10/10/08

MIGUEL ÁNGEL SÁNCHEZ

In memoriam

Hablar de Miguel Ángel Sánchez es referirse a una persona entregada al arte durante toda su vida. Ha fallecido desgraciadamente a una temprana edad para nuestros días, pero afortunadamente ha tenido tiempo en toda su carrera de hacer grandes cosas, de dejar grandes obras salidas directamente de su creatividad y sus manos para la posteridad y para engrosar el patrimonio artístico español. Se destacó por sus pequeñas esculturas de contenido social, de carácter casi vecinal, en las que se podían apreciar personas realizando labores cotidianas, comprando en las tiendas, tomando café, etc. Son sus obras más características; a las que hay que añadir también grandes esculturas en bronce en homenaje a diversas personas y en los últimos tiempos, un gran grupo escultórico en la ciudad de Alcalá de Henares en recuerdo de las víctimas del atentado de los trenes de 11 de Marzo de 2004 en Madrid.

Hablar de Miguel Ángel Sánchez es también referirse al catedrático y profesor que fue, de la Universidad Complutense, y mucho ántes de ello; de unos comienzos que arrancan desde que era niño en el pueblo que le vió nacer: Villa del Prado. Aquí, en el pueblo, comenzó en su infancia a demostrar que con sus manos quería fabricar, crear obras de arte, obras plásticas. Sus compañeros de juegos en los lejanos años 50 veían cómo Miguel Ángel recogía ramas, palos del campo y fabricaba con ellas cosas, cómo también recogía diversas arcillas y barros con las que comenzaba a hacer y modelar figuras sin parar. Eran los comienzos de un joven artista que en los siguientes años fue modelando el barro de las tierras pradeñas y modelando un espíritu muy particular. Un buen día las cámaras del noticiario cinematográfico NO-DO aterrizaron en el Villa del Prado de los años 60 para entrevistar al joven Miguel Ángel, que había realizado un completo Belén lleno de figuritas de barro creadas por él mismo con un gran talento y resolución plástica.

Dedicado a la escultura y también a la pintura, en su juventud comenzó a recorrer las calles, arroyos y rincones del casco urbano pradeño y los campos que le circundan para dejar extraordinarios lienzos pintados con vistas del pueblo y lugares del mismo que actualmente han cambiado bastante, y que gracias a los lienzos de Miguel Ángel quedaron retratados para la posteridad en vivos colores, realizando posteriormente en los años 70 en Villa del Prado su Monumento al Agricultor o al Hortelano, con sus cuatro relieves que recuerdan el origen campesino del municipio.

Pintor, escultor, catedrático de Bellas Artes, reconocido en enciclopedias de arte; su carácter fue reservado y sencillo; cercano a la gente y siempre dispuesto a ayudar y aconsejar a quienes necesitásemos cualquier asesoramiento artístico. Descanse, pues, en paz éste Ilustre hijo de Villa del Prado, del cual el pueblo siempre habrá de guardar un buen recuerdo tanto en lo personal como en sus obras repartidas ya por muchos lugares, salas de arte, lugares públicos y colecciones privadas.


por Juan Durán
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A Continuación, ofrecemos unos extractos de un interesante texto sobre la vida del escultor Miguel Ángel Sánchez, escrito por una persona que le conoció muy bien: su primo D. Antonio Gálvez Sánchez. En éste texto podemos apreciar desde un puinto de vista muy cercano al personaje, pasajes de la vida y evolución humana y artística del artista, y al mismo tiempo que su lectura es una fuente de gran valor para comprender y apreciar los usos de vida y costumbres de las personas que trabajaban como medieros y jornaleros en las huertas de Villa del Prado en la década de 1950, cuando la vida en el campo aún no estaba apenas asistida por modernas técnicas y mecánicas.
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"MIGUEL ÁNGEL SÁNCHEZ, EL ESCULTOR DE LAS VÍCTIMAS DEL 11-M"
(Por D. Antonio Gálvez Sánchez, fragmento de su obra "Historias en un pequeño pueblo", REG.REF. M- 001017/2011)

Sus orígenes

La tierra de aquel pequeño pueblo, situado en las estribaciones de la Sierra de Gredos, le vio nacer en 1946. Fue el segundo de cuatro hijos de unos padres, que sólo pudieron aportar el día de su boda las manos y la unión de sus voluntades, para hacer grandes esfuerzos con plena honestidad. (...) De su padre, bien conocido y afamado jornalero, que se distinguió entre los mejores del pueblo, aprendió Miguel desde su infancia realizar toda clase de faenas agrícolas.(...)


Con el fin de conseguir la más alta productividad como mediero con un trabajo intenso en interminable horario, o sea, desde crepúsculo a crepúsculo, se le construyó en esa huerta una casilla de gran sencillez, para que viviera allí con su familia durante varios meses del año. Esto es, parte de la primavera y  veranos completos. Así sería un mediero de los más rentables. Era una casilla sin pretensiones. Una casilla para guardar los aperos y como vivienda de verano. Una más, de las construidas en el campo. Sus cuatro paredes eran de adobes y de tierra pisada. Su techo formado con cañas y una puerta hecha con troncos de árboles del citado soto y con  tablones de los cajones de tomates de la huerta del vecino. En dos de sus  rincones internos se formaron catres con algunos troncos y diversos palos entretejidos sobre los que se colocó pasto y hojas de las cañas, que servirían de camastros para sus moradores. Así, a esa altura, se librarían del riesgo de picaduras de los alacranes, tan temidos, que no faltaban en las zonas secas y debajo de los muchos pastizales de las proximidades.(...) En su interior no existía espacio para la cocina. La lumbre se hacía en el exterior de esa especie de chabola, en cuyo entorno se cenaba a la luz de la luna. Y, cuando se apagaba la lumbre, si la luna no era generosa, toda la familia se iluminaba con tenue luz de un viejo quinqué o del candil de aceite, que ofrecía trémula y flotante llama, que alumbraba hasta los últimos rincones de la casilla. A veces, y en último extremo, se usaba un pequeño vaso de aceite con lamparilla, que hacía también  tal servicio.


Fue en esa vivienda y a la luz de tales utensilios, aunque presidida casi siempre por la brillante luz de luna en su paseo por el cielo infinito, alfombrado de brillantes estrellas, en la que se desarrolló la vida nocturna de esta familia. Allí, en el interior de esa humilde vivienda, Miguel, nuestro protagonista, mostró su doble ingenio artístico, en escultura y pintura. Y fue allí, a la edad de 8 años, en sus escasos ratos de descanso y protegiéndose del intenso sol del mediodía, donde hizo sus primeras creaciones con  motivos navideños. Las creó con barro arcilloso y pegajoso, que en el pueblo se conocía como “barro santo”. Miguel creó con inusitada perfección todos los personajes de un nacimiento completo, que había visto durante la Navidad precedente en la iglesia del pueblo. Fue, por tanto, a la sombra de esa casilla, en donde pudo desarrollar su facultad artística innata, que probablemente, le fue transmitida por los genes de un bisabuelo paterno, hombre muy apasionado por el arte de la música. Y las paredes de esta casilla se cubrieron de murales de múltiples pinturas, que los lugareños consideraron como su peculiar Capilla Sixtina.

La huerta

Era una mañana de primavera. Amaneció un día claro con cielo azul. Sin rastro de nubes. Comenzaba a romperse el silencio de la noche con los primeros ruidos de los más madrugadores. El desaforado piar de los gorriones, el dulce trinar de mirlos y tordos, para conquistar a sus hembras y el monótono, seco y metálico canto de las urracas, posadas sobre el tejado de la casa, despertó a la familia. Padres e hijos, tras desperezarse, se dispusieron a preparar la vieja Parda. Una burra de largo lomo, cortas patas, desmesuradas orejas y pelo largo, en punta, como signo de hambre, que días antes el padre había comprado a un desconocido gitano ambulante por un puñado de duros. No poseían otros animales de arrastre y carga, porque su economía, tan precaria, no se lo permitía. Pero con Parda, tenían suficiente para la carga y el transporte, así como para tirar del arado romano con que se hacían los surcos y lomos de los canteros de la huerta en los que se ponían las plantitas de los semilleros. (...) Tampoco podía faltarles Lucera, su fiel y cariñosa perrita, que siempre les acompañaba a cualquier lugar, que se desplazasen. (...)
Lucera, no pocas veces, les aportó algún conejo con el que se mejoraba el puchero del guisado, a base de patatas o de judías estofadas, que con el cocido de garbanzos, eran las comidas más habituales. Además, nunca les faltaron huevos gordos y frescos de las gallinas del corral, buenas ponedoras y cuyo número aumentó en el gallinero de la huerta, porque en él, se alimentaban mejor con toda clase de hortalizas, como: tomates, calabacines, pepinos y otros, así como los restos de sandías y melones. Estos huevos fritos con patatas, torreznos, trozos de morcilla y algún chorizo, eran consumidos por todos como plato apetitoso en el desayuno diario.


Mirla, gata multicolor y de gran tamaño, estaba habituada a la caza de todos los bichos, que salían a su paso, incluyendo las culebras y los conejos. Y, ¿cómo no?, junto al gallinero se había construido una pocilga en la que se cebarían dos hermosos cerdos de raza blanca, cuya crianza les resultaba más barata. Con la matanza de los cerdos se llenaría parcialmente la despensa, para asegurar alimentos durante el duro invierno y buena parte del buen tiempo. (...)


Sobre el lomo de Parda colocaron como montura una carcomida manta en su doblez, además de dos viejas arpilleras, una estera y dos sacos de esparto. Su lomo debía protegerse para cargarla con los dos pesados serones.Uno de estos serones se llenó a tope con los utensilios precisos como: cacharros de cocina y para comer o beber, sin faltar el porrón y el botijo, jaulas para los pollitos y dos gallinas, así como los pocos víveres, entre los que se comprendían los restos de la última matanza, que aún les quedaban, además de una canasta con las plantitas del semillero de tomates y pepinos. La base del otro serón se ocupó con el menor de los hijos. En la parte superior derecha iba Mirla, acurrucada junto al niño. Los otros dos pequeños iban sobre el lomo de la borrica, que por las informaciones recibidas, nunca había atollado, ni provocado la caída de sus jinetes. Y el hijo mayor iba a pie, como sus padres, a quienes seguía la perrita Lucera, desbordante de alegría. El padre con su extenso sombrero de paja, que le cubría toda la cabeza y parte de los hombros, como protector del sol y que era sustitutivo de su  amplia boina negra de invierno, dio el toque de salida a toda la familia.Todos, en caravana, tomaron el camino de la Vega, en dirección a su huerta, para llegar a la casilla, su segunda vivienda durante meses. (...)


En el curso de su caminar rompió el sol, saliendo triunfante entre el crepúsculo brillante. Todos iban contentos. Los hijos, además, sentían intenso deseo por conocer lo nuevo. Se sintieron cómodos, pese al largo camino, porque a esa temprana hora el sol naciente calentaba aún poco.


Por fin, recorridos cuatro kilómetros, llegaron a la nueva casa en la que permanecerían varios meses seguidos hasta las vísperas de las fiestas del pueblo, pasada la primera semana de septiembre, que eran realmente las únicas fiestas del año, además de los días de Navidad, ya que tenían que trabajar el resto de los días, para poder subsistir.
(...) Se inició la actividad tan deseada. Los padres comenzaron a plantar tomates del semillero sobre los lomos de los canteros, mientras que los tres  hijos mayores, de 12,10 y 8 años, cargados con grandes latas llenas de agua, cogida en los pocillos previamente hechos por el padre el día anterior, regaban cada plantita. Depositaban junto a su  tronco un poco de agua, evitando mojar su tallo, para que no muriera por secarse.
(...)

La persona

De estatura media y fuerte complexión. (...) En sus ojos azulados y algo brillantes se apreciaban signos de un ágil aleteo de imaginación desbordante y viva inteligencia. Su tez era clara y algo blanquecina. Por eso, tenía dificultades de visión en los días de intenso sol, aunque eso, como tantos y tantos inconvenientes, que se sucedieron en su existencia, se habituó a superarlos. Los llegó a dominar.(...) A veces, optó por usar suave y fina ironía, nunca hiriente. Fue un hombre de una singular nobleza, que con su facultad artística, conformaron su personalidad. Jamás mostró ansia de popularidad, ni incurrió en autocomplacencia por su obra, profesión o categoría artística. (...) Sus obras colectivas o individuales tienen como fondo a gentes sencillas, humildes  y populares, con lo que se refleja el mundo interno y externo en que se desarrolló. Muestran la dura realidad de quienes sufren con intenso dolor, causado en unos entornos de toda clase de carencias materiales y culturales. Gentes hambrientas de felicidad y más bien adosadas al dolor como reflejo del mundo en que él mismo vivió desde su niñez.Realmente fue un niño normal, como los demás, pero, como suele decirse, con la vena del arte. (...)


Coger zaramangones, espárragos silvestres, moras, brevas, higos, uvas y bellotas era una de las prácticas habituales en la propicia estación de la cosecha de tales productos silvestres. Y en otoño nunca omitía ir en búsqueda de los preciados níscalos. Los juegos al “rescatao” o “tocado”, a  las bolas, a las chapas, a la gallinita ciega, al sorteo, cortando los pétalos de las margaritas y otros, como lo hacían sus hermanos y otros niños, no le atraían en exceso. Su tiempo libre lo dedicaba en su mayor parte y con preferencia, a pintar sobre las paredes de su casilla. Sobre las que grabó, como queda expuesto, sus primeros dibujos pintados con los colores obtenidos de la sangre de conejos, palomas, tordos u otros, que mezclaba con líquido de amapolas, de flores variadas y diversas hierbas, cuya técnica se perfeccionó en el curso del tiempo. Aquella, su primera obra, fue admirada por el público en general, al darle publicidad masiva con retransmisiones en todos los cines a través del NODO.


En su adolescencia consiguió ganar una beca de estudios para asistir a la Escuela de Artes y Oficios y después a la Escuela Superior de Arte de San Fernando. En ambas destacó como alumno, consiguiendo varios premios por muchos de sus trabajos y obtuvo, asimismo, matrículas de honor en casi todos los cursos de su brillante carrera artística. Con múltiples dificultades ante sus lógicas carencias económicas, consiguió prepararse, como autodidacta, todas las asignaturas y temas no estudiados en dichas escuelas como lengua latina, a cuyo conocimiento contribuyeron las clases recibidas de un familiar, profesor entonces, de Filosofía y Latín, obteniendo buena nota en reválida de sexto. Se graduó y se doctoró después en Artes Plásticas y alcanzó su podio con la cátedra de Escultura en la Facultad de Bellas Artes.


Como profesor fue muy querido por todos sus alumnos, porque, además de aplicar con método claro y práctico su eficaz docencia, realizó siempre el necesario esfuerzo, para que aprendieran con la mayor facilidad. A todos les trató como amigos, fuera la hija de un Presidente del Gobierno  o cualquiera, que tuviese su humilde linaje. Nunca observó distinciones o nepotismos en la calificación de los exámenes. Y siempre se distinguió en la facultad con el mayor número de aprobados por ser buen profesor y excelente catedrático.(...) Pero, cuando todo le sonreía, al haber alcanzado cuanto se propuso en su dimensión personal, familiar, profesional o, más bien, vocacional, así como en su mundo de relaciones sociales, cayó sobre él con enorme contundencia, la tortura de un trágico y lacerante mal, que con fatal ensañamiento, le zarandeó con crueldad y le condujo al final de su existencia física, aunque perdure y perdurará entre nosotros su recuerdo por sus obras.(...) Miguel, sigue y seguirá, no obstante, entre nosotros, sus familiares, amigos, así como la interminable cadena de alumnos y los amantes del arte a través de su obra, que como otras, goza del carácter de la inmortalidad.

Su obra y profundo sentido

Allí y así nació este insigne escultor, cuya obra se considera hiperrealista, al actuar como notario de las realidades más populares, sencillas y más cotidianas o que, según sus críticos: “fue un cronista de conjuntos en miniaturas de personas y cosas de la vida sencilla de nuestro tiempo”. Con esos conjuntos o grupos escultóricos representaba gentes de  oficinas junto a la barra de un bar, en la puerta de  cárcel, en las estaciones de tren, despidiéndose en la parada de autobús, etc. Sobre estos grupos de gentes populares y sencillas, hizo muchas exposiciones en las galerías de arte del máximo prestigio en Madrid, como la Kreisler y otras, así como en gran número de capitales de provincia y pueblos importantes.


Creó, además, múltiples obras de encargo para familias, empresas e instituciones públicas y privadas. Pero entre sus cientos de obras, destacan: el "Monumento al soldado", "Salvador de Madariaga" y una de sus últimas obras, “Monumento a las Víctimas del Terrorismo del 11-M". Las citadas se encuentran situadas en lugares estratégicos de Alcalá de Henares, su ciudad predilecta, en la que vivió muchos años de su vida, salvo algunos, que residió en Las Rozas, volviendo, al fin, a la primera  citada, que fue para él tan querida y especialmente favorita, como lo había sido de tantos personajes ilustres y con tan extraordinaria historia. 


La última, ubicada en la estación de tren de Alcalá de Henares representó a “la sociedad entera, animada por la esperanza de rostros que transmiten serenidad e irradian paz”, como él mismo declaró a un periodista, que fue testigo presencial, cuando hacía los últimos retoques de este monumento que tiene varias figuras humanas y cuyo peso supera una tonelada. 


Cabe citar entre las estatuillas de su creación, “la Diosa Helvetia”, de la que hizo 60 ejemplares, que fueron distribuidos a varios países europeos y  Canadá por uno de sus  primos y entrañable amigo, siendo adquiridos por personalidades y altos directivos de empresa y del mundo económico-financiero internacional.


(Es uno de los artículos de “HISTORIAS EN UN PEQUEÑO PUEBLO”, de  Antonio Gálvez Sánchez)


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2 comentarios:

  1. Buena, buena gente. Conoci hace muchos, muchos años a Miguel Angel. Era tremendamente humano, tranquilo (en apariencia), paciente, amigo de sus amigos, familiar, ARTISTA, etc, etc...
    Vivo fuera y mas bien lejos delpueblo, por lo que las noticias me llegan tarde, pero senti mucho su final.
    Me uno al dolor de su mujer (Charo), de sus hijos y de mi tia Leonor (cuñada suya) y solo decir que mientras alguien esta en la memoria de los demas, sigue vivo.
    Ya podrian los "pradeños" decir algo, no?

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  2. De nuevo y abusando de este medio, me gustaria conocer la forma de conectar o comunicar con D. Juan Duran.
    Aun sin haber nacido en el pueblo, me considero pradeño por los cuatro costados y ademas, de sangre me viene (abuelos , madre, tios, primos, amigos, etc, etc...).
    Es por eso por lo qeu me encanta este blog desde que lo he descubieto y es por eso por lo que querria contactar con el Sr.Duran.
    Agradecido de antemano...

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