llana, encontramos, que, dirigiéndonos hacia el Oeste, en pueblos como Cadalso, San Martín o Cenicientos predominan las casas construidas con recia piedra de granito, pero en Villa del Prado predominaba el material del barro y la arcilla, al estar el pueblo en la útima zona llana de la sierra Oeste, utilizándose la piedra apenas para hacer los zócalos bajos de las casas y los refuerzos y adornos de las paredes conocidos como “cadenas”.

Las casas tradicionales de Villa del Prado se dividen en dos grandes grupos. El primero de éstos dos grupos está formado por las casas de barro, que eran las más abundantes. El segundo está formado por las casas de ladrillo cocido o de tejar, generalmente más altas, geométricas y que en algunos casos tienen portadas con escudos e inscripciones, por haber sido en el pasado propiedad de familias pudientes.
Ejemplo de casa típica de adobe restaurada en la actualidad

Casas tradicionales de barro y piedra:

Las casas y construcciones de barro, bien podían estar hechas con adobe o con tapial, o una mezcla de ambas cosas, generalmente con un zócalo de piedra en mampostería en la parte baja de los muros para dar más fortaleza al conjunto. Las paredes de barro solían después enfoscarse con una capa de arena y cal para formar una costra que las protegiese del desgaste, o también con el mismo fin, podían pintarse de blanco con cal. También quedaban algunas paredes desnudas que en muchos casos mostraban los materiales con que estaban formados los tapiales: barro mezclado con escombros, trozos de teja, pequeñas pìedras, e incluso también a veces se mezclaban con o sin querer pequeños restos de cristales, cuero, maderitas, huesos y otros fragmentos de desperdicios. También, en paredes hechas durante el siglo XX se advierten incluso restos de escoria del carbón del tren mezclados con el barro.
Singular casita típica de tapial de barro y piedra vista que aún hoy puede verse en uno de los callejones de la Calle Infante.
Portalera con adobe y piedra (hoy desaparecida)
Portalera típica de adobe y piedra vista

Respecto a los ladrillos de adobe de las casas de Villa del Prado, suelen estar formados simplemente con barro fino del propio suelo, sin añadidos de, por ejemplo, paja que se hacen en otras regiones. El adobe se hacía en el propio pueblo, utilizando barro simple o arcilloso, que al secarse se dotaba de una gran dureza. Después esos adobes se unían también con barro. Los adobes se realizaban con gradillas de madera y secándolos al sol. Los tapiales se hacían al igual que el moderno método del hormigón, colocando maderas en forma de caja que se llenaban de barro a granel, se prensaban fuertemente y se dejaban secar, retirando después la caja de madera. 

Las ventanas de éstas casas solían en la antigüedad ser pequeñas y situadas a gran altura, y estaban en sus origenes provistas de hojas de madera con bisagra o con hoja de madera de quita y pon, muchas veces sin cristal.
Otro ejemplo de casa típica de adobe restaurada en la actualidad.

Típica casa de ladrillo del siglo XVII


Casas tradicionales de ladrillo rojo cocido o de tejar:

Respecto a las casas tradicionales de ladrillo, suelen ser construídas bajo el método del “Aparejo Toledano”, intercalando el ladrillo con “cadenas” de piedra en mampostería. Los ladrillos son del tipo tradicional macizo que muy probablemente provenían del Tejar del Rincón, una fábrica de ladrillos y tejas con hornos que había junto al río Alberche en el término de Aldea del Fresno. Las casas de ladrillo con frecuencia poseen jambas y dinteles de las puertas y ventanas hechas de bloques de granito labrado y en muchas ocasiones, escudos y blasones o fechas de construcción. Son las casas más grandes y sólidas, pero no por ello las de barro son menos bellas. Respecto a las ventanas de ésta casas de ladrillo, suelen ser de gran tamaño, con carpintería y vidrio desde sus orígenes y grandes rejas de forja.
Fachada típica de ladrillo del siglo XVII con portada e inscripciones

Las casas de barro ofrecían en su acabado unas formas asimétricas e irregulares que casi hacían de ellas unas formas orgánicas, y junto a las de ladrillo formaban manzanas de casas con tejados a varios niveles de altura e inclinación que hacían del conjunto urbano entero un bello ejemplo más de la arquitectura tradicional castellana. Hasta la década de 1970, Villa del prado visto desde lejos ofrecía un aspecto de color ocre y tejados rojizos, en el que se intercalaban algunas paredes blancas.

Respecto al tejado de las casas tradicionales, es de teja típica curva, en color rojo. También las tejas procederían del Tejar del Rincón. En cuanto a otros materiales en la construccion de casas típicas, está la madera, que tan solo se usaba para hacer vigas, en rollos redondos o cuadrados. Los enrejados y balcones de las casas tanto de barro como de ladrillo, son de hierro de forja.
Casas típicas del siglo XVII de ladrillo con portada y adornos de piedra en "cadenas"

Interior de las antiguas casas típicas:

Los suelos interiores de las casas típicas solían ser en sus mas puros orígenes de simple tierra dura prensada en algunos casos, o bien empedrados con pequeños cantos rodados que a veces hacían dibujos tipo mosaico. Lo más usual eran que los suelos de las casas estuviesen compuestos de ladrillos macizos colocados a modo de baldosa. Para conservar el tono rojizo de éstos suelos, y renovar su aspecto, se les pintaba todos los años con una mezcla de agua y polvos rojos llamados “Almazarrón”. Entrado el siglo XX, los suelos de muchas casas se cubrieron con simple cemento en el cual a veces se hacían dibujos imitando baldosas y posteriormente se generalizó el uso de baldosas industriales y azulejos.

La configuración de una casa típica de Villa del prado solía ser variada, siempre siguiendo unos cánones o estilos propios de la época en que fuera construída y también siempre adaptada al modo de vida del pueblo, en éste caso de economía agrícola predominante. Para poner un ejemplo he tomado un tipo de casa que es la más abundante entre las casas típicas de aquí y que estaría configurada de la siguiente forma:

Las casas típicas suelen estar formadas por una planta baja en la que viven la familia y los animales de labranza y por un piso superior limitado por el propio tejado de la casa, que puede servir para para diversos usos como almacén de objetos, secadero de carne de matanza y otros alimentos, almacén de paja, etc. Éste pìso superior es conocido como “Sobrao”. El piso bajo o vivienda está compuesto por un recinto de entrada conocido como “portal” del cual parten diversas puertas que dan acceso a un solo dormitorio o más según las circunstancias, a una cocina, a un patio o corral, a la escalera de subir al piso superior y también, según las características de la casa, pueden dar acceso a cuadras, bodegas y otros. Los dormitorios reciben el nombre de “Alcobas”.

Muchas puertas interiores de la casa antiguamente eran sin hoja, es decir, tan solo tapadas por una cortina, típicamente hecha de lana de vivos colores. Tan solo la puerta de los dormitorios y de la escalera solía ser con hoja de madera. Hasta muy entrado el siglo XX éstas casas carecían de servicio. Cuando éstos se construyeron se solían hacer aprovechando pequeños cuartos, dividiendo uno ya existente o construyendo el cuarto de baño en el corral o patio.

Respecto al alojamiento de animales está claramente separado del de las personas, habiendo en la casa cuadras, porquerizas, etc. destinadas al uso, y situadas con acceso desde el corral o desde la casa, de forma bien separada. Los corrales suelen variar mucho de tamaño, desde pequeños patios hasta grandes herrenes.

La cocina era el punto más importante de la casa, en donde se hacía la mayor parte de vida doméstica, de la mañana a la noche. Solía ser una habitación más o menos grande en la que simplemente había un hogar donde se hacía fuego para cocinar y calentar la casa y unas alacenas por las paredes para colocar vasos, platos, etc. Las alacenas solían ser una simple hornacina en la pared con tablas que hacían de balda. En algunos casos éstas alacenas solían estar en esquina o tapadas por portezuelas sencillas.

El fuego se hacía directamente sobre el suelo o a veces el hogar estaba solado ó ligeramente alzado por una piedra de granito, en ocasiones procedente de un molino. La parte de la pared donde se hacía el fuego solía presentar una habitual mancha negra de hollín que subía en forma de línea hasta la chimnea. Las paredes de la cocina eran encaladas de blanco hasta el suelo, y en raras ocasiones, decoradas con azulejo en su parte baja.

La chimenea constaba de una gran campana de adobe enyesada que tenía forma recta o cónica, pero en ocasiones también, la chimenea carecía de campana, subiendo el humo directamente por un gran agujero rectangular del techo que abarcaba más de la mitad del total del techo de la cocina. De aquí, el humo subía por la chimenea, de paredes inclinadas hasta desembocar fuera. La parte exterior de las chimeneas solía ser rectangular y de una altura mediana, normalmente sin sombrerete.

Los dormitorios o alcobas de éstas casas, podían variar en número, según las necesidades de la familia que originalmente construyese el edificio. Tenemos por ejemplo casas con tres o cuatro habitaciones y otras casas que solo tenían dos; una de ellas reservada a los cabezas de familia y otra en la que dormían juntos varios hermanos. Incluso en familias muy numerosas se daba el caso a veces en épocas remotas de que algunos miembros dormían en donde podían, haciéndose camas en lugares como portales, etc. 

El mobiliario de los dormitorios varía en función de las épocas y del poder adquisitivo de los dueños, pero en una casa tradicional lo usual era encontrar camas sencillas con armazón de hierro, un simple armario de espejo y una cómoda o baúles de guardar ropa. Es en éste tipo de habitaciones destinada a dormitorio en donde los habitantes de las casas daban un toque más elegante a la decoración, pintando muchas veces de colores las vigas de madera del techo y también pintando frisos en la parte alta de las paredes o zócalos en la parte baja de las mismas. Los colores utilizados normalmente eran el verde tipo “óxido de cobre”, el azul “cobalto” y el rojo de Almazarrón. Los frisos de las paredes en ocasiones resultaban tener una gracia entrañable; normalmente consistiendo en dibujos decorativos de hojas y volutas.

El portal es otra parte muy característica de las casas típicas de Villa del Prado. Suele ser una habitación de gran tamaño por la que se accede a la casa y de él parten las puertas que dan a las distintas habitaciones de la casa, haciendo a su vez de recibidor y de pasillo. Los portales en muchos casos están poblados de tiestos con plantas de interior que les dan una atmósfera acogedora.

El sobrao es la estancia que ocupa toda la parte superior de las casas tradicionales. Puede ser totalmente diáfano o estar dotado de algún que otro tabique que lo subdivida. Está iluminado por ventanas que dan a la calle o por claraboyas y su techo es directamente el tejado de la casa, de rollizos y tablas. El sobrao es utilizado para guardar simiente, curar productos de matanza, guardar trastos en desuso y herramientas. Al sobrao se sube por escaleras que pueden ser desde unas sencillas escalas de palo hasta unas escaleras tabicadas, la mayoría de las veces, de escalones de madera, en donde se produce un gracioso contraste entre la cal de la pared y la madera gris y desgastada de los escalones.

Las paredes por dentro, son encaladas, aquí se dice "jalbegadas". La cal, denominada jalbiegue se da todos los años cuando llega el buen tiempo. Antiguamente pasaba un hombre vendiendo pellejos de conejo que luego servían para untar la cal en las paredes, actualmente se hace con brocha y pintura al temple. En toda casa típica no faltan objetos heredados de otras épocas como la capuchina dorada y el almirez de bronce. Por la pared, la influencia toledana con numerosos platos de Talavera colgados. En los patios, tiestos con flores, algún rosal, claveles, un pozo... componían es escenario más típico de nuestra arquitectura popular.

Desde ésta página abogamos por una protección de la estética tradicional de Villa del Prado, que repetimos, es siempre importante para mantener la identidad y belleza del conjunto urbano y también para ofrecer un pueblo atractivo de cara al turismo cultural y rural. En éste sentido, y debido al deterioro y diversas causas que están afectando negativamente al casco urbano tradicional del pueblo, es fundamental desarrollar en la actualidad un gran plan de recuperación, restauración, defensa del patrimonio arquitectónico popular y embellecimiento del total del casco urbano pradeño.

Por Juan Durán.

3/12/12

Monstruos en la iglesia de Villa del Prado


Muchas iglesias, sobre todo románicas de la mitad norte de España, nos sorprenden a menudo con detalles que se descubren en sus paredes, columnas, y elementos constructivos. Son esculturas que representan figuras monstruosas, o figuras grotescas en posturas raras y llamativas. En Palencia,  por ejemplo, podemos encontrar abundante iconografía de éste tipo, en la misma catedral de la ciudad, en San Martín de Frómista y en el monasterio de San Andrés del Arroyo. Algún que otro monstruo podemos también encontrar en Arenillas de San Pelayo, también en Palencia; y en Sotonera (Huesca). Ésto son solo unos poquísimos ejemplos, pues la lista de lugares donde encontrar éstas figuras, es muy larga. Hay bastantes estudios sobre éstos casos de arte sorprendente, que era habitual en la Edad Media y se fue disolviendo con el tiempo. De vez en cuando, los actuales medios de divulgación dedican algún reportaje a alguna de éstas iglesias y monasterios que contienen éstas "rarezas", que sobre todo se dan en la escultura, pero a veces también en la pintura mural de éstos edificios. En muchos casos, éstas figuras de lo grotesco y lo raro parecen hablarnos de que quizá en algunos aspectos, la Edad Media no fue tan oscura como se ha dicho, sino que quizá entonces había más "luz" y más conocimientos sobre algunas cosas mágicas y ancestrales, y que quizá se hablaba sin tapujos de cosas que luego quedaron sepultadas por velos posteriores. Ahora, para descubrirlo, el público interesado dispone de multitud de información sobre dónde poder conocer y visitar arte románico con éstas características. 

En Villa del Prado también tenemos nuestro patrimonio monstruoso. Para elaborar éste artículo he intentado buscar todo tipo de elementos artísticos que puedan reflejar monstruos y figuras extrañas en todo el patrimonio civil y religioso del pueblo, pero finalmente es en la iglesia parroquial donde únicamente hemos encontrado éstas estampas monstruosas. Y no son pocas. 
Fig.1

Fig.2
Nuestra iglesia no es románica; sino gótica, pero en el arte gótico los monstruos siguen estando presentes de otras maneras, sobre todo en las Gárgolas; figuras que representan a unos monstruos que protegen a la propia iglesia de las influencias malignas. Aparte de ello, las Gárgolas sirven de desague para los tejados y por su boca expulsan el agua de la lluvia que escurre por los altos del edificio. Las gárgolas de Villa del Prado (Fig 1 y 2) son como tantas otras del mundo gótico, con aspecto como de ave, reptil y dragón. En nuestro caso, de rasgos redondeados y amables, como podemos ver en las fotografías de éste artículo. Situadas en los laterales y esquinas de las dos puertas principales de la iglesia, parecen estar preparadas para echar a volar en cualquier momento, pero vigilan sin parar el edificio desde que fuera construido en el siglo XV.

Fig, 3
El siguiente monstruo que visitaremos en la iglesia de Villa del Prado está ya situado en su interior. (Fig. 3) Es una figura tallada en madera que nos muestra un palo o tronco sobre el que se enrolla una serpiente que en lo alto termina en una cabeza de mujer de aspecto humano, con el cuello adornado de hojas y frutas. Representa al mal, al diablo, a la serpiente de los textos bíblicos enrollada en el Árbol de la Ciencia. Es una escultura rara, inquietante, singular, por estar dedicada de forma individual al mencionado ser dentro de una iglesia. En la antigüedad se exponía en determinados cultos, y posteriormente quedó escondida y fuera de uso, hasta que fue recuperada y restaurada hacia el año 2000.

Fig. 4
Si andamos un poco por el interior de la iglesia, no tardaremos en encontrar otro ser monstruoso (Fig. 4), que en éste caso representa de nuevo al diablo, pero formando parte de una escultura mayor dedicada a San Miguel Arcángel. En la escultura o imagen, del siglo XVIII, vemos a San Miguel triunfante derrotando al demonio, cuyos rasgos son monstruosos, al igual que en multitud de imágenes de éste tipo que existen en el patrimonio artístico y religioso de numerosos lugares.

Fig. 5
Fig. 6
Si nos acercamos a los pies de la iglesia y alzamos un poco la vista, veremos que otros monstruos nos vigilan desde un lugar un poco más alto: la cornisa que hay sobre los tres arcos que sujetan el coro. Ésta cornisa se halla adornada en su parte inferior con unas conchas grandes, dentro de las cuales sobresalen unas inquietantes caras de rasgos monstruosos y caricaturescos. Una de ellas es simplemente una calavera puesta de lado, y otras son caras monstruosas con una especie de trompetillas que llevan puestas en los oídos. Muchas de ellas llevan la boca abierta en diferentes formas de expresión. ¿Representan un coro caricaturesco que canta? ¿Representan algún otro tipo de personajes? Éstos misteriosos observadores comenzaron a habitar la iglesia en el siglo XVI y comparten el lugar con otras muchas figuras que componen una decoración muy interesante.

Fig. 7
Fig. 8
Fig. 9
Fig. 10
Fig. 11

¿Hay más monstruos? Hay que alzar la cabeza totalmente para mirar al techo, o al "cielo" según se mire; y ver que dentro de la iglesia estamos resguardados por una enorme bandada de monstruos voladores, como murciélagos, que nos sobrevuelan desde hace siglos (Fig. 7 y 8). Son los dragones de la iglesia de Villa del Prado, pinturas del siglo XVI  que permanecieron largo tiempo dormidas bajo una capa de cal blanca y que fueron recuperadas tras una minuciosa restauración en el año 2000. Los fantásticos dragones de la iglesia representan la titánica lucha que cada persona ha de tener contra el mal; por eso, son amigos nuestros; y han vuelto con nosotros para alegrarnos la vista con su vuelo y presencia cada vez que entramos al lugar. Los hay delgados, de colores verdes y rojos; y gruesos y fuertes, de colores grises; éstos últimos, cuya fisonomía hace a veces creer que parecen jabalíes. Los grandes dragones, con sus lenguas puntiagudas y llamaradas que salen de sus bocas y sus afilados colmillos, mantienen a raya a otros monstruos más pequeños y temibles que veremos a continuación: los misteriosos monstruos que crecen en los puntos del techo donde los nervios de la bóveda se unen (Fig.9). Aquí aparecen las caras de los que sin duda son los monstruos más pavorosos e inquietantes (Fig.10) de toda la iglesia de Villa del Prado. Unos tienen apretados y amenazadores dientes y ojos intensamente fijos, como podemos ver en la figura ... Otro de ellos, de orejas puntiagudas y lengua burlona y mirada maliciosa, se halla en el centro del arco principal de la iglesia (Fig.11); pero tanto ésta como las anteriores caras de monstruo terrible se hallan rodeadas por los dragones, que luchan para protegernos de ellas; la lucha y el esfuerzo titánico contra el mal que deben hacer las personas a lo largo de su vida.

Terminada nuestra visita a los sorprendentes monstruos con que cuenta el patrimonio pradeño, nos marchamos confiando en que ésos dragones y ésas gárgolas, con su noble corazón de buenos monstruos, nos ayuden a ser cada día un poco mejores y más positivos.

Juan Durán

29/11/12

La Fuente del Tío Alicáncano

Continuamos por nuestro recorrido por las fuentes históricas de las cercanías del pueblo y en éste caso nos dirigimos a la conocida popularmente como Fuente "del Tío Alicáncano" o "de Alicáncano". Ésta fuente fue menos utilizada y emblemática que otras que hemos reseñado, pero es igualmente hermosa e interesante, habiendo sido recientemente objeto de una restauración.

La fuente recibe su actual nombre a raíz de una de las múltiples denominaciones que ha sufrido el monte donde se encuentra; donde hoy está el parque forestal de "El Gurugú", dentro del cual está situada dicha fuente. A éste cerro también se le llamó a comienzos del siglo XX como "Cerro de Alicáncano", posiblemente haciendo referencia al apodo de uno de los propietarios que tuvo el terreno por aquella época o anteriormente. Ésta fuente surtía de agua las necesidades de guardeses de aquel lugar y de otras necesidades del terreno, como puede verse también por el estanque de almacenamiento de agua que hay a unos metros de distancia frente a ella. No obstante, al ser su acceso libre, se supone que cualquier vecino del pueblo podía hacer uso de ella también cuando lo necesitase, aunque la gente del pueblo ya tenía más asequiblemente el acceso a otras como Valdegatos, Fuentecita, etc, etc.

La fuente de Alicáncano estuvo durante décadas fuera de uso y bastante rodeada por la maleza, hasta que en 1997 se estableció el parque forestal del Gurugú y se limpió todo el terreno de éste, incluído lógicamente el entorno de la fuente, que como hemos dicho, se encuentra dentro del parque; concretamente en su límite sur, casi junto a la valla que lo rodea.
Fuente de Alicáncano y su entorno natural.

El entorno natural de la fuente es muy hermoso en tiempo de verdor, y en él podemos apreciar los pequeños montículos; las diferencias de terrenos cubiertos de hierba verde, las matas de monte bajo y el bonito contraste de los enormes troncos de pino, eucaliptos y otros árboles de la zona. En cuanto a la fuente, tiene la típica forma de las fuentes pradeñas de campo tradicionales, constando de un frontón, en éste caso curvo,  y una arqueta interior cubierta por una puertecilla, donde se acumula el agua que mana de las laderas del monte.

Juan Durán

El manantial de Fuentecita

Dentro de la ya mencionada abundancia de aguas con que Villa del Prado tiene la suerte de contar, ahora nos referiremos a otra más de las varias fuentes de agua natural que rodean el casco urbano del pueblo, situadas en los campos que lo circundan. 
El manantial de Fuentecita

El manantial de Fuentecita  está situado en las faldas del cerro donde se encuentra el parque forestal del Gurugú. Desde éste cerro y sus inmediatos hermanos mayores que se encuentran detrás, descienden las aguas que después brotan en el mencionado manantial y desde aquí dan lugar al largo arroyo de Los Arrelobos , llamado también de los Palomares en sus primeros tramos. La Fuentecita, fuente pequeña y de muy antiguo aprovechamiento en el pueblo, está configurada como un manantial consistente en una arqueta en el suelo con una piedra que hace de tapa y una salida en una de sus paredes para dejar correr el agua sobrante. No tiene frontón construído. Antiguamente en la salida de agua tenía un tubo de hierro a modo de caño, tapado con un corcho. Ésta fuente viene a unirse en calidad de agua y aprovechamiento a la de Valdegatos y el Liseo, por su situación todas ellas en la misma vertiente o falda de los mismos montes. Aun a pesar de su escondida ubicación, de su pequeño tamaño y de que no se la construyeron estructuras para hacer el lugar más cómodo, y a pesar también de no tener un camino definido para llegar hasta ella, la Fuentecita gozaba de una gran popularidad por la calidad de sus aguas. Muchos vecinos la utilizaban para el uso cotidiano, y sin necesidad de ir muy lejos, simplemente mencionaré a mi propia abuela, cuando cualquier tarde decía "Vamos a por agua a la Fuentecita", y cogiendo un botijo u otros envases adecuados, se encaminaba al manantial y al llegar al angosto lugar, no había más que destapar el corcho del caño y por éste caía el chorro de agua adecuado para llenar el botijo. Botijo en la mano, los paseos a la Fuentecita merecían la pena, aunque fuera solo por respirar el buen aire de la zona. Hoy en dia la Fuentecita continúa fluyendo con diligencia en tiempo húmedo, y su entorno natural es verdaderamente agradable, sobre todo cuando el campo está verde. 
Entorno natural de la Fuentecita

En éste entorno natural de la Fuentecita podemos encontrar abundancia de monte bajo y matorral, como enebros y tomillo de flor morada, así como jaras. Encontraremos zonas de hierba muy verde, y árboles como encinas y alguna higuera. Inmediatamente al lado de la fuente se extiende una curiosa y diferente a lo demás pradera verde y plana en la cual crecen numerosos almendros, y en la márgenes del por allí recién nacido arroyo de Arrelobos, veremos juncos o espadañas. Ascendiendo levemente por la ladera del monte, aparecerán también algunas rocas grandes con musgo en las cuales es posible sentarse a contemplar la enorme vista del pueblo entero de Villa del Prado y sus alrededores.
Entorno natural y vistas desde la Fuentecita

Juan Durán

Molinos de aceite tradicionales en Villa del Prado

El suelo de Villa del Prado ha sido tradicionalmente apto para el cultivo de olivas, gracias a lo cual, durante siglos, el pueblo ha contado con una apreciable producción de aceite que lo ha autoabastecido y también posibilitado la venta y exportación del producto a otros lugares. Ésta producción de aceite de oliva ha llegado hasta nuestros dias y hoy se cuenta en el pueblo con una cooperativa aceitera que produce un aceite bueno, apreciable y de calidad.
Esquema del funcionamiento de un molino de tracción animal.

En la actualidad la cosecha de aceitunas de Villa del Prado se muele en unas modernas instalaciones con molinos eléctricos, pero hasta mediados del siglo XX, la industria aceitera funcionaba con los primitivos molinos de tracción animal cuya tecnología era de una antigüedad milenaria y extendida por todo el mediterráneo. En Villa del Prado actualmente a los molinos de aceite y concretamente al existente hoy dia se sigue empleando la denominación de "Almazara", que es una vocablo medieval de origen árabe.

A lo largo de la historia del pueblo ha habido varios molinos antigüos de aceite a los que los productores de aceitunas llevaban los frutos para moler. En éste artículo nos referiremos a los últimos molinos de éste tipo que existieron hasta la década de 1950. Uno de ellos estaba situado a la entrada del pueblo, casi frente a la actual gasolinera y en cuyo solar luego se levantó el restaurante que lleva el nombre de "El Molino" en recuerdo a aquel. Hoy en dia aún quedan vestigios de aquel antiguo molino, casi arqueología urbana pradeña, que consisten en dos o tres piedras moledoras colocadas de adorno en la acera de la calle de éste lugar. Otro molino de los últimos en operar, funcionaba en la actual calle del Álamo, en los primeros números. Un tercer molino de aceite tradicional, el último en funcionar y el que más actividad tuvo en ésos últimos años, estaba situado en el comienzo de la actual calle de la Virgen de la Poveda.

El funcionamiento de éstos molinos consistía en una piedra plana redonda con estrías que hacía de base; y de una, dos o más piedras en forma de cono que rodaban sobre ésta. La aceituna quedaba machacada entre la base y éstas piedras cónicas, y por un reguero de la base, caía el aceite para ser recogido. Las piedras cónicas eran movidas por un burro o mula que caminaba en círculos moviendo la máquina. Éste era el sistema usual en Villa del Prado, pues en otros lugares también se empleaba la fuerza del agua para mover éstos molinos.
Piedra de molino plana, actualmente de adorno.

Una vez recogido el aceite puro virgen, se podía volver a moler los abundantes restos de aceituna de la anterior molienda y sacar un aceite de menos calidad llamado "Orujo", que frecuentemente era usado para las lámparas, candiles y fabricación de jabón. Éste aceite también se obtenía en prensas filtrándose a través de unos grandes discos hechos de cuerda de esparto, entre los cuales se apretaban los restos de aceitunas, pieles y huesos, exprimiéndose así hasta la última gota de aceite.

Así transcurría el trabajo en éstos molinos de aceite antigüos, con su techo y vigas de madera, sus gruesas paredes de adobe y piedra, sus pequeñas ventanas por las que se filtraba la suave luz del día, en los que el burro o mula caminaba en círculos, paciente, tranquilo y abnegado. De fondo, el constante ruido de la máquina ronroneando y crujiendo, y la mezcla de los intensos aromas a aceite recien molido. Los suelos de éstos molinos, así como muchos elementos de su interior, completamente embadurnados de aceites y manchas oleosas fruto de la actividad de décadas y siglos, que se pisaba al entrar, según recuerdan los mayores, cada vez que se entraba a llevar aceituna o recoger aceite.

Éstos molinos tenían sus desagües y vertederas, por las que se vertían, generalmente a un arroyo cercano, los restos y líquidos de deshecho de las moliendas. En el caso del molino situado en lo que hoy es el inicio de la Calle Virgen de la Poveda, los restos iban a parar al inmediato arroyo de La Plaza que pasaba por entre las casas del pueblo, junto a ésta esquina; y entonces, muchas mujeres acudían sin pensárselo dos veces con cazuelas y recipientes diversos a recoger los restos de aceite que caían desde los desagües del molino al arroyo y flotaban en las aguas de éste. De éste modo conseguían de forma gratuíta un aceite de deshecho con el cual hacían jabones y productos para los cuales hiciese falta grasa de poca calidad.
Piedras de molino de adorno, en la actualidad.

Como ya hemos dicho, los molinos de aceite tradicionales movidos por tracción animal dejaron su actividad hacia los años 1950-60 y alguno se reconvirtió a ser movido con maquinaria eléctrica. Durante siglos, en Villa del Prado, las piedras de molino viejas que quedaban en desuso, eran apreciadas para ser colocadas de adorno. En muchas casas existen piedras de molino adornando algún suelo, o como base de una chimenea de hacer fuego, o incrustadas en la misma pared de ésas chimeneas, o muchas veces haciendo de piedra de umbral a la entrada de bodegas y viviendas. Hoy en dia, a nivel de calle, podemos ver con facilidad varias de éstas piedras de adorno, por ejemplo, cónicas, colocadas de adorno en el centro de rotondas de tráfico, en concreto en la Avenida de los Hortelanos. Piedras planas podemos ver por ejemplo la situada en el suelo de la entrada al Centro Cultural "Pedro de Tolosa".

Juan Durán

22/11/12

La Picota de Villa del Prado

La Picota y varios vecinos, en 1928
Hoy en dia al visitar algunos pueblos y ciudades de Castilla, uno de los monumentos antiguos que se nos ofrece a la vista son las Picotas que se alzan en algunos de esos lugares. Famosa en toda Castilla la Vieja es la Picota de Villalón de Campos, y en las cercanías de nuestro pueblo de Villa del Prado, las más conocida sin duda es la de Almorox, situada en la plaza mayor de ésta localidad.

En Villa del Prado existió también una Picota, que era de cierta altura, hermosura y labrado de la piedra artístico. Las picotas son unos monumentos de piedra en forma de columna, con bases y capiteles labrados. Cada una puede tener su forma propia, existiendo numerosos ejemplos y diseños a lo largo de la geografía española. Éstas grandes columnas también llamadas Rollos, indicaban la jurisdicción y señorío a que pertenecía cada pueblo donde se hallase dicha picota. Durante un tiempo también sirvieron para exponer al escarmiento público a los que infringiesen alguna norma o ley, atándose a la columna al reo; y en otros casos, incluso, si el reo había sido condenado a muerte, se exponía en la picota su cadáver o cabeza, manos, etc., si el castigo había supuesto por ejemplo la decapitación; casos éstos menos frecuentes, y relacionados sobre todo con delitos graves de la época. La mayoría de las picotas fueron construídas en los siglos XV, XVI y XVII.

La picota de la que hablaremos aquí, la de Villa del Prado, se supone que fue construída en el siglo XV, mandada hacer por D. Álvaro de Luna, que fue señor de éstas tierras; pues en uno de los fragmentos que se conserva hoy en dia aparece un escudo con una luna, propio de D. Álvaro. Estaba levantada en un lugar llamado desde antiguo "El Pradillo de la Picota", entre lo que hoy son las calles Pradillo, calle de la Torre y calle de Méntrida. Estaba situada en donde hoy en día se halla una manzana de casas de ladrillo oscuro levantadas en la década de 1990, a la derecha del actual Centro de Artes.

La picota de Villa del Prado constaba de una gran base escalonada de planta redonda, sobre la cual se levantaba un primer cuerpo de fuste de columna recio, grande y alto, que estaba coronado por un hermoso capitel cuadrado gótico, de cuyos cuatro lados sobresalían cuatro gargolillas de piedra. Sobre éste capitel se levantaba una segunda columna más corta de altura, en la que se hallaba labrado el escudo en el que aparece una luna y dos barras. Sobre ésta segunda columna sobresalía otro capitel gótico también de base cuadrada, hermosamente labrado al igual que el primero, y sobre éste último capitel se levantaba un templete sobre cuatro columnillas de piedra, rematado por un pináculo.

La picota de Villa del Prado se alzó allí durante siglos, en ésta zona a las afueras del pueblo, rodeada de campo y a la margen de los caminos vecinales de La Torre de Esteban Hambrán y de la carretera de Escalona, hoy conocida como Avenida de El Alamín. Durante generaciones, desde el siglo XV hasta el siglo XX, se formó una tradición oral en Villa del Prado que yo llegué a escuchar de boca de mi abuela, que afirmaba que en las gargolillas o brazos de la picota se ahorcaba a los que incumplían con las normas impuestas por el casi todopoderoso señor D. Álvaro de Luna, el cual abusaba de los vecinos de ésta villa con impuestos y tasas bastante injustos. Según ésta tradición oral, D. Álvaro de Luna observaba el cumplimiento de las penas a los condenados desde una ventanita que hay sobre el gran arco de su palacio, situado en línea recta decenas de metros mas arriba, a la entrada del pueblo, en lo que hoy es la Plaza de Palacio.

D. Álvaro murió en 1453 víctima de un proceso jurídico que se inició contra él en la corte del rey Juan II, y la picota siguió su existencia solitaria y altiva en aquel paraje del sur del pueblo. Pasaron los siglos y la picota dejó de ser vista con respeto y temor por los vecinos, para convertirse en una compañera más, un monumento que condimentaba con su singular belleza los planos campos de la zona, levantándose como un gigante de granito que hablaba de los señoriales pasados de la villa del Prado. Paseos al atardecer de los pradeños acompañaban a la vieja columna y ya en el siglo XX, incluso algunos se fotografiaban junto a ella, gracias a lo cual nos ha llegado hasta nuestros dias una imagen completa de la Picota. Esto nos da muestra que los habitantes del pueblo la cogieron cariño y la consideraron parte de su historia y patrimonio, como en otros muchos lugares de España.

En tiempos de la guerra civil, un grupo de personajes, decidió derribar la picota porque según decían era símbolo de injusticias pasadas y destrozaron y echaron abajo el monumento, cuyas piedras quedaron caídas por el solar. Aquello no era en absoluto justificable, porque si había pradeños con derecho a sentirse molestos por ella, hubiesen sido los del siglo XV, y no lo quisieron hacer ni ellos ni otros posteriores en el tiempo. Aquella barbaridad dejó al pueblo sin lo que hoy sería un atractivo turístico y monumental más para el municipio. Igualmente hay que decir que después nunca se hizo nada por recomponerlo. Pero también hay un dato que entra dentro de éste enmarañado final de la picota: y es que en 1935, el terreno donde ésta estaba fue vendido a un particular según escritura ante el notario D. Miguel Blasco Zabay, lo que indica, que si la picota fue derribada en 1936, un año ántes había sido vendida íntegra y entera, lo cual también indica un desinterés y menosprecio al monumento por parte del vendedor, en éste caso, el consistorio de entonces. 

Respecto a sus restos, quedaron amontonados en el lugar donde se alzaba, y sufrieron diversos avatares hasta hoy. La gran columna principal fue recortada, rebajada de grosor y trasladada al matadero municipal, donde sirvió durante décadas para atar las reses que se sacrificaban para consumo. La abundante cantidad de piedras que formaban los escalones han sido aprovechadas al parecer en algunas obras. Otros restos, quedaron en terreno privado al venderse el solar de la picota a un particular. Por último, la segunda columna, que llevaba tallado el escudo con la luna, estuvo durante muchos años caída junto a la carretera de Alamín-Escalona desapareciendo despues, hacia 1993, y según se dice, hoy en dia guardada en almacenes municipales. 
Columna del segundo cuerpo de la Picota, fotografiado en 1992.

Sería interesante que el Ayuntamiento de Villa del Prado llevase a cabo un proyecto de reconstrucción de la Picota, basándose en la recopilación de los restos que existen y refabricando y reconstruyendo los que faltan, al igual que por ejemplo se ha hecho en la cercana localidad de Méntrida (Toledo), pudiendo colocarse nuevamente en algún lugar próximo a donde estuvo originalmente. Mientras tanto, la conocida y mítica para nuestros abuelos, picota, solo es un recuerdo en desperdigadas piedras y fotografías.

Juan Durán

Robo de las campanas de El Encinar del Alberche

En un anterior artículo hablábamos de las campanas existentes en uso en el término de Villa del Prado, y que como bien cultural sonoro, constituyen una más de las fuentes patrimoniales en ése sentido de cada lugar. Un toque de campanas a base de repetirse durante décadas e incluso siglos, puede identificar sonoramente a un pueblo o ciudad. Se trata de un bien cultural inmaterial. Si no que se lo digan a los habitantes de las orillas del río Támesis en el viejo London, y a la miríada de turistas que todos los años van a escuchar determinado repique de campanas inconfundible por aquellos lugares; o sin ir más lejos, a cualquiera de los vecinos de cualquier aldea española, cuyas campanas son el sonido del pueblo cada día. Pues bien, dentro de nuestro término municipal pradeño, la urbanización El Encinar del Alberche, contaba con su propio patrimonio campanológico; pues la moderna iglesia que se construyó allí en 1968 tiene su campanario, y si no me equivoco, tenía tres ejemplares de campanas; lo cual, ayudaba a que, dentro del aspecto homogéneo, plano, y aparentemente falto de cosas "tradicionales", que tienen todas las urbanizaciones; El Encinar tuviese en sí misma un poco de ése "algo", que la ayudaba a contar con elementos un poco "de pueblo" y de tradición propias. Si El Encinar hubiese contado con un toque de campanas programado propio, éste con el paso del tiempo, hubiese sido sin duda un elemento cultural "inmaterial" para el lugar. Ésto iba a llevarse a cabo, pero desgraciadamente se llegó tarde.

En éste año de 2012, al parecer, el párroco de Villa del Prado se decidió a electrificar las campanas de El Encinar del Alberche para que éstas sonasen todos los días automáticamente. Cuando el proyecto se iba a llevar a cabo durante la primavera, la totalidad de las campanas de la urbanización habían desaparecido. El campanario de El Encinar consiste en una simple estructura de hierros, separada del edificio de la iglesia y muy próxima a la valla exterior del recinto. Por allí, alguien desconocido, robó las campanas de la urbanización. Según nos contaba una de las encargadas del cuidado y mantenimiento de la iglesia, primero desapareció una de las campanas, y hacia el mes de marzo, todas las demás.

Desgraciadamente a veces, en aldeas y pueblos aislados se han producido robos de campanas. Es en la soledad y el silencio cuando los miserables actúan con camiones provistos con grúas para llevar a cabo sus execrables actos carroñeros. Ésta vez ha sucedido en El Encinar. Desconocemos los métodos empleados para burlar la seguridad de la urbanización y para actuar de los ladrones. Afortunadamente en la actualidad la Guardia Civil y otras fuerzas de Seguridad del Estado ya están alerta sobre el peligro de robos de campanas en el medio rural, que se han incrementado entre otras cosas a causa de la crisis económica. Por ejemplo en la zona de Galicia, donde las pequeñas aldeas rurales son más frecuentemente blanco de los ladrones de campanas, se ha incrementado la vigilancia. En Cataluña ha sido detenido, por ejemplo, un ladrón de campanas, como fruto de éstos incrementos de vigilancia especial sobre robos en el medio rural. Si las campanas tienen un valor histórico o antigüedad notable, su robo además se convierte en un verdadero atentado contra el patrimonio histórico de nuestra nación, y algo que debería castigarse con inquebrantable dureza, considerándose como lesión y atentado contra todo el país, su identidad y su cultura. Deseamos desde aquí que se recuperen todas o al menos el mayor número de campanas robadas posibles en los últimos tiempos en toda España, y que las de El Encinar pronto puedan volver a su sitio, en el cual fueron instaladas con tanta ilusion y esfuerzo de unas personas que deseaban equipar a su urbanización con un elemento sonoro característico.


29/3/12

El órgano de la iglesia de Villa del Prado (I)

No podía faltar en éste blog un artículo dedicado al Órgano de la iglesia, el cual, como sabrán las personas que me conozcan, toco y cuido normalmente desde hace unos años, cuando me incorporé como organista los sábados por las tardes en el año 2002; tocando actualmente los domingos.

Para mayor información técnica sobre el órgano, y de historias y vicisitudes sucedidas desde su construcción hasta ahora, incluidas las restauraciones de 1993 y 2011, he habilitado una página aparte, dedicada en exclusiva al órgano, que se puede visitar pinchando aquí o en el botón de enlace que aparece debajo de la lista de artículos de la derecha de éste blog.

El actual órgano que vemos, con su caja de estilo barroco, quizá más bien Rococó, por sus características y formas, es una mezcla entre órgano barroco del siglo XVIII y órgano romántico de principios del XX. A lo largo de sus 260 años de historia ha tenido una serie de reformas y cuidados que felizmente lo han colocado en uso hasta nuestros días.

Su historia comienza en el año 1750, cuando la parroquia de Villa del Prado encarga al organero toledano Francisco Antonio Díaz la construcción de un órgano nuevo. El instrumento comenzó a levantarse en el balcón lateral del coro, sobre la puerta de la iglesia, mientras las piezas y tubos venían desde Toledo transportadas en carros de bueyes por el viejo camino de Escalona, atravesando El Alamín. No todo fue nuevo en éste nuevo órgano, pues parte de los tubos, incluidos los que vemos hoy en dia en la fachada, fueron aprovechados del anterior órgano, construido por Miguel Puche cien años atrás, lo cual nos da una idea de la edad de los mismos. El órgano fue finalizado en Octubre de 1751 y probado y verificado por un fraile-músico venido de Toledo, llamado Juan de Estrada.

Se pintó la caja de un color blanquecino y unos años después, en 1755, las tallas y adornos fueron doradas con pan de oro. Fue éste un órgano barroco con abundante trompetería horizontal, sonidos brillantes de llenos y címbalas, poseía además efectos de timbales. Así permaneció en uso desde entonces, con sus sucesivos organistas que lo tocaban, y sus “entonadores”, que eran generalmente jóvenes o niños del pueblo que se subían a los fuelles para darle aire. En aquella época también se usaban en el coro unos enormes libros de canto de tapas de madera y piel que todavía se conservan en la parroquia y que podemos ver pinchando aquí.

El órgano nuevo fue tocado por vez primera por D. Diego Solano, un anciano organista del pueblo. Éste se encargaba de tocar y del canto se encargaba el anciano sacerdote D. Cristóbal Sánchez Usero, cantollanista y mayordomo de la iglesia. Tiempo después la gente advirtió que algo raro pasaba en la Misa. Resulta que el organista y el cantor eran tan viejos que no oía bien uno y no tenia voz apenas el otro, por lo que se producían escenas de confusión. Reunidos para tratar el caso, los dos músicos argumentaron que estaban tan viejos y achacosos que ellos no tenian culpa de lo que pasaba, y que la parroquia debía de formar y nombrar a unos nuevos músicos, así que finalmente la parroquia se ocupó de nombrar a nuevos encargados de éstas tareas. No obstante hay que reconocer a D. Cristóbal y D. Diego su enorme labor durante sus años de dedicación en la iglesia de entonces, desde muy jóvenes hasta los casi 80 años.

La disposición de registros del órgano nuevo de 1750 era la siguiente:

-Flautado de 13 (actualmente se denomina de 8), el que vemos en fachada
-Octava, (la que vemos hoy dia también en parte en la fachada)
-Dozena clara
-Quincena clara
-Diez y novena
-LLeno en 22ª
-Zimbalas
-Corneta real (6h)
-Corneta de ecos (5h)
-Clarín de ecos
-Trompeta real
-Clarín de mano derecha
-Oboe de mano derecha
-Trompeta Magna de mano derecha
-Chirimía
-Tambores en La, sol, re.
-Timbales en La-mi-re

Llegamos al año 1888, y tras casi siglo y medio de funcionamiento, el órgano ya se encontraba por esas fechas bastante desgastado y deteriorado, y en los archivos parroquiales, encontramos peticiones del párroco para reparar a fondo el instrumento. El organero madrileño José Marlasca presentó un presupuesto de mil pesetas “para reparar lo imprescindible”, según datos de la época, pero al tratarse de una reparación parcial, en los años siguientes se sigue manifestando la necesidad de acondicionar mejor el órgano.

Por fin llegamos al año 1904, y la parroquia se halla en condiciones de realizar aquel trabajo. Se llama en ésta ocasión a un organero madrileño llamado Ricardo Rodríguez, que había aprendido el oficio de la organería al parecer con el prestigioso Aquilino Amezúa en el Pais Vasco. Ricardo realizó numerosos trabajos sobre todo en la capital, entre los que destacan la construcción del órgano de los Jerónimos para la boda de Alfonso XIII, y el de San Isidro y La Paloma. También hizo obras en la ciudad de Ávila.
El organero Ricardo Rodríguez

La manera de construir órganos había cambiado desde aquel lejano 1750, Ya estamos en 1904 y desde hace tiempo se estilan los órganos denominados “románticos”, de sonido más suave y pastoso que los barrocos, que eran más brillantes y agudos, por lo que Ricardo Rodríguez planeó una reforma total del órgano, que lo haría cambiar de lugar y de estilo sonoro. Se desmontó todo el gran instrumento y se reconstruyó su bonito mueble en el centro del coro, donde está hoy dia, La caja dejó de tener base trapezoidal y se colocó la fachada y los laterales formando una caja de base cuadrada, tal como la vemos. Éste cambio afortunadamente conservó el esplendor y belleza del instrumento. El teclado se amplió a 56 notas, de las 45 originales que tenía, y las teclas y registros se colocaron en una consola de mandos con pedalier mirando hacia la nave de la iglesia. Dentro de la caja se hizo un fuelle nuevo “al estilo moderno” como dijo D. Ricardo, y unas bombas de alimentación de aire provistas de una palanca pendular. También toda la mecánica, el “secreto” del órgano y los tiradores de los registros se hicieron nuevos. Éstos materiales los encargó Ricardo a una empresa francesa, quizá la prestigiosa “Cavaillé-Coll”, y vinieron nuevecitos embalados desde Francia, seguramente en el tren.

En cuanto a la sonoridad del instrumento, ocurrió lo siguiente: Gracias a que el presupuesto no debía ser muy alto, no se hicieron apenas tubos nuevos, sino que Ricardo aprovechó los antiguos, del barroco, añadiendo tan solo un registro de Viola, una “voz celeste”, (que en realidad es otra viola afinada de manera distinta) y una “Voz Humana”. Éste aprovechamiento de registros barrocos mezclados con románticos nos ha dado hoy en dia unas posibilidades “mixtas” para interpretar obras de las épocas del barroco y del romanticismo. Podemos dar al órgano la estética sonora de un estilo y otro. En cambio, por desgracia, en ésta reforma se suprimieron algunos registros como la “corneta”, la potente “trompeta Magna” y las “chirimías”, y los sonidos de “diecinovena y címbala” , que son muy interesantes para la música del barroco. Afortunadamente, se conservó el potente sonido de “Lleno”, y las trompetas, oboes y clarines partidos, para poder tocar en una mitad del teclado un sonido y en la otra, otro. La obra de reforma finalizó en 1905. La caja fue pintada de color verde oscuro, pero conservó la policromía y dorados originales de sus tallas barrocas. Desde 1905 a 1907 fueron sus primeros organistas D. Gregorio Gómez y después D. Alejandro Hervás.
Vista de un lateral del órgano

En 1907 fue nombrado organista D. Francisco Rodríguez Fernández, de 21 años de edad, quien cuidó del instrumento durante la friolera de más de 60 años, hasta 1970. Gracias a su dedicación se conservó en uso el aparato durante todo el siglo XX, y el órgano sobrevivió a las épocas más difíciles de abandono de órganos, que fueron la guerra de 1936, en la cual fueron arruinados los órganos de casi todos los pueblos de la Comunidad de Madrid, excepto Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias, Leganés y Estremera; y la posterior época de carestías y falta de presupuestos de mantenimiento de órganos viejos, que fueron los años 50 y 60. Aquella renovación que hemos citado, del año 1905, también ayudó a ésta conservación del órgano, así como el interés que tuvieron párrocos como D. Tomás Luengo, al cual le gustaba el instrumento. Éste párroco fue quien en 1961 mandó instalar el primer motor de aire, y mientras en otros pueblos, desaparecían o dejaban de usarse órganos, en Villa del Prado, se siguió utilizando.
El organista Fco. Rodrígez Fernández-Vítora

Ántes de la colocación del mencionado primer motor,  algunos niños y jóvenes se encargaban de mover la palanca de aire de los fuelles, es un hecho muy recordado hoy en dia por los que lo hicieron. Detrás del órgano, en la madera de la caja, dejaban muchas veces su firma escrita a lápiz, frases y dibujos que aún se pueden ver.