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13/12/14

Elementos típicos de la arquitectura tradicional pradeña

Complementando a las viviendas tradicionales, existen varios elementos de las mismas o cercanos a ellas que merecen especial mención y son los siguientes:

Pozo pradeño en el corral de una casa, con típico brocal de tinaja cortada

Pozos

La mayoría de las casas típicas estaban o estan dotadas de al menos un pozo del que se sacaba agua para dar de beber a los animales y también para otras funciones. En verano, los pozos de las casas también eran utilizados para enfriar por ejemplo botellas de vino o de sifón, que se sumergían en el pozo dentro de una cesta atada a una cuerda. También se sumergían de ésta manera sandías y melones. Los pozos típicos pradeños suelen tener más o menos un metro de diámetro y unos tres metros de profundidad. Se da el caso de que algunos están comunicados entre sí por tunelillos que facilitan el manar del agua. Los pozos normalmente están situados en los patios de las casas, aunque a veces se da el caso de que están en alguna dependencia interior. El brocal de los pozos suele ser de piedra, de ladrillo y en muchos casos, consistente en el cuello cortado de una tinaja. Y aquí aprovecho para lanzar un consejo a todos aquellos que tengan la fortuna de poseer un pozo tradicional en su casa: Si reformais o haceis obra en vuestra casa, conservad el pozo. Estareis conservando una fuente de agua natural y gratuita que os puede servir para muchas cosas, y además contribuireis a eliminar molestas humedades. Aquel que ciega su pozo, pierde un tesoro.


Patios

El patio de las casas es la parte más variante en cuanto a uso, tamaño y ubicación. Puede ser enorme o diminuto, y puede hacer de patio de luces, de entrada al recinto de la casa, de lugar de acceso a cuadras, portaleras y gallineros, etc. También de sitio para desarrollar algunas labores como herrado de caballerías, algunas faenas domésticas como friega de cacharros, lavado de ropa en pila, tendedero, etc. Los patios tradicionalmente estaban empedrados con cantos rodados y en ellos se solían plantar pequeños arbustos, algún árbol frutal o parra.

Típico patio - corral pradeño de adobe encalado (hoy desaparecido)

Puerta falsa

Una gran característica de la arquitectura tradicional de Villa del Prado son las llamadas “Puertas Falsas”. En las casas existe la Puerta Principal, que es por la que normalmente se accede a la parte de vivienda, pero en lo que concierne a la parte de labor de la casa, para entrada de carruajes, animales, etc. existe otra puerta llamada popularmente en éste pueblo “Puerta Falsa”, que suele ser de mayor tamaño que la Principal y antiguamente más usada que ésta, por motivo del trabajo agrario. Hoy en día las mulas ya no entran y salen por las Puertas Falsas, pero éstas puertas se han convertido en una excelente entrada para automóviles y tractores a los patios y portaleras.


Poyo

Junto a las puertas principales o falsas de las casas se encuentran los poyos, normalmente consistentes en un bloque de granito horizontal o una gran piedra cuadrangular. También los hay hechos de obra.  Éstos sirven para sentarse a la puerta cuando hace buen tiempo.
Uno cualquiera de los tradicionales poyos para sentarse a las puertas.


Piedras de esquina

En las esquinas de las calles lo típico es colocar una piedra, generalmente consistente en un bloque de piedra vertical, en donde la pared forma el ángulo. Antiguamente éstas piedras servían para que los carros no rozasen sus ruedas con la pared al doblar la esquina. Hoy en día, al construírse casas nuevas, a veces se colocan con fin decorativo.
Típica piedra de esquina.

Pajares

La forma de almacenar la paja en Villa del Prado era guardarla a cubierto. Por ello existían en Villa del Prado numerosos pajares, que en ocasiones forman parte de los edificios de labor/vivienda y en otros casos forman parte de edificios solamente de labor. Los pajares suelen estar siempre situados en alto, en pisos superiores, y están provistos de puertas de trampilla que se abren tirando de una cuerda. La paja se impulsaba con horquillos desde el suelo hacia arriba y entraba en los pajares por ésas trampillas. Del mismo modo, cuando se necesitaba sacar paja del pajar, bastaba en hacerla caer por la trampilla, para después alimentar al ganado.


Sobrao o Sobrado

Se llama así al último piso superior de las casas tradicionales, donde está el hueco del tejado, justo debajo del mismo. En otras comarcas recibe el nombre de Doblao, Cámara o Troje. Se utilizaba generalmente para almacenar aperos de labranza, herramientas, colgar productos de matanza y otros alimentos que necesitasen curarse o secarse. Hoy en dia suele ser utilizado como desván o trastero.
Típicas pequeñas ventanas de sobrao pradeñas


Portaleras

Las portaleras son los lugares destinados a vivienda de ganado. Pueden estar o bien en el campo o formar parte de una casa de vivienda/labor. En cualquier caso, suelen consistir en unos lugares grandes cubiertos, de construcción similar a la de las casas: barro, piedra o ladrillo, con cubierta de madera y teja también.


Boyerías o Boyerizas

Se denomina así a las portaleras destinadas a la vivienda de bueyes y ganado vacuno.


Cuadras

Generalmente consisten en una habitación que está junto a la vivienda de las personas, y en la cual solían vivir las mulas que servían para trabajar en el campo. Las cuadras estaban dotadas de Pesebres, donde comían las mulas. En numerosas ocasiones, las cuadras estaban debajo de un pajar, para directamente al abrir una trampilla, caer la paja desde el techo hacia los pesebres para alimentar a las mulas.


Herrén

En Villa del Prado se denomina como herrén a los recintos particulares, generalmente de gran superficie, que pueden estar rodeados de una tapia o no y que están siempre dentro del núcleo urbano o en las afueras. Sus funciones eran fundamentalmente preparar semillas para después sembrarlas, cultivar árboles frutales y algunas hortalizas; y también una errén se utilizaba como lugar de esparcimiento para animales de labranza, sembrándose en ella forraje para que se alimentasen. Una errén es por tanto, un sinónimo de “parcela” o corralón; un huerto multifuncional dentro del núcleo urbano del pueblo. Las errenes son algo muy importante en Villa del Prado desde el punto de vista urbano y tradicional, pues muchas calles de la trama urbana del pueblo están compuestas por gran número de éstos recintos, que se conjugan con las casas de vivienda. Dentro de una errén también puede haber portaleras, cobertizos o casetas; también pozos o estanques.

Por Juan Durán

Arquitectura popular pradeña

En 1973, el arquitecto Carlos Flores publicó una gran obra en forma de colección de libros titulados “Arquitectura popular española”, que en varios volúmenes de enorme tamaño hacía un importantísimo trabajo con preciosas fotografías de lo que es la manera de construír casas y edificios según la tradición de cada región de España. Muchos años después, cuando teniendo yo 17 años descubrí sus libros, tuve la ocasión de conocerle y entrevistarme con él cuando comencé a elaborar un estudio sobre la arquitectura popular pradeña. Hoy día es fundamental para cualquier pueblo mantener y proteger su arquitectura popular, al menos estética y exteriormente, incluso cuando se construye algo nuevo, para mantener su identidad, su belleza, y de cara al turismo de interior y rural, proporcionar un innegable atractivo para los visitantes de nuestro pueblo. 

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La arquitectura popular en Villa del Prado es común a la de la mayoría de los pueblos del sur madrileño y del norte de Toledo. Como sabemos, la arquitectura popular en lo que a materiales se refiere, se provee de los que proporciona el medio natural del lugar. Debido a que nuestro pueblo se encuentra en un límite entre zona montañosa y llana, encontramos, que, dirigiéndonos hacia el Oeste, en pueblos como Cadalso, San Martín o Cenicientos predominan las casas construidas con recia piedra de granito, pero en Villa del Prado predominaba el material del barro y la arcilla, al estar el pueblo en la útima zona llana de la sierra Oeste, utilizándose la piedra apenas para hacer los zócalos bajos de las casas y los refuerzos y adornos de las paredes conocidos como “cadenas”.

Las casas tradicionales de Villa del Prado se dividen en dos grandes grupos. El primero de éstos dos grupos está formado por las casas de barro, que eran las más abundantes. El segundo está formado por las casas de ladrillo cocido o de tejar, generalmente más altas, geométricas y que en algunos casos tienen portadas con escudos e inscripciones, por haber sido en el pasado propiedad de familias pudientes.
Ejemplo de casa típica de adobe restaurada en la actualidad

Casas tradicionales de barro y piedra:

Las casas y construcciones de barro, bien podían estar hechas con adobe o con tapial, o una mezcla de ambas cosas, generalmente con un zócalo de piedra en mampostería en la parte baja de los muros para dar más fortaleza al conjunto. Las paredes de barro solían después enfoscarse con una capa de arena y cal para formar una costra que las protegiese del desgaste, o también con el mismo fin, podían pintarse de blanco con cal. También quedaban algunas paredes desnudas que en muchos casos mostraban los materiales con que estaban formados los tapiales: barro mezclado con escombros, trozos de teja, pequeñas pìedras, e incluso también a veces se mezclaban con o sin querer pequeños restos de cristales, cuero, maderitas, huesos y otros fragmentos de desperdicios. También, en paredes hechas durante el siglo XX se advierten incluso restos de escoria del carbón del tren mezclados con el barro.
Singular casita típica de tapial de barro y piedra vista que aún hoy puede verse en uno de los callejones de la Calle Infante.
Portalera con adobe y piedra (hoy desaparecida)
Portalera típica de adobe y piedra vista

Respecto a los ladrillos de adobe de las casas de Villa del Prado, suelen estar formados simplemente con barro fino del propio suelo, sin añadidos de, por ejemplo, paja que se hacen en otras regiones. El adobe se hacía en el propio pueblo, utilizando barro simple o arcilloso, que al secarse se dotaba de una gran dureza. Después esos adobes se unían también con barro. Los adobes se realizaban con gradillas de madera y secándolos al sol. Los tapiales se hacían al igual que el moderno método del hormigón, colocando maderas en forma de caja que se llenaban de barro a granel, se prensaban fuertemente y se dejaban secar, retirando después la caja de madera. 

Las ventanas de éstas casas solían en la antigüedad ser pequeñas y situadas a gran altura, y estaban en sus origenes provistas de hojas de madera con bisagra o con hoja de madera de quita y pon, muchas veces sin cristal.
Otro ejemplo de casa típica de adobe restaurada en la actualidad.

Típica casa de ladrillo del siglo XVII


Casas tradicionales de ladrillo rojo cocido o de tejar:

Respecto a las casas tradicionales de ladrillo, suelen ser construídas bajo el método del “Aparejo Toledano”, intercalando el ladrillo con “cadenas” de piedra en mampostería. Los ladrillos son del tipo tradicional macizo que muy probablemente provenían del Tejar del Rincón, una fábrica de ladrillos y tejas con hornos que había junto al río Alberche en el término de Aldea del Fresno. Las casas de ladrillo con frecuencia poseen jambas y dinteles de las puertas y ventanas hechas de bloques de granito labrado y en muchas ocasiones, escudos y blasones o fechas de construcción. Son las casas más grandes y sólidas, pero no por ello las de barro son menos bellas. Respecto a las ventanas de ésta casas de ladrillo, suelen ser de gran tamaño, con carpintería y vidrio desde sus orígenes y grandes rejas de forja.
Fachada típica de ladrillo del siglo XVII con portada e inscripciones

Las casas de barro ofrecían en su acabado unas formas asimétricas e irregulares que casi hacían de ellas unas formas orgánicas, y junto a las de ladrillo formaban manzanas de casas con tejados a varios niveles de altura e inclinación que hacían del conjunto urbano entero un bello ejemplo más de la arquitectura tradicional castellana. Hasta la década de 1970, Villa del prado visto desde lejos ofrecía un aspecto de color ocre y tejados rojizos, en el que se intercalaban algunas paredes blancas.

Respecto al tejado de las casas tradicionales, es de teja típica curva, en color rojo. También las tejas procederían del Tejar del Rincón. En cuanto a otros materiales en la construccion de casas típicas, está la madera, que tan solo se usaba para hacer vigas, en rollos redondos o cuadrados. Los enrejados y balcones de las casas tanto de barro como de ladrillo, son de hierro de forja.
Casas típicas del siglo XVII de ladrillo con portada y adornos de piedra en "cadenas"

Interior de las antiguas casas típicas:

Los suelos interiores de las casas típicas solían ser en sus mas puros orígenes de simple tierra dura prensada en algunos casos, o bien empedrados con pequeños cantos rodados que a veces hacían dibujos tipo mosaico. Lo más usual eran que los suelos de las casas estuviesen compuestos de ladrillos macizos colocados a modo de baldosa. Para conservar el tono rojizo de éstos suelos, y renovar su aspecto, se les pintaba todos los años con una mezcla de agua y polvos rojos llamados “Almazarrón”. Entrado el siglo XX, los suelos de muchas casas se cubrieron con simple cemento en el cual a veces se hacían dibujos imitando baldosas y posteriormente se generalizó el uso de baldosas industriales y azulejos.

La configuración de una casa típica de Villa del prado solía ser variada, siempre siguiendo unos cánones o estilos propios de la época en que fuera construída y también siempre adaptada al modo de vida del pueblo, en éste caso de economía agrícola predominante. Para poner un ejemplo he tomado un tipo de casa que es la más abundante entre las casas típicas de aquí y que estaría configurada de la siguiente forma:

Las casas típicas suelen estar formadas por una planta baja en la que viven la familia y los animales de labranza y por un piso superior limitado por el propio tejado de la casa, que puede servir para para diversos usos como almacén de objetos, secadero de carne de matanza y otros alimentos, almacén de paja, etc. Éste pìso superior es conocido como “Sobrao”. El piso bajo o vivienda está compuesto por un recinto de entrada conocido como “portal” del cual parten diversas puertas que dan acceso a un solo dormitorio o más según las circunstancias, a una cocina, a un patio o corral, a la escalera de subir al piso superior y también, según las características de la casa, pueden dar acceso a cuadras, bodegas y otros. Los dormitorios reciben el nombre de “Alcobas”.

Muchas puertas interiores de la casa antiguamente eran sin hoja, es decir, tan solo tapadas por una cortina, típicamente hecha de lana de vivos colores. Tan solo la puerta de los dormitorios y de la escalera solía ser con hoja de madera. Hasta muy entrado el siglo XX éstas casas carecían de servicio. Cuando éstos se construyeron se solían hacer aprovechando pequeños cuartos, dividiendo uno ya existente o construyendo el cuarto de baño en el corral o patio.

Respecto al alojamiento de animales está claramente separado del de las personas, habiendo en la casa cuadras, porquerizas, etc. destinadas al uso, y situadas con acceso desde el corral o desde la casa, de forma bien separada. Los corrales suelen variar mucho de tamaño, desde pequeños patios hasta grandes herrenes.

La cocina era el punto más importante de la casa, en donde se hacía la mayor parte de vida doméstica, de la mañana a la noche. Solía ser una habitación más o menos grande en la que simplemente había un hogar donde se hacía fuego para cocinar y calentar la casa y unas alacenas por las paredes para colocar vasos, platos, etc. Las alacenas solían ser una simple hornacina en la pared con tablas que hacían de balda. En algunos casos éstas alacenas solían estar en esquina o tapadas por portezuelas sencillas.

El fuego se hacía directamente sobre el suelo o a veces el hogar estaba solado ó ligeramente alzado por una piedra de granito, en ocasiones procedente de un molino. La parte de la pared donde se hacía el fuego solía presentar una habitual mancha negra de hollín que subía en forma de línea hasta la chimnea. Las paredes de la cocina eran encaladas de blanco hasta el suelo, y en raras ocasiones, decoradas con azulejo en su parte baja.

La chimenea constaba de una gran campana de adobe enyesada que tenía forma recta o cónica, pero en ocasiones también, la chimenea carecía de campana, subiendo el humo directamente por un gran agujero rectangular del techo que abarcaba más de la mitad del total del techo de la cocina. De aquí, el humo subía por la chimenea, de paredes inclinadas hasta desembocar fuera. La parte exterior de las chimeneas solía ser rectangular y de una altura mediana, normalmente sin sombrerete.

Los dormitorios o alcobas de éstas casas, podían variar en número, según las necesidades de la familia que originalmente construyese el edificio. Tenemos por ejemplo casas con tres o cuatro habitaciones y otras casas que solo tenían dos; una de ellas reservada a los cabezas de familia y otra en la que dormían juntos varios hermanos. Incluso en familias muy numerosas se daba el caso a veces en épocas remotas de que algunos miembros dormían en donde podían, haciéndose camas en lugares como portales, etc. 

El mobiliario de los dormitorios varía en función de las épocas y del poder adquisitivo de los dueños, pero en una casa tradicional lo usual era encontrar camas sencillas con armazón de hierro, un simple armario de espejo y una cómoda o baúles de guardar ropa. Es en éste tipo de habitaciones destinada a dormitorio en donde los habitantes de las casas daban un toque más elegante a la decoración, pintando muchas veces de colores las vigas de madera del techo y también pintando frisos en la parte alta de las paredes o zócalos en la parte baja de las mismas. Los colores utilizados normalmente eran el verde tipo “óxido de cobre”, el azul “cobalto” y el rojo de Almazarrón. Los frisos de las paredes en ocasiones resultaban tener una gracia entrañable; normalmente consistiendo en dibujos decorativos de hojas y volutas.

El portal es otra parte muy característica de las casas típicas de Villa del Prado. Suele ser una habitación de gran tamaño por la que se accede a la casa y de él parten las puertas que dan a las distintas habitaciones de la casa, haciendo a su vez de recibidor y de pasillo. Los portales en muchos casos están poblados de tiestos con plantas de interior que les dan una atmósfera acogedora.

El sobrao es la estancia que ocupa toda la parte superior de las casas tradicionales. Puede ser totalmente diáfano o estar dotado de algún que otro tabique que lo subdivida. Está iluminado por ventanas que dan a la calle o por claraboyas y su techo es directamente el tejado de la casa, de rollizos y tablas. El sobrao es utilizado para guardar simiente, curar productos de matanza, guardar trastos en desuso y herramientas. Al sobrao se sube por escaleras que pueden ser desde unas sencillas escalas de palo hasta unas escaleras tabicadas, la mayoría de las veces, de escalones de madera, en donde se produce un gracioso contraste entre la cal de la pared y la madera gris y desgastada de los escalones.

Las paredes por dentro, son encaladas, aquí se dice "jalbegadas". La cal, denominada jalbiegue se da todos los años cuando llega el buen tiempo. Antiguamente pasaba un hombre vendiendo pellejos de conejo que luego servían para untar la cal en las paredes, actualmente se hace con brocha y pintura al temple. En toda casa típica no faltan objetos heredados de otras épocas como la capuchina dorada y el almirez de bronce. Por la pared, la influencia toledana con numerosos platos de Talavera colgados. En los patios, tiestos con flores, algún rosal, claveles, un pozo... componían es escenario más típico de nuestra arquitectura popular.

Desde ésta página abogamos por una protección de la estética tradicional de Villa del Prado, que repetimos, es siempre importante para mantener la identidad y belleza del conjunto urbano y también para ofrecer un pueblo atractivo de cara al turismo cultural y rural. En éste sentido, y debido al deterioro y diversas causas que están afectando negativamente al casco urbano tradicional del pueblo, es fundamental desarrollar en la actualidad un gran plan de recuperación, restauración, defensa del patrimonio arquitectónico popular y embellecimiento del total del casco urbano pradeño.

Por Juan Durán.

29/11/12

Molinos de aceite tradicionales en Villa del Prado

El suelo de Villa del Prado ha sido tradicionalmente apto para el cultivo de olivas, gracias a lo cual, durante siglos, el pueblo ha contado con una apreciable producción de aceite que lo ha autoabastecido y también posibilitado la venta y exportación del producto a otros lugares. Ésta producción de aceite de oliva ha llegado hasta nuestros dias y hoy se cuenta en el pueblo con una cooperativa aceitera que produce un aceite bueno, apreciable y de calidad.
Esquema del funcionamiento de un molino de tracción animal.

En la actualidad la cosecha de aceitunas de Villa del Prado se muele en unas modernas instalaciones con molinos eléctricos, pero hasta mediados del siglo XX, la industria aceitera funcionaba con los primitivos molinos de tracción animal cuya tecnología era de una antigüedad milenaria y extendida por todo el mediterráneo. En Villa del Prado actualmente a los molinos de aceite y concretamente al existente hoy dia se sigue empleando la denominación de "Almazara", que es una vocablo medieval de origen árabe.

A lo largo de la historia del pueblo ha habido varios molinos antigüos de aceite a los que los productores de aceitunas llevaban los frutos para moler. En éste artículo nos referiremos a los últimos molinos de éste tipo que existieron hasta la década de 1950. Uno de ellos estaba situado a la entrada del pueblo, casi frente a la actual gasolinera y en cuyo solar luego se levantó el restaurante que lleva el nombre de "El Molino" en recuerdo a aquel. Hoy en dia aún quedan vestigios de aquel antiguo molino, casi arqueología urbana pradeña, que consisten en dos o tres piedras moledoras colocadas de adorno en la acera de la calle de éste lugar. Otro molino de los últimos en operar, funcionaba en la actual calle del Álamo, en los primeros números. Un tercer molino de aceite tradicional, el último en funcionar y el que más actividad tuvo en ésos últimos años, estaba situado en el comienzo de la actual calle de la Virgen de la Poveda.

El funcionamiento de éstos molinos consistía en una piedra plana redonda con estrías que hacía de base; y de una, dos o más piedras en forma de cono que rodaban sobre ésta. La aceituna quedaba machacada entre la base y éstas piedras cónicas, y por un reguero de la base, caía el aceite para ser recogido. Las piedras cónicas eran movidas por un burro o mula que caminaba en círculos moviendo la máquina. Éste era el sistema usual en Villa del Prado, pues en otros lugares también se empleaba la fuerza del agua para mover éstos molinos.
Piedra de molino plana, actualmente de adorno.

Una vez recogido el aceite puro virgen, se podía volver a moler los abundantes restos de aceituna de la anterior molienda y sacar un aceite de menos calidad llamado "Orujo", que frecuentemente era usado para las lámparas, candiles y fabricación de jabón. Éste aceite también se obtenía en prensas filtrándose a través de unos grandes discos hechos de cuerda de esparto, entre los cuales se apretaban los restos de aceitunas, pieles y huesos, exprimiéndose así hasta la última gota de aceite.

Así transcurría el trabajo en éstos molinos de aceite antigüos, con su techo y vigas de madera, sus gruesas paredes de adobe y piedra, sus pequeñas ventanas por las que se filtraba la suave luz del día, en los que el burro o mula caminaba en círculos, paciente, tranquilo y abnegado. De fondo, el constante ruido de la máquina ronroneando y crujiendo, y la mezcla de los intensos aromas a aceite recien molido. Los suelos de éstos molinos, así como muchos elementos de su interior, completamente embadurnados de aceites y manchas oleosas fruto de la actividad de décadas y siglos, que se pisaba al entrar, según recuerdan los mayores, cada vez que se entraba a llevar aceituna o recoger aceite.

Éstos molinos tenían sus desagües y vertederas, por las que se vertían, generalmente a un arroyo cercano, los restos y líquidos de deshecho de las moliendas. En el caso del molino situado en lo que hoy es el inicio de la Calle Virgen de la Poveda, los restos iban a parar al inmediato arroyo de La Plaza que pasaba por entre las casas del pueblo, junto a ésta esquina; y entonces, muchas mujeres acudían sin pensárselo dos veces con cazuelas y recipientes diversos a recoger los restos de aceite que caían desde los desagües del molino al arroyo y flotaban en las aguas de éste. De éste modo conseguían de forma gratuíta un aceite de deshecho con el cual hacían jabones y productos para los cuales hiciese falta grasa de poca calidad.
Piedras de molino de adorno, en la actualidad.

Como ya hemos dicho, los molinos de aceite tradicionales movidos por tracción animal dejaron su actividad hacia los años 1950-60 y alguno se reconvirtió a ser movido con maquinaria eléctrica. Durante siglos, en Villa del Prado, las piedras de molino viejas que quedaban en desuso, eran apreciadas para ser colocadas de adorno. En muchas casas existen piedras de molino adornando algún suelo, o como base de una chimenea de hacer fuego, o incrustadas en la misma pared de ésas chimeneas, o muchas veces haciendo de piedra de umbral a la entrada de bodegas y viviendas. Hoy en dia, a nivel de calle, podemos ver con facilidad varias de éstas piedras de adorno, por ejemplo, cónicas, colocadas de adorno en el centro de rotondas de tráfico, en concreto en la Avenida de los Hortelanos. Piedras planas podemos ver por ejemplo la situada en el suelo de la entrada al Centro Cultural "Pedro de Tolosa".

Juan Durán

7/6/12

Antiguas tiendas y comercios tradicionales


En éste artículo haremos un repaso de las tiendas tradicionales de variantes que hubo en Villa del Prado. Éste tipo de tiendas fue el común en cualquier pueblo de España durante mucho tiempo, aunque podían por supuesto encontrarse también en zonas modestas de ciudades. Éstas tiendas, también conocidas hoy como “de ultramarinos” y “colmados”, al estar situadas en un pueblo, procuraban abastecerse de todo tipo de productos necesarios, mezclando la alimentación, con la droguería y diversos artilugios que se utilizaban en su época según las necesidades de los habitantes del pueblo. Las tiendas tradicionales arrancan de una base situada en una época muy lejana, cuando hace varios siglos ya se mencionan en los archivos municipales algunas tiendas de éste tipo. A lo largo del tiempo las tiendas fueron cambiando, se cerraron unas, abrieron otras… cambió su disposición y sus productos según las épocas… aunque en ellas siempre se conservó su carácter primitivo y sencillo. Las que mencionamos en éste artículo son las últimas que hubo en el pueblo, centrándonos en la época que va aproximadamente desde 1930 hasta 1980. Fueron bastantes, unas cerraron o abrieron antes o después que otras. Algunos de los descendientes de aquellos comercios aún tienen tiendas y han reconvertido los viejos comercios tradicionales en modernos autoservicios, otras solo son un mero y entrañable recuerdo.

Para ver un ejemplo de una de aquellas tiendas, veremos a continuación una descripción de una de ellas: La tienda del Señor Juan “El Cacharrero”.

Se hallaba ésta tienda que funcionó durante la segunda mitad del siglo XX, hasta comienzos de la década de 1980, en la esquina que forman la Plazuela de San Félix y la calle San Bruno, donde hoy día hay otra tienda moderna.

A la tienda del Señor Juan se entraba por una rústica y antiquísima puerta de madera con un pequeño cristal. Una vez dentro, a la claridad de la pequeña ventanita, se apreciaba un sencillo mostrador de madera con la parte superior cubierta de chapa. A un lado se podía ver  una maquina-cuchilla de cortar bacalao y al otro una balanza para pesar. En uno de los rincones del pequeño cuarto que formaba la tienda se apilaban cacharros de barro, ollas, pucheros, cuencos y platos que vendía el tendero. En otro de los rincones se hallaban manojos de escobas que también vendía, y en los anaqueles de las paredes, latas de conserva. 

A ésta tienda podías ir a pedir en los años 50 “una peseta de fideos”.  Una vez pedido al tendero, éste hacía un cucurucho de papel y echaba dentro uno o dos puñados de fideos que servían para hacer algunas sopas, a cambio de solo una peseta de entonces. Bastantes años después, la tienda del Señor Juan, como otras de alimentación en el pueblo, tuvo por vez primera una cámara refrigerante, lo que les permitió incluir los nuevos productos refrigerados y frescos que fueron surgiendo en el mercado en las décadas de 1960 y 70. Cuando fueron apareciendo los primeros chorizos tipo “Revilla” y otros embutidos industriales similares, la gente del pueblo los compraba con cierta sensación de artículo “moderno y de lujo”, pues hay que tener en cuenta que hasta entonces solo se habían consumido los chorizos caseros hechos de la propia matanza, sin marcas, ni etiquetas; a lo sumo, algunos que venían con la conocida chapa de identificación colgando de la cuerda. Las chapas del chorizo y salchichón fueron comunes en todo el mercado español hasta mediados de la década de 1980.

Junto al modesto y rústico mostrador de la tienda del Señor Juan, se hallaban unos enormes sacos de legumbres, con judías, garbanzos y lentejas, que el tendero vendía y pesaba, también echándolas en un típico cucurucho de papel. 

El número de tiendas era amplio, en el Villa del Prado de la época que tratamos en éste artículo. Eran bastantes en número, pequeñas todas ellas, pero a pesar de ello, se encontraba siempre lo que se necesitaba. Éstas tiendas se hacían simplemente habilitando una zona de la planta baja de la casa donde se quería instalar el comercio, por lo cual, ofrecían unas dimensiones y aspecto muy casero. En ellas se vendían también artículos para el campesino, cuerdas, algunos útiles, sombreros, zapatillas y boinas. La venta de bebidas, gaseosas y sifones era igualmente común en éstos comercios, pero siempre en aquella época cuidando de devolver puntualmente y sin falta los cascos vacíos de las botellas, costumbre que hoy se ha perdido pero que entonces era de normal cumplimiento. Otro artículo típico de éstas tiendas era el bonito en escabeche al peso. Hoy en dia en algunos comercios se sigue vendiendo así, sacado de una enorme lata, cogido con unas pinzas-tenaza y embolsado con un poco de caldo, pero ¿Quién no recuerda cuando lo típico en todas partes era que se cogía de la lata con una cuchara y el dedo pulgar del vendedor?, cosa que a los niños nos encantaba mirar sin importarnos ni la cuchara ni el dedo, pensando en las empanadillas o ensaladilla que de ahí iba a salir.

En Villa del Prado se asentaron entre el siglo XIX y comienzos del XX algunas familias que fueron conocidas por su dedicación casi exclusiva al comercio y a las tiendas. La familia Sampayo se caracterizó en el pueblo por tener casi todos ellos tiendas de alimentación / droguería, manteniendo actualmente algunos de sus miembros ésta dedicación. Otros tenderos asentados en el pueblo provenían sobre todo de Zamora, gran cuna de personas dedicadas a ésta actividad del comercio, destacando la familia Colino, cuyas ramas se dispersan por numerosos pueblos de Madrid. 

Cualquiera que haya conocido éstas tiendas puede recordar la tradicional mezcla de aromas y olores que había en el interior, que en ocasiones era dominado por el agradable aroma de los detergentes y jabones, en otras el del chorizo y embutidos, y en otras el del bacalao salado. En éstas tiendas, la maquina de cortar bacalao seco era un complemento muy típico que aparecía siempre en algún lugar especial, como la balanza de mesa. Muchas veces sus paredes interiores aparecían con frecuencia pintadas con colores verdes y azules pastel. La luz de la calle entraba por sencillas ventanas de madera, que a veces eran apañadas como improvisados escaparates. El ambiente interior de éstas tiendas era el de una pequeña habitación casera llena de productos, donde muchos vecinos y vecinas del pueblo no sólo acudían a comprar sino a hablar de sus cosas del dia y hacer pequeñas tertulias, convirtiéndose la tienda en un lugar de relación social entre vecinos, costumbre que aún se conserva en cualquiera de los actuales comercios pequeños.

Algunas tiendas para el recuerdo fueron la de José “El Pescadero” y la de Eugenio Sampayo, las cuales funcionaron hasta mediados de la década de 1980; y otras como la del “Tio Lorito”, con su inconfundible boina y gafas redondas de concha, que vendía también golosinas para los niños. Otras tiendas de éste tipo muy conocidas fueron la de Agustín García y la de Jesús Lorenzo, así como otras que se haría muy largo enumerar. En otros sectores del comercio funcionó la llamada “Tienda Nueva”, dedicada a los tejidos y prendas de vestir, y cuyos vestigios aún se ven a día de escribir éste artículo, tras casi 30 años cerrada. Mucho ántes, destacó la paquetería de Joaquín Pérez Colino, el cual construyó en 1889 en Villa del Prado el primer edificio nuevo dedicado especialmente a ser una tienda, grande y espaciosa, con vivienda en la parte superior.
Sería efectivamente muy larga una descripción de todas las antiguas tiendas de Villa del Prado, así que éste artículo invita a los que recuerden cualquier cosa de aquellas tiendas tradicionales, a que muevan su memoria y aporten sus vivencias y momentos en aquellos comercios, que con su sencillez y cercano trato, construyeron día a día una parte importante de la historia popular del pueblo.

Juan Durán

6/6/12

Antiguos trabajos y manualidades artesanas en Villa del Prado


Algunos objetos artesanos tradicionales de una casa pradeña: Puchero de barro, cuerno de buey vacío, cuchillo fabricado por un herrero local y calabaza hueca para guardar semillas

Hasta la mitad del siglo XX, ántes de la llegada generalizada de productos industriales, durante siglos en Villa del Prado, se fabricaron muchas cosas útiles para la vida cotidiana, tanto por parte de artesanos, que las comercializaban, como por parte de vecinos particulares, que se las fabricaban ellos mismos. Para que no se pierda el recuerdo de algunas de éstas cosas, en éste artículo, de forma muy resumida, veremos algunas de ellas.

Hierros y Herramientas:

En Villa del Prado hubo herreros a lo largo de la historia del pueblo que fabricaban cuchillos para todo uso, raspaderas, tenazas y ganchos para la matanza del cerdo que se hacía en cada casa. También clavos y piezas de distinto uso y herramientas del campo. Una de éstas herramientas es la Podadera, que se usaba para podar las viñas y que cayó en desuso hace décadas y que se conserva aún en algunas casas; una herramienta, pues, etnológicamente pieza de museo. Uno de los herreros de artesanos que funcionaba en el pueblo en la década de 1930 era Manuel López, el cual grababa su nombre en todas las herramientas que hacía.

Carros y carruajes:

Existieron en el pueblo fábricas-taller de carros que fabricaban éstos vehículos enteramente en el pueblo, como por ejemplo los talleres de Dueñas y Céspedes, y los del señor Crisanto Parro, que fabricaban enteramente tanto las piezas de madera como las de hierro de éstos vehículos de dos y cuatro ruedas, tallando a mano los ejes de las llantas con un tronco de árbol, y después ajustando los radios y bandas de rodadura de las ruedas, suelos, barandillas, lanzas y demás piezas del carro. A partir de los años 1960-70, continuó por un tiempo la construcción de carros en el pueblo aunque ya con muchas piezas de metal y ruedas de neumático.

Alfareros:

También el pueblo se surtía durante siglos de sus propias vasijas y botijos, aunque también se compraba aquí alfarería procedente de Talavera y otros lugares. Los últimos alfareros pradeños trabajaron en los años 1950.

Cesteros:

En la orilla del río Alberche se cultivaban plantas de mimbre que luego servían para hacer cestas, capazos y diversos recipientes muy útiles en las labores del campo, vendimia, etc.

Artesanía popular:

Para fabricar recipientes, los campesinos de Villa del Prado a veces utilizaban cuernos vacíos de buey. Éstos gruesos cuernos se proveían de tapas y así se convertían en vasos y portaobjetos. Éste tipo de vasos de cuerno, es muy común en muchas partes del mundo desde hace milenios.
Otra manera de fabricar recipientes de forma tradicional era utilizar calabazas grandes secas, a las cuales se les cortaba la parte superior, convirtiéndolas en vasijas. En ellas los campesinos pradeños guardaban en numerosas ocasiones la simiente de los tomates y otras hortalizas.

También los labradores del pueblo se fabricaban sus propias herramientas de madera, como bierlos y horquillos. Para ello escogían una rama de árbol que tuviese una forma adecuada para por un lado tener forma de mango largo y por otro, los dientes del “tenedor”. Y con cuchillas y raspadores, darle forma hasta conseguir la herramienta adecuada. Igualmente se fabricaban las palas de madera con tablas de tronco.

Los garrotes y cayados de pastores y gente que necesitase bastón se fabricaban igualmente con palos extraídos del propio campo. Se calentaba un palo muy largo y se iba doblando por su parte central, haciendo palanca y enrollándolo en un tronco clavado en el suelo. Se dejaba atado hasta enfriarse y se cortaba por la curva hecha, quedando hecho un garrote con mango curvo.

Pocas cosas se desperdiciaban en muchos aspectos de la vida rural de la antigüedad. Incluso de comer carne de cordero, de los restos dejados en el plato, podían salir unas Tabas, hueso de la pata del animal, que servía a los niños para jugar. En cuanto a los restos del orujo de aceite que sobraba del buen aceite de oliva que los pradeños hacían en las antiguas almazaras o molinos, las mujeres hacían en las casas el jabón de lavar, mezclando ése orujo con sosa.

Para hacer escobas, bastaba con buscar unas plantas de espino en el campo, cortarlas de forma adecuada y atarlas a un palo. Ántes de existir los modernos estropajos de aluminio, bastaba con salir a la calle a por un poco de tierra gruesa para frotar las manchas difíciles de los platos y cazuelas mientras se lavaban. Y si los filetes estaban demasiado gruesos, el ama de casa siempre tenía guardada una piedra redonda y suave para aplastarlos contra una tabla y dejarlos finos.

En cuanto a los niños, ni que decir tiene que se tenían que fabricar sus propios juguetes en numerosas ocasiones, con maderas, cuerdas, latas, etc, haciendo carritos, camiones, arcos y flechas, espadas, escudos, etc. y obtenían chucherías y golosinas comiendo determinadas bayas dulces del campo y semillas como las Majuelas, Panecillos, “Pan y quesito” y Algarrobas dulces.

Para fabricarse un calzado duro y simple para el campo, los campesinos, ya en el siglo XX, utilizaban trozos de neumático de coche o motocicleta, recortándolo para hacer las suelas de las zapatillas llamadas Albarcas, y con unas correas se fijaban éstas albarcas al pie y tobillo.

Ésta es solo una breve muestra de los muchos métodos que tenían nuestros vecinos y antepasados para buscarse ellos mismos con su ingenio sus útiles y objetos de uso cotidiano.

Por Juan Durán

27/2/12

LA MERENDILLA

Unida inseparablemente a las celebraciones de Carnaval, existe en Villa del Prado una hermosa tradición llamada "la Merendilla". Sucede en Villa del Prado el hecho singular de que el sábado de Carnaval se celebra una semana después de lo habitual en el resto de lugares. Es algo también muy propio del pueblo, pero aúno no hemos logrado averiguar el porqué. Tras la fiesta del sábado de Carnaval, viene el domingo, el día siguiente, al que en Villa del Prado se denomina como "Domingo Gordo". En éste día, desde tiempo inmemorial, los niños y jóvenes del pueblo acudían junto a sus amigos a los montes cercanos al pueblo con cestas llenas de chorizos, panes y otros comestibles para merendar y comer entre el tomillo, las rocas las jaras y árboles, celebrando así la tradición de La Merendilla. Ésta costumbre afortunadamente ha perdurado hasta nuestros días, y con el tiempo, han ido añadiéndose nuevos tipos de comidas y aperitivos al tradicional embutido, se pasa el dia entero desde por la mañana en el campo y monte, e incluso los jóvenes cocinan en ocasiones los alimentos en parrillas, pero el espíritu es el mismo de siempre. La Merendilla es otra más de las tradiciones pradeñas que forman parte de nuestra tradición cultural. Para los más pequeños, que acuden por vez primera junto a su pandilla, todo un aprendizaje, aprendiendo a caminar, comer  sus bocadillos y desenvolverse por sí mismos entre la naturaleza; y para los ya jóvenes y adolescentes, un dia de amistad y diversión. Una tradición enriquecida por el acercamiento al entorno natural del pueblo, y al conocimiento de nuestro medio.
Un grupo de jóvenes buscando un lugar para hacer La Merendilla, en la actualidad.

Otras "merendillas"
Aparte de la mencionada tradición de La Merendilla, se sabe por documentos encontrados en el archivo municipal y parroquial, que en siglos anteriores, se organizaban también meriendas en días de Semana Santa y el Domingo de Resurrección. En éste caso, las personas que acudían al monte a merendar eran las mujeres y chicas jóvenes del pueblo, y la comida que solían degustar era la tradicional "Empanada del Resucitado", un típico alimento pradeño del que ya nos ocuparemos en un artículo dedicado a la gastronomía tradicional del pueblo.

Juan Durán

CARNAVALES EN VILLA DEL PRADO

Las fiestas de Carnaval se celebraron en Villa del Prado desde hace siglos con grandes entusiasmos, seguramente en lo que concierne al espíritu y comportamiento de las personas, de una forma similar a la de hoy en dia. Ya en el siglo XVII, algunos documentos de los archivos del pueblo, hablan de las algaradas y juergas del carnaval de entonces. Lo que nos interesa sobre todo en éste artículo, es indagar sobre cuáles pueden ser las características etnológicas y especiales del carnaval en nuestro pueblo. Hay por ejemplo en la comarca un carnaval muy especial de gran tradición, que es el de Cadalso de los Vidrios, llamado "Carnaval de Ánimas"en el que se realizan unas celebraciones muy particulares, que datan de alrededor del año 1500, según el cronista Pedro Alfonso. En otros muchos pueblos de España, hay Carnavales que también gozan de "algo" que les distingue localmente de otros, produciéndose a partir de la general celebración de los festejos y diversiones de carácter dionisíaco comunes a todos los lugares, algunas particularidades etnológicamente muy interesantes. Volvamos, pues, a Villa del Prado, en donde por el momento, he encontrado una de éstas características propias. Vamos a denominarla como "La Risión".

En el argot popular pradeño y probablemente de otros lugares de la comarca, la palabra "Risión", derivada de la palabra común castellana "Irrisión", significa "Ridiculez". En lo que toca a los Carnavales, escuchando la voz de los más mayores del pueblo, les hemos oído decir más de una vez que desde antiguo en los carnavales lo típico era disfrazarse de "Risión". Ésta tradición de vestirse de "Risión" consistía en que en muchas ocasiones, los hombres se disfrazaban de mujeres y las mujeres, de hombres. Pero además, éstos disfraces, en la mayoría de los casos, estaban hechos en los tiempos antiguos, con prendas y complementos de carácter muy sencillo, sacados de trapos y vestidos viejos, pelucas de aspecto paupérrimo confeccionadas con lo que más se tenía a mano, sombreros rotos, etc. Todo ello contribuía a causar un verdadero espectáculo irrisorio que hacía mucho más divertida la fiesta. En medio de éstos disfraces, junto al antiguo y espeso vino pradeño con aquel viejo sabor a tinaja de barro, de los bailes y de las ganas de diversión después del frío y pesado invierno, podemos imaginar cómo eran aquellos carnavales de hace siglos en nuestro pueblo.

La tradición de vestirse de Risión ha perdurado de forma general hasta mediados del siglo XX, hasta que  más o menos, a mediados de la década de 1970, comenzaron a utilizarse más a menudo disfraces de temas más variados. A partir de entonces hasta hoy, los desfiles de Carnaval en el pueblo han ido evolucionando y cambiando, y creándose grupos de personas disfrazadas de distinta temática, manteniéndose hasta el dia de hoy el tradicional convite a magdalenas y limonada ofrecido en carnavales a los pradeños por el Ayuntamiento. En cuanto a la tradicional "Risión", a pesar de ir diluyéndose poco a poco a partir de las anteriores fechas señaladas, no ha desaparecido del todo, pues hoy en dia hay algunos pradeños que siguen vistiéndose de éstas formas, siendo quizá los que mayor risa y diversión causan en éstas fiestas. Incluso en fechas del año tan diferentes como las corridas de toros de Septiembre, a la plaza de toros, acuden a veces a la "zona de peñas" algunos jóvenes vestidos de "risión", con tacones, pelucas y vestidos, haciendo perdurar éste tipo de tradición jocosa.

Como denominación tradicional al hecho de disfrazarse en Carnaval, también podemos encontrar en Villa del Prado, como en otros lugares, la deonimnación de "Máscaras" o "vestirse o ir de Máscaras". Ya en el siglo XX, en los años 50 y 60, en las tiendas del pueblo podían encontrarse en éstas fechas de Carnaval, atuendos y caretas de cartón con una goma para disfrazarse los niños. El hecho de usar caretas o máscaras de cartón también tiene varios siglos de antigüedad en la tradición local, pues observamos en un documento del año 1683, encontrado por el profesor A. Peris en el  archivo municipal, que en un festejo que se hizo con motivo de una cacería que hizo el monarca Carlos II en los montes de Villa del Prado, hubo, entre otros, un gasto municipal de 24 reales para comprar "papel y oropeles para hacer máscaras", lo cual nos indica que en las fiestas y bailes de cierta importancia era común utilizar caretas, y por tanto deducimos que lo sería también, en Carnaval.

Unida a la fiesta de Carnaval, existe en Villa del Prado la tradición de "La Merendilla", de la que nos ocuparemos en el siguiente artículo.

Por Juan Durán

14/12/11

LA BARRA Y LA PELOTA

Hay varias maneras de descubrir cosas referentes al folk y la etnología, tradiciones perdidas o en desuso, costumbres e innumerables aspectos de la tradición de un lugar, y en éste caso, las vamos a sacar de una estrofa de una antigua jota de Villa del Prado. Hasta nuestros días han llegado algunos trozos, estrofas y fragmentos de jotas y coplas que se cantaban en el pueblo, y la siguiente, además de ser por sí misma algo de valor etnológico, nos enseña dos tradiciones perdidas de Villa del Prado. Dice la estrofa así:

"Plaza de Villa del Prado,
plaza de Villa del Prado,
como ésta plaza no hay otra,
donde se tira la barra,
y se juega a la pelota."

Nos muestra dos deportes antiguos que formaban parte de la vida del pueblo: La Barra Castellana y la pelota.
El deporte o juego denominado "La Barra", está extendido por casi toda la mitad superior de España e incluso grandes zonas de La Mancha, y tiene algunas variedades en la forma de jugarse. En líneas generales se le conoce como "Barra Española", aunque muy probablemente la variedad que se jugaba en Villa del Prado es la conocida como "Barra Castellana", siendo su nombre completo el de "Lanzamiento de barra castellana". Éste deporte consiste en lanzar una barra de hierro, que solía tener de unos 75  a 85 cm. de largo y se lanza de formas, en las cuales hay variantes como el lanzamiento "a pierna o "a pecho". Gana el que más lejos haga llegar la barra. Entra éste juego dentro de los juegos de fuerza, que en siglos pasados sería practicado por los mozos que quisieren demostrar o medir fuerzas con sus amigos o vecinos. Y efectivamente, como dice nuestra jota, la plaza de Villa del Prado es un lugar muy bueno para jugar a la barra, pues sus dimensiones son bastante amplias y alargadas y debió ser un lugar muy apreciado para practicar éste deporte. Las barras utilizadas tradicionalmente solían formar parte del entramado de los antiguos arados de mano y también barras utilizadas para hacer palanca al mover piedras de molino y otros objetos. Eran por tanto pesadas y formaban parte de los antiguos deportes rurales que exigían una estimable fortaleza, que por otra parte era común entre los campesinos y obreros de a pie en otras épocas. Actualmente el deporte de lanzamiento de barra se sigue practicando en numerosos pueblos de España e incluso está regulado por las federaciones modernas de atletismo. En Villa del Prado quizá desapareció a comienzos del siglo XX, pues las fuentes familiares de palabra consultadas parecen indicar que quizá algunos pradeños nacidos en la década de 1880-90; la edad de los bisabuelos del que ésto escribe, aún jugaron a éste deporte siendo jóvenes. Pinchando aquí, se puede leer uno de los muchos artículos interesantes sobre la Barra Castellana que están publicados en Internet.

Respecto a lo que nos cuenta nuestra antigua jota pradeña mencionando a la "Pelota", lo más probable es que se tratase del juego del Frontón, descendiente en líneas generales de la Pelota Vasca y extendido por Castilla y otras regiones, con distintas variantes, como por ejemplo el caso de la "Pelota Valenciana". Hoy en dia en numerosos pueblos castellanos se mantiene éste juego del frontón y casi cada localidad tiene una parte de las enormes paredes de sus iglesias convertidas en muros para jugar. En el caso de Villa del Prado, el que en la cancioncilla se nos indique que en la plaza se jugase a la pelota, nos hace automáticamente mirar la gigantesca pared de la iglesia, que sería utilizada como lugar ideal para jugar al frontón en otras épocas. Hoy en dia, el juego del frontón es de nuevo practicado en Villa del Prado, tras la construcción de un muro en uno de los modernos campos de deportes municipales; aunque, como ocurre en numerosos pueblos de Castilla con frontones, se juega actualmente mucho la moderna versión denominada como "frontenis".
Sello de Correos que homenajea al deporte de La Barra

Sólo nos indica aquella jota éstos dos deportes, que debieron ser muy practicados en la plaza y debieron ser algo que entretuvo y divirtió a nuestros antepasados durante muchas generaciones, aunque quizá también se jugó en el pueblo a otras cosas como "la calva" (que fue muy popular en la vecina Aldea del Fresno), el chito o el boleo y otros juegos propios de la parte de castilla central.

Por Juan Durán

Antiguo dibujo de un lanzamiento de barra en Aragón en el siglo XIX


MISCELÁNEA DE TRADICIONES (2)

CENCERRADAS Y ALBOROQUES

Una de las tradiciones que se celebraban en Villa del Prado hace siglos, eran las denominadas como "la Cencerrada" y el "Alboroque". Éstas dos palabras las encuentra hace años el profesor Alejandro Peris leyendo los archivos municipales pradeños, aunque sólo se menciona su nombre y Peris las señala como tradiciones perdidas. Por las preguntas que he podido hacer, de la gente mayor que vive actualmente, no he encontrado a ninguno que recuerde nada acerca de éstas dos tradiciones, por lo cual debieron perderse en Villa del Prado hace muchas décadas, quizá mas de un siglo, aunque en bastantes lugares de España se han conservado hasta hace menos tiempo. 

Un Alboroque es un convite o invitación que se hace cuando se ha procedido a un contrato o acuerdo, una especie de pequeña fiesta; y una Cencerrada, -palabra más conocida hoy en día-, es un ruido o escándalo que se hace para animar cualquier acontecimiento o para gastar bromas. El Alboroque se hacía, por ejemplo, cuando un campesino vendía un cerdo, una mula o un buey a otro, y se sacaban algunas cosas de comer y beber a una mesa como pequeña invitación por la venta hecha entre los dos hombres, o las dos familias; pero también el Alboroque se hacía cuando una pareja de novios ya acordaba casarse pronto, y entre las dos familias se invitaban a aperitivos y bebidas, que hace siglos consistirían seguramente en embutidos del cerdo, queso, dulces y vinos. Era una especie de "despedida de solteros" de la época. Es entonces, cuando el Alboroque (cuya significación seguramente es la misma que "alboroto", por el carácter festivo del acto), podía acompañarse de una Cencerrada. En éste caso, los amigos y vecinos de los novios salían con cencerros, generalmente grandes, a hacer ruido, dar golpes, reirse y gastar bromas a los que se casaban. Es en éste caso de bodas, cuando el Alboroque y la cencerrada iban unidos, y el que creo que sería más frecuente en Villa del Prado. Como vemos, en nuestro pueblo también se celebró hace ya mucho tiempo la tradición de hacer ruido con cencerros para celebrar fiestas. Hoy en dia, pervive en muchos puntos de la españa rural éste tipo de tradición, y en algunos lugares ha sido declarada bien cultural, por ejemplo en "La Machada" (El Bocígano, Guadalajara) y en la "Diablada" (El Hito y Almonacid del Marquesado, Cuenca).

***

LA VUELTA DE SAN ANTÓN
La conocida tradición religiosa de bendecir animales el día de San Antón congrega a muchas personas que todos los años hacen cola en iglesias llevando sus mascotas o ganado para ser bendecidos. Existen muchas maneras distintas en toda España de celebrar éste día, siempre contando con nuestros pequeños -y grandes- amigos. Hasta aproximadamente la década de 1960, Villa del Prado tenía su tradición peculiar de celebrar éste día, relizando lo que se denominaba como "La Vuelta de San Antón". Consistía ésto en que los campesinos, muchos de los cuales eran propietarios mulas, burros y otros tipos de caballerías, así como de bueyes, que eran los medios de trabajo y transporte ántes de generalizarse los tractores y furgonetas; de acudir con éstos grandes animales hasta la iglesia y realizar una procesión con ellos andando alrededor del edificio dando una vuelta, tras lo cual eran bendecidos. La tradición fue perdiéndose al ir desapareciendo del pueblo ésta clase de ganado, aunque actualmente se celebra el día de San Antón con las mascotas y animales de compañía que la gente lleva.


por Juan Durán

21/3/11

LA FUENTE DE VALDEGATOS

Una de las numerosas fuentes que brotan por el territorio de Villa del Prado, muy rico en manantiales al estar justo en una zona de bajada de aguas desde los montes del norte hacia el Alberche en el sur; es la Fuente de Valdegatos. Ésta fuente se halla en un paraje natural al Oeste del pueblo, en el mismo borde de la carretera que conduce a Cadalso de los Vidrios, en donde comienzan las cuestas que suben hacia la urbanización de El Encinar del Alberche. La fuente de Valdegatos ha sido durante siglos una de las más importantes de Villa del Prado en cuanto a su utilización. La fama de sus aguas ha sido siempre indiscutidamente buena, y numerosos vecinos del pueblo acudían a recogerlas con botijos, cántaros, etc., aprovechando de paso un hermoso paseo por el borde de la carretera.

A pesar de la implantación del agua corriente en las viviendas del municipio, la tradición de coger agua de Valdegatos prosiguió durante varias décadas y se mantuvo de forma habitual hasta la década de 1980. Desde entonces la fuente cayó en cierto desuso y posteriormente, sobre comienzos de los 90 se reparó y se hizo un pequeño área de descanso natural a su alrededor. Recientemente, entre finales de 2010 y comienzos de 2011 la querida fuente ha sido objeto de una nueva restauración más profunda que la ha devuelto su esplendor.

Fuente de valdegatos y su entorno natural
La fuente tiene, estructuralmente, la típica configuración de las fuentes rurales pradeñas: una cavidad en el suelo a la que se ha de bajar por unas escalerillas, con un orificio en el fondo por el que brota el agua natural del manantial. La obra se halla coronada por un frontón en su parte superior. A su alrededor hoy en dia podemos disfrutar de una pequeña zona de descanso natural, flanqueada por la carretera, que discreta y montaraz; no desmerece en absoluto la belleza del lugar. Se halla éste área adornada por unos jóvenes árboles plátanos colocados en línea, y junto a ellos un pequeño y antiguo banco de piedra traido desde el casco urbano del pueblo.

En cuanto al entorno general de la fuente y su área, es totalmente natural, rodeado de pequeños matorrales de tomillo, jara y chaparros de encina; y en tiempo húmedo, numerosa hierba verde producida por las pequeñas corrientes que bañan los suelos de Valdegatos. Ya se puede, pues, recuperar la tradición de marchar por las tardes a Valdegatos, convirtiéndose en el típico paseo de orilla de carretera que en tantos pueblos permanece aún; lógicamente hoy en dia con las debidas precauciones de peatones y tráfico que requiere; para disfrutar de nuevo de ésta parte del patrimonio popular pradeño, y cómo no, de la naturaleza que lo rodea.

Juan Durán

16/3/11

MÁS HISTORIAS DE LA VIGA ATRAVESADA

En un anterior artículo de ésta página hacíamos referencia a que una de las leyendas y anécdotas que se cuentan sobre la construcción de la torre de la iglesia de Villa del Prado era la famosa de "la viga atravesada". Por entonces, cuando escribí el artículo, solo tenía referencia de que en el Cardoso de la Sierra (Guadalajara) se contaba una historia semejante, pero hoy en dia basta con darse un paseo por Internet para comprobar que ésta historia de la viga atravesada, que durante siglos los pradeños y otros vecinos de otros pueblos creyeron exclusivamente propia e incluso verdadera, no es más que un enorme mito para llamar brutos a cualesquiera habitantes de numerosos pueblos de España. No por eso dejemos de ver ésta historia de una forma simpática, que ya forma parte de nuestra tradición. A continuación expongo un listado de pueblos y lugares de España que también cuentan para sí la historia de la viga atravesada. La lista no es completa, porque sería interminable, pero éstos son algunos de los casos que he querido recopilar para éste artículo:

  • Calzada de Valdunciel (Salamanca): La peña "La viga atravesada" de Calzada de Valdunciel tiene una página propia en la que explican el porqué del nombre de ésta historia y hacen un pequeño estudio de otros lugares que la cuentan, entre ellos a Villa del Prado, al que también mencionan.
  • La Hiruela (Madrid), pueblo situado cerca de El Cardoso de la Sierra, en donde enriquecen la historia diciendo que untaron treinta arrobas de manteca en la viga para meterla mejor.
  • Mahide (Zamora), otro pueblo de la Viga atravesada, en el que un buhonero les hizo comprar un montón de aceite y después les hizo ponerse de frente a la puerta y por fin pasaron. Aquí se cuenta la historia, bastante larga por cierto.
  • Folledo (León), Éstos también se lo gastaron todo en manteca y al final creyeron que fue un milagro meter la viga.
  • Almargén (Málaga), En una página web, un articulista rechaza la típica historia original y la convierte en una sensible y piadosa obra de unos mozos del pueblo. Con un par. Pero no cuela mucho.
  • Maraña (León), Los simpáticos vecinos de éste pueblo se muestran muy orgullosos de ser "de la Viga atravesá". Son quizá los que más mencionan ésta historia en sus comentarios. En su caso la viga habría de meterse por una ventana: "A los de Maraña nos llaman los de la viga atravesa, desde que el tejado de la Iglesia se estaba cayendo y había que ponerle una viga. Entonces los Vecinos de Maraña fueron al Corón por una tercia de roble para el tejado de la Iglesia. Pero que resulta, que había que meter la viga por una ventana, y como los de Maraña antes de saberlo ya éramos de la viga atravesaa, !!!pues ala¡¡¡, a meter la viga atravesaa y que la viga no entraba ni más ni menos, y... viga pa ca..., y..., viga pa ya..., y la viga que seguía sin entrar por la ventana. Así que el día del concejo de San Juan, se acordó que había que untar la viga con tocino y manteca. Pues ala, todos los de Maraña de cendera a untar la viga."
  • Fuenlabrada (Madrid), al parecer en éste municipio existe una peña taurina con el nombre de "La Viga atravesada"
  • Nava del rey (Valladolid) Los vecinos de La Nava, incluso dicen que derribaron parte de la pared para meter la viga.
  • Horche (Guadalajara), Los vecinos de éste bello pueblecito alcarreño dicen que para meter la viga "ensancharon la puerta".
  • Taravilla (Guadalajara), Éstos acabaron con las existencias de sebo y manteca del pueblo, lo que encareció incluso el producto.
  • y por supuesto... Villa del Prado (Madrid). La historia más basica de todas, simplemente intentaban meter la viga atravesada hasta que se dieron cuenta de que sólo entraba perpendicular al agujero de la puerta.
J. Durán.

27/1/09

CUEVAS















Villa del Prado es un pueblo rico en cuevas artificiales, que se construían para conservar el vino y otros alimentos. Ésta característica es común a otros pueblos cercanos que también producen vino y a la vez es una de las mejores señas de identidad del urbanismo tradicional del pueblo. Las cuevas pradeñas no están horadadas en el campo como en otros lugares, sino que están todas ellas debajo de las casas de vivienda y bodegas, en el centro del casco urbano, al estilo por ejemplo de las existentes en el casco antiguo de la ciudad de Madrid. De éste modo, Villa del Prado es un pueblo horadado y lleno de túneles y cuevas-bodega bajo sus calles y casas. Las cuevas están delimitadas para cada propietario, pero son muchas las que se comunican entre sí, únicamente haciendo de divisoria una pared de piedras, que en otras épocas se dice que en caso de peligros o guerras, se derribaba dicha pared para facilitar huídas por otras casas vecinas.
















Las cuevas de Villa del Prado han alimentado comentarios y leyendas acerca de su verdadera extensión, creándose algunas leyendas sobre ramificaciones de las galerías hacia puntos muy lejanos. Verdaderamente, es sorprendentela gran longitud de algunas cuevas como por ejemplo, la que cruza por debajo toda la plaza de Santiago o la que discurre bajo la Calle del Generalísimo, ramificándose en varios tramos.














Desde el punto de vista de construcción, las cuevas pradeñas están excavadas en el suelo arcilloso. Tienen forma de túnel y sus paredes son desnudas. Tan sólo en excepciones aparecen revestimientos y refuerzos de ladrillo que se limitan a determinadas partes del túnel. La altura es variable, normamente de unos dos metros, y la anchura de los túneles, de poco más de un metro. El techo de las cuevas es en forma de bóveda de cañón o medio punto. A lo largo de las paredes de la cueva existen los nichos excavados en la pared en los cuales se alojan las tinajas del vino. Éstos nichos tienen el techo en forma de bóveda apuntada ú ojival.















En cuevas y lugares similares existe el peligro de que se formen gases tóxicos, por lo cual, las cuevas de Villa del Prado tienen unos respiraderos de ventilación que en muchas ocasiones dan a las calles. Pueden apreciarse fácilmente éstos respiraderos en forma de diminutas ventanas enrejadas que existen en las fachadas exteriores de las casas, junto al suelo de la calle. Debido a la gran cantidad de corrientes subterráneas que existen bajo el pueblo, es frecuente que bastantes cuevas se llenen de agua, necesitando actualmente sus propietarios vaciarlas con motores de bomba. Algunas cuevas han sido cegadas o se han abandonado, pero por el contrario, muchas cuevas se mantienen en la actualidad limpias y bien conservadas por sus dueños, incluso algunas han sido reformadas para convertirlas en una fresca habitación donde echarse la siesta en verano.

Fotos 1 a 3: Cueva que va desde el Centro Cultural Pedro de Tolosa hasta la Calle del Álamo
Fotos 4 a 5: Cueva de Pedro y Quintina

Por Juan Durán