12/12/07

NAVIDAD TRADICIONAL EN VILLA DEL PRADO











El Nochebueno

Antiguamente, en Nochebuena se echaba un gran trozo de leña al que se llamaba "Nochebueno" a la lumbre de las chimeneas de las cocinas de las casas y se dejaba quemar lentamente entre las ascuas hasta el día siguiente. Ese día, se recogían los restos del tronco, el cual conservaba aún un gran tamaño, y se guardaba todo el año. Según la tradición, traía buena suerte.

Hoy en día las cocinas de chimenea son inexistentes en casi todas las casas pradeñas, pero a la vez muchas casas nuevas o reformadas, y casi todos los chalets constan de una chimenea de salón, por lo cual, ésta web propone: A todos los que tengan chimenea en su casa, que retomen la costumbre del Nochebueno y pongan a quemar un leño grueso el dia 24 de Diciembre.

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Belenes

En Villa del Prado, la tradición belenística es de cierta riqueza. En las casas se montan belenes con frecuencia bastante grandes. Todo suele empezar hacia el 8 de diciembre. Desde ése día hasta pocos antes del 24, se montan los belenes. La gente se abriga bien, cogen cuchillos, espátulas, cajas, cesta o carritos y marchan en grupos de amigos o familias al monte, a los lugares donde cada uno sabe donde sale musgo. Allí se recoge el musgo en capas gruesas y también se recoge roña de la corteza de los pinos. Naturalmente, se ha de tener cuidado en coger el musgo y demás materias naturales con cuidado de no diezmar demasiado las existencias de dichos materiales para no perjudicar la naturaleza. Siempre se ha de cuidar de que el musgo deje caer sus trozos y simientes en el mismo lugar del que se ha recogido.

En cada casa se montan los tableros, cubriéndolos de arena, colocando el musgo, las piedras, las figuras de barro, que en algunos casos tienen muchos años de antigüedad y siempre hay que retocar o pegar algún brazo que se ha roto. En algunas casas es tradición ir acercando las figuritas de la Virgen y San José hacia el portal, hasta que el día 25 se les pone dentro y con el Niño ya nacido. Lo mismo ocurre con los reyes magos hasta el día seis.

Aparte del entretenimiento y acontecimiento que supone el montar el belén, lo más importante era el clima de hermandad que se vivía entre algunos vecinos del pueblo, que iban a ver los belenes de las casas contiguas y cantaban, etc. ó ayudaban a sus vecinos a construír el Nacimiento. Éstas son cosas que no sólo en Villa del Prado, sino en general en toda la sociedad, desaparecen ante el avance de unas costumbres cada vez más individualistas y materiales.

Actualmente, como es usual, se ponen luces eléctricas de colores en el Belén, pero antiguamente, había quién ponía lamparillas de aceite entre las casitas y figuras. Las casas del Belén suelen ser de corcho y las más viejas que suele haber, las hacía la gente del pueblo con los restos de las cajas de corcho en las que antiguamente venían las medicinas. Había un señor en el pueblo, llamado Adolfo, que se le daba muy bien hacer casitas y la gente se las encargaba.


Pedida de aguinaldo

El día 25 de Diciembre, al pedir el aguinaldo, se va por las casas, llamando a las puertas y en las que hay Belén, se entra y se cantan frente a él villancicos. Cuando se termina de cantar, aparte de las monedas, se da algún trozo de turrón o mazapán.

Pero cuando en alguna casa no se les da aguinaldo ó se les cierta la puerta, los niños cantan ésta coplilla:

"Estas puertas son de hierro

los cerrojos son de alambre;

vámonos de aquí muchachos

que están rabiando de hambre"

En las cuadrillas que van pidiendo el aguinaldo por las casas, hay uno de los chicos que es el que recoge el dinero con una gorra, pandereta, etc. A éste se le llama el "mochiller".


Zambombas de piel de conejo

Los pastores del pueblo y los que venían de fuera a las majadas del monte han sido siempre buenos constructores de zambombas. Con una piel de conejo, una vasija y una caña, se han hacían las tradicionales zambombas para tocar los villancicos.

Desde finales de la década de 1980 se hace un Belén de gran tamaño en los soportales del Ayuntamiento. En 1991 se hizo una representación viviente del Nacimiento en la plaza del pueblo, encendiéndose fogatas en el suelo para hacer gachas y tostar castañas.

El hecho de que Villa del Prado está lindando con la provincia de Toledo y concretamente con el pueblo de Almorox, acerca a nuestro pueblo el buen mazapán que se elabora allí. A las figuras de mazapán se las conoce en Villa del Prado con el nombre de “Gallitos”.

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Volviendo a la tradición del Nochebueno, ésta también se hace en otros puntos de España, sobre todo en la provincia de Jaén, donde se quema éste tronco en las chimeneas y también a veces, un gran tronco en la plaza del pueblo. Del autor Jienense Rafael Ortega y Sagrista, de su libro “Escenas y costumbres de Jaén” reproducimos el siguiente texto, el cual sirve perfectamente para definir también al madrileño Nochebueno de Villa del Prado y al ambiente tradicional y popular de ésa Noche:

“La mesa, con su brasero recebado de ascuas de la chimenea y su pizca de alhucema, está servida, atractiva, espléndida. Es la cena de Navidad para la que han venido los familiares íntimos. El fuego se ha preparado cuidadosamente. Sobre la piedra del hogar se ha puesto, adosado a la pared, el “nochebueno”. Alcalá Venceslada lo define como tronco de olivo o encina que sirve de cabecero de una candela y se le llama así porque puede durar toda la noche. También se le denomina arrimador o trashoguero. El “nochebueno” arderá toda la noche y la hará buena con su calor permanente. El “nochebueno” en la nochebuena se irá requemando bajo la llama vivaz de las támaras de ramón, de los sarmientos, de la otra leña menuda.

Terminada la cena, unos se marcharán muy abrigados a la misa del gallo. Los niños también acabarán por irse a la cama, después de echar una última mirada de felicidad a su belén.

Entonces quedaremos solos al amor de la lumbre, solos y subyugados ante el fuego de la chimenea. En la calle se irán distanciando, se irán apagando las comparsas de zambombas y panderos, de villancicos turbios de aguardiente. Los repiques de gloria se habrán callado.

Velamos junto al fuego el fuego que lanza sus fulgores parpadeantes en la estanca a oscuras. El silencio se hace más denso. A veces requiebra un leño y se derrama en cascadas de ascuas resplandecientes. Recordamos otros tiempos, otras navidades, otras personas queridas que nos acompañaron. Pensamos en el evangelio de Belén, de los pastores, en todo el amor que sugiere esta noche excepcional. La candela se ha ido consumiendo al fondo, el “nochebueno” con sus brasas recubiertas de un párpado de ceniza.”

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