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3/12/12

El Señor Paco


En éste artículo reseñamos la figura del que fue una de las personas más populares durante el pasado siglo en nuestro pueblo: D. Francisco María Felipe Rodríguez y Fernández-Vítora, conocido como el Sr. Paco, que fue organista y sacristán de la iglesia de Villa del Prado durante casi 70 años.

Nació en El Romeral (Toledo) el 19/5/1886, año en que nació el Rey Alfonso XIII, lo que posteriormente le eximió de hacer el servicio militar, ya que por una concesión real, se libraban los que eran de “la quinta” del monarca.

Aunque al nacer D. Francisco su familia vivía en Toledo; en la segunda mitad del siglo XIX, su padre había sido sacristán-organista en la parroquia de Villa del Prado, por lo que su familia ya conocía el pueblo. Pasados los años, a comienzos del siglo XX, se convoca una nueva plaza de sacristán-organista, de nuevo en Villa del Prado. Animado por su padre, Francisco se presenta para optar a ese puesto que, en aquella época, era un trabajo remunerado con dedicación plena; y requería estar bien preparado para tocar órganos de iglesia, ayudar en las Misas, etc. El Sr. Paco era persona idónea pues por tradición familiar estaba acostumbrado a manejar aquellos órganos barrocos que, por entonces, había en casi todos los pueblos de Castilla. Para conseguir la plaza de sacristán y organista tuvo que hacer primero unos exámenes, pues eran varios los que habían solicitado aquel puesto. Finalmente D. Francisco ganó la plaza, y comenzó su trabajo en 1907.

Desde entonces, además de ser organista, su trabajo consistió en atender todo lo relacionado con la Iglesia, ayudar a los sacerdotes en las Misas, y anotar en los libros parroquiales. Otra de sus tareas por la que es muy recordado, fue la de tocar las campanas, cuando éstas se tocaban a mano, tirando de cuerdas. Para ello siempre fue ayudado por varias generaciones de jóvenes del pueblo. En época del Sr. Paco, los toques de campanas tenían cada uno un ritmo, un repique y una melodía diferente para los diferentes acontecimientos. Todo ello había que hacerlo de forma manual y requería también cierto conocimiento y saber tocar bien las campanas

Tenía el Sr. Paco gran destreza en tocar el órgano y sabía usar con acierto los registros y sonidos adecuados para cada momento. Cuando se sentaba al teclado, era ayudado por los muchachos, que se encargaban de mover la palanca de alimentación de aire del fuelle para que pudiera sonar; si los chicos se demoraban y se quedaba sin aire, les avisaba delicadamente tocando la caja del órgano. En una ocasión un sacerdote jesuita que visitó Villa del Prado, alabó la manera de tocar del Sr. Paco, diciendo que le sorprendía escuchar  “de qué manera le sacaba las voces al órgano”.

No eran desacertadas palabras, pues en el año 1945, el Sr. Paco opositó nada menos que para la importante plaza de organista del Monasterio de El Escorial, y sentado en la enorme consola eléctrica de cuatro teclados que maneja a distancia y al mismo tiempo los cuatro órganos de la basílica, obtuvo la plaza, pero debido a la delicada salud de su esposa, tuvo que renunciar y se quedó en Villa del Prado, donde continuó su labor de siempre.

Muchos recordarán el coro de cantoras de Villa del Prado en los años 50 y 60: Eulalia, Benigna, Petra, Lucía Pérez, Sergita, Elena… que dirigidas por el Sr. Paco asistían a los ensayos y cantos en las misas.

Otro de los trabajos del Sr. Paco en Villa del Prado fue el de director de la Banda de Música del pueblo. En los más remotos tiempos de su actividad como director de la banda, llegó incluso a dirigirla en una ocasión en que el Rey Alfonso XIII visitó Villa del Prado, al salir la banda de música a recibirle. Ya en los años 50 y 60 muchos pradeños también recordarán a la banda de música de entonces, que amenizaron todos los eventos que sucedieron en el pueblo en el transcurso del tiempo, cuando llegaba la Imagen de la Virgen de la Poveda, en las procesiones, en las Fiestas de San Antonio y de septiembre, etc.

Como compositor, D. francisco también tuvo actividad, componiendo diferentes pasodobles para bandas de música, y también música de zarzuelas; por lo que recibía derechos de autor. Incluso algunas de sus obras se han utilizado como música de fondo en alguna película española. Hoy en dia en Villa del Prado su composición musical más conocida, es un canto a la Virgen de la Poveda titulado “Reina del Cielo, Madre de Dios” que compuso en 1907. También adaptó a partitura el himno titulado “Canto del Corpus Christi”.

En el Ayuntamiento de Villa del Prado, trabajó durante muchos años, como Secretario del juzgado y Encargado del Registro. Sirva de anécdota de su carácter simpático y afable, que cuando los jóvenes iban a que les hiciera un certificado para poder entrar en “El Baile”, él se dejaba “engañar” con la edad que le decían para facilitarles el paso.

En el año 1969, por su larguísima trayectoria profesional, de más de 60 años de sacristán-organista, 54 de Director de la Banda municipal y 40 en el Ayuntamiento, fue condecorado por el Gobierno con la Medalla al Mérito en el Trabajo. La medalla la recibió de manos del Arzobispo de Madrid, Casimiro Morcillo, en una ceremonia celebrada dentro de la iglesia del pueblo, estando presentes las autoridades pradeñas, varios sacerdotes y todo el pueblo.

Comenzó su trabajo en 1907 siendo organista cuando en el pueblo solo se circulaba en mula y caballo, y terminó en 1970 cuando el hombre había pisado ya la Luna y conquistado el Espacio. Conoció el paso de 8 párrocos distintos,  numerosos alcaldes, etc.etc.. y enseñó música a varias generaciones distintas. Fue el último sacristán-organista típico tradicional de los que había antes en todos los pueblos. En cuanto a su personalidad, todos coinciden en que fue un hombre de trato afable, que no hizo distinción entre las personas y con un sentido del humor agudo e inteligente, por lo que actualmente todavía se le sigue recordando con cariño.

D. Francisco Rodríguez Fernandez-Vítora falleció en 1975. Hacia el año 2000 se puso su nombre a una nueva calle en Villa del Prado.


Por Juan Durán. (Publicado en el libro de las fiestas patronales, del año 2012)

29/3/12

El órgano de la iglesia de Villa del Prado (I)

No podía faltar en éste blog un artículo dedicado al Órgano de la iglesia, el cual, como sabrán las personas que me conozcan, toco y cuido normalmente desde hace unos años, cuando me incorporé como organista los sábados por las tardes en el año 2002; tocando actualmente los domingos.

Para mayor información técnica sobre el órgano, y de historias y vicisitudes sucedidas desde su construcción hasta ahora, incluidas las restauraciones de 1993 y 2011, he habilitado una página aparte, dedicada en exclusiva al órgano, que se puede visitar pinchando aquí o en el botón de enlace que aparece debajo de la lista de artículos de la derecha de éste blog.

El actual órgano que vemos, con su caja de estilo barroco, quizá más bien Rococó, por sus características y formas, es una mezcla entre órgano barroco del siglo XVIII y órgano romántico de principios del XX. A lo largo de sus 260 años de historia ha tenido una serie de reformas y cuidados que felizmente lo han colocado en uso hasta nuestros días.

Su historia comienza en el año 1750, cuando la parroquia de Villa del Prado encarga al organero toledano Francisco Antonio Díaz la construcción de un órgano nuevo. El instrumento comenzó a levantarse en el balcón lateral del coro, sobre la puerta de la iglesia, mientras las piezas y tubos venían desde Toledo transportadas en carros de bueyes por el viejo camino de Escalona, atravesando El Alamín. No todo fue nuevo en éste nuevo órgano, pues parte de los tubos, incluidos los que vemos hoy en dia en la fachada, fueron aprovechados del anterior órgano, construido por Miguel Puche cien años atrás, lo cual nos da una idea de la edad de los mismos. El órgano fue finalizado en Octubre de 1751 y probado y verificado por un fraile-músico venido de Toledo, llamado Juan de Estrada.

Se pintó la caja de un color blanquecino y unos años después, en 1755, las tallas y adornos fueron doradas con pan de oro. Fue éste un órgano barroco con abundante trompetería horizontal, sonidos brillantes de llenos y címbalas, poseía además efectos de timbales. Así permaneció en uso desde entonces, con sus sucesivos organistas que lo tocaban, y sus “entonadores”, que eran generalmente jóvenes o niños del pueblo que se subían a los fuelles para darle aire. En aquella época también se usaban en el coro unos enormes libros de canto de tapas de madera y piel que todavía se conservan en la parroquia y que podemos ver pinchando aquí.

El órgano nuevo fue tocado por vez primera por D. Diego Solano, un anciano organista del pueblo. Éste se encargaba de tocar y del canto se encargaba el anciano sacerdote D. Cristóbal Sánchez Usero, cantollanista y mayordomo de la iglesia. Tiempo después la gente advirtió que algo raro pasaba en la Misa. Resulta que el organista y el cantor eran tan viejos que no oía bien uno y no tenia voz apenas el otro, por lo que se producían escenas de confusión. Reunidos para tratar el caso, los dos músicos argumentaron que estaban tan viejos y achacosos que ellos no tenian culpa de lo que pasaba, y que la parroquia debía de formar y nombrar a unos nuevos músicos, así que finalmente la parroquia se ocupó de nombrar a nuevos encargados de éstas tareas. No obstante hay que reconocer a D. Cristóbal y D. Diego su enorme labor durante sus años de dedicación en la iglesia de entonces, desde muy jóvenes hasta los casi 80 años.

La disposición de registros del órgano nuevo de 1750 era la siguiente:

-Flautado de 13 (actualmente se denomina de 8), el que vemos en fachada
-Octava, (la que vemos hoy dia también en parte en la fachada)
-Dozena clara
-Quincena clara
-Diez y novena
-LLeno en 22ª
-Zimbalas
-Corneta real (6h)
-Corneta de ecos (5h)
-Clarín de ecos
-Trompeta real
-Clarín de mano derecha
-Oboe de mano derecha
-Trompeta Magna de mano derecha
-Chirimía
-Tambores en La, sol, re.
-Timbales en La-mi-re

Llegamos al año 1888, y tras casi siglo y medio de funcionamiento, el órgano ya se encontraba por esas fechas bastante desgastado y deteriorado, y en los archivos parroquiales, encontramos peticiones del párroco para reparar a fondo el instrumento. El organero madrileño José Marlasca presentó un presupuesto de mil pesetas “para reparar lo imprescindible”, según datos de la época, pero al tratarse de una reparación parcial, en los años siguientes se sigue manifestando la necesidad de acondicionar mejor el órgano.

Por fin llegamos al año 1904, y la parroquia se halla en condiciones de realizar aquel trabajo. Se llama en ésta ocasión a un organero madrileño llamado Ricardo Rodríguez, que había aprendido el oficio de la organería al parecer con el prestigioso Aquilino Amezúa en el Pais Vasco. Ricardo realizó numerosos trabajos sobre todo en la capital, entre los que destacan la construcción del órgano de los Jerónimos para la boda de Alfonso XIII, y el de San Isidro y La Paloma. También hizo obras en la ciudad de Ávila.
El organero Ricardo Rodríguez

La manera de construir órganos había cambiado desde aquel lejano 1750, Ya estamos en 1904 y desde hace tiempo se estilan los órganos denominados “románticos”, de sonido más suave y pastoso que los barrocos, que eran más brillantes y agudos, por lo que Ricardo Rodríguez planeó una reforma total del órgano, que lo haría cambiar de lugar y de estilo sonoro. Se desmontó todo el gran instrumento y se reconstruyó su bonito mueble en el centro del coro, donde está hoy dia, La caja dejó de tener base trapezoidal y se colocó la fachada y los laterales formando una caja de base cuadrada, tal como la vemos. Éste cambio afortunadamente conservó el esplendor y belleza del instrumento. El teclado se amplió a 56 notas, de las 45 originales que tenía, y las teclas y registros se colocaron en una consola de mandos con pedalier mirando hacia la nave de la iglesia. Dentro de la caja se hizo un fuelle nuevo “al estilo moderno” como dijo D. Ricardo, y unas bombas de alimentación de aire provistas de una palanca pendular. También toda la mecánica, el “secreto” del órgano y los tiradores de los registros se hicieron nuevos. Éstos materiales los encargó Ricardo a una empresa francesa, quizá la prestigiosa “Cavaillé-Coll”, y vinieron nuevecitos embalados desde Francia, seguramente en el tren.

En cuanto a la sonoridad del instrumento, ocurrió lo siguiente: Gracias a que el presupuesto no debía ser muy alto, no se hicieron apenas tubos nuevos, sino que Ricardo aprovechó los antiguos, del barroco, añadiendo tan solo un registro de Viola, una “voz celeste”, (que en realidad es otra viola afinada de manera distinta) y una “Voz Humana”. Éste aprovechamiento de registros barrocos mezclados con románticos nos ha dado hoy en dia unas posibilidades “mixtas” para interpretar obras de las épocas del barroco y del romanticismo. Podemos dar al órgano la estética sonora de un estilo y otro. En cambio, por desgracia, en ésta reforma se suprimieron algunos registros como la “corneta”, la potente “trompeta Magna” y las “chirimías”, y los sonidos de “diecinovena y címbala” , que son muy interesantes para la música del barroco. Afortunadamente, se conservó el potente sonido de “Lleno”, y las trompetas, oboes y clarines partidos, para poder tocar en una mitad del teclado un sonido y en la otra, otro. La obra de reforma finalizó en 1905. La caja fue pintada de color verde oscuro, pero conservó la policromía y dorados originales de sus tallas barrocas. Desde 1905 a 1907 fueron sus primeros organistas D. Gregorio Gómez y después D. Alejandro Hervás.
Vista de un lateral del órgano

En 1907 fue nombrado organista D. Francisco Rodríguez Fernández, de 21 años de edad, quien cuidó del instrumento durante la friolera de más de 60 años, hasta 1970. Gracias a su dedicación se conservó en uso el aparato durante todo el siglo XX, y el órgano sobrevivió a las épocas más difíciles de abandono de órganos, que fueron la guerra de 1936, en la cual fueron arruinados los órganos de casi todos los pueblos de la Comunidad de Madrid, excepto Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias, Leganés y Estremera; y la posterior época de carestías y falta de presupuestos de mantenimiento de órganos viejos, que fueron los años 50 y 60. Aquella renovación que hemos citado, del año 1905, también ayudó a ésta conservación del órgano, así como el interés que tuvieron párrocos como D. Tomás Luengo, al cual le gustaba el instrumento. Éste párroco fue quien en 1961 mandó instalar el primer motor de aire, y mientras en otros pueblos, desaparecían o dejaban de usarse órganos, en Villa del Prado, se siguió utilizando.
El organista Fco. Rodrígez Fernández-Vítora

Ántes de la colocación del mencionado primer motor,  algunos niños y jóvenes se encargaban de mover la palanca de aire de los fuelles, es un hecho muy recordado hoy en dia por los que lo hicieron. Detrás del órgano, en la madera de la caja, dejaban muchas veces su firma escrita a lápiz, frases y dibujos que aún se pueden ver.

El órgano de la iglesia de Villa del Prado (II)

(Viene de la primera parte del artículo)

A partir del comienzo de la década de 1970, cuando Francisco Rodríguez dejó de tocar por su avanzada edad, le sucedió su hijo Manuel, y algunas otras personas que tocaban el órgano, como un hombre llamado D. Primitivo; de todas formas comenzó a tocarse con menos frecuencia. Al final, la falta de mantenimiento del aparato y su progresivo desgaste y desafinación llevó a finalizar definitivamente su uso hacia 1983.
El órgano, de verde oscuro (1905 - 2000)

Permaneció el órgano mudo hasta que una década después, Juan Durán, el que ésto escribe, interesado en que el instrumento volviese a sonar, tras pedir consejo a organistas y organeros, y ayudado por sus padres, escribió una carta de petición a la Fundación Cultural Banesto, que respondió dispuesta a hacerse cargo del patrocinio de restaurar y reparar y poner de nuevo en condiciones de funcionamiento el órgano. Después de todo ello, el organero Luis Val Macho presentó un presupuesto de reparación, y gracias a la ayuda de la Comunidad de Madrid y del Ayuntamiento de Villa del Prado, del cual la concejala de cultura Belén Rodríguez, hoy alcaldesa, hizo una inolvidable, amable y buena gestión, se comenzaron las obras que consistieron en restaurar algunos tubos, reintegrar otros que faltaban, cambiar numerosas partes de la maquinaria, poner un motor nuevo silencioso y armonizar y afinar completamente el instrumento. En Junio de 1993 el órgano de Villa del Prado volvía a funcionar de nuevo, recuperándose así éste bien cultural, que hace privilegiado al pueblo, pues desgraciadamente, en toda la comarca, excepto San Martín, y Méntrida, todos los pueblos perdieron su órgano, o conservan solo la caja (Almorox).

Al concierto Inaugural, ejecutado por el organista Luis Joana, acudieron personalidades de la Comunidad de Madrid, Fundación Banesto, Ayuntamiento de Villa del Prado, el viejo organero Luis Val, y el por entonces ministro de defensa Julián García Vargas. El acto fue seguido por diarios como El País, Ya, Diario-16 y la SER; y las cámaras de Telemadrid, con el periodista César Pordomingo, grabaron buena parte del concierto, ofrecido por un organista profesional que supo con certeza manejar el aparato y resucitar sus voces. La iglesia se llenó ése día con numerosas personas del pueblo que acudieron a escuchar de nuevo los sonidos ya casi olvidados del viejo instrumento. Finalizó el concierto con una alegre e inolvidable “Danza de las Hachas” del compositor Martín y Coll, del siglo XVII.

Posteriormente, en el año 2000, dentro de los trabajos de restauración del interior de la iglesia, se restauró la caja del órgano y se la devolvió el original color blanquecino del siglo XVIII y se limpiaron las partes doradas.

Felizmente, el órgano ha estado en uso desde 1993 hasta hoy, y precisamente ése sano uso es el que le ayuda a conservarse mejor, a que no se encasquille, a que las pieles no se agrieten y las maderas no se pudran ni las salgan bichos, y a que la maquinaria se mueva y se mantenga, pero también ése uso hace que las cosas se desgasten y necesiten su reparación cada cierto tiempo.

En el año 2010 ya era imprescindible una nueva reparación y afinación general del órgano, pero en ésta ocasión se disponía de un presupuesto mayor, ofrecido por la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid, quien inició una campaña de recuperación de órganos históricos. El ayuntamiento, a través de su concejala de cultura Maribel Rodríguez manifestaba un amable interés en iniciar éstas nuevas obras, y de nuevo, colaboré con ella ofreciéndola una lista de organeros a los que consultar para pedir presupuestos. Las gestiones y trabajos de la concejalía y de la Comunidad de Madrid se pusieron en marcha y finalmente fue aprobado el presupuesto ofrecido por el organero Carlos Álvarez Ramírez, con taller en Teruel, el cual comenzó las obras de restauración a finales de febrero de 2011. Toda ésta restauración estuvo también supervisada por Felipe López Pérez, organista y musicólogo designado por la Comunidad de Madrid para éstas tareas.
Teclado y registros

Debido a éste mayor presupuesto, en ésta segunda restauración, se han podido realizar nuevas e interesantes mejoras de la maquinaria , de la colocación interior de los tubos y aumentar la sonoridad del órgano, dejando salir el sonido libremente al exterior, destapando las ventanas de los tubos exteriores, que estaban cerradas por detrás con maderas desde 1905. Se desmontaron todos los tubos y se restauraron y lavaron completamente, se taparon todas las rendijas que habían aparecido en el sistema de conducción y almacenamiento de aire, se reparó el fuelle y se limpió y restauró toda la consola y teclado. Se eliminó el registro de “voz celeste”, de muy poca utilidad en éste órgano, y se sustituyó por uno de “docena”, al que se puede sacar más partido. También se eliminó la caja de expresión, pues en éste órgano era de poca utilidad y bajaba notablemente el sonido de los tubos interiores. El trabajo de Carlos Álvarez ha mejorado notablemente la sonoridad del órgano y ha rejuvenecido y renovado el funcionamiento del mismo, resultando un órgano de mayor brillantez en sonido, mayor potencia y versatilidad. A comienzos de Octubre de 2011 finalizaba ésta segunda y más profunda restauración, y desde entonces, el órgano de tubos de la iglesia de Villa del Prado, curiosa mezcla de barroco y romántico, apto para tocar distintas estéticas sonoras, continúa su agradable labor para todo aquel que quiera acercarse a escucharlo, generalmente los domingos.

Datos del órgano de tubos de la iglesia de Villa del Prado:

Castillo de tubos frontal
Consola de 1 teclado de 56 notas

Registros:

-Flautado 8
-Viola de Gamba 8
-Bordón 8
-Docena 2-2/3
-Octava 4
-Ocarina (tapadillo) 4
-Quincena 2
-Lleno 3h
-Trompeta real 8 (partido)
-Fagot-oboe 8 (partido)
-Bajoncillo-Clarín 4-8 (partido)
-Voz Humana 8 (partido)

Enganches:

-Trémolo
-LLamada lengüetas
-Anular lengüetas
-I al pedal.
Pedalier: enganchado al teclado

(Por Juan Durán)

16/3/11

1577-1977: Dos torres herrerianas atacadas por un rayo

Hablamos en éstos recientes artículos sobre la torre grande de la iglesia de Villa del Prado; y con temas relacionados con ella continuamos. En un artículo anterior de ésta página vimos el relato del incendio que se produjo en la torre de Villa del Prado cuando la noche del 22 de Julio de 1977 un rayo alcanzó la torre, bajando la chispa por los cables metálicos de las campanas e incendiando numerosos objetos de madera que había almacenados en los pisos bajo el campanario. Vimos también como las campanas de Villa del Prado sonaron llamando a los vecinos para sofocar la emergencia, y cómo numerosas personas del pueblo hicieron una cadena de cubos de agua desde la fuente de la plaza para apagar el incendio.

Pues bien, resulta que la casualidad de los tiempos a veces nos hace descubrir coincidencias sorprendentes, que en éste caso se relacionan con éste suceso que afectó a la torre del pueblo. Y es que otra torre de estilo herreriano, en concreto una de las situadas en las esquinas del Monasterio de El Escorial, que se estaba construyendo al mismo tiempo que la de Villa del Prado, sufrió otro incendio igual... nada menos que el 21 de Julio de 1577; cuatrocientos años justos ántes del incendio de la de Villa del Prado.

La torre de "La Botica" es la que está situada en la esquina suroeste del Monasterio de El Escorial; se la llamó así por albergar en su interior la original farmacia real del edificio. También tenía por entonces colocadas unas campanas en sus ventanas superiores y un reloj. El 21 de Julio de 1577 hacia las tres de la tarde, una tormenta de verano comenzó a arrojar agua sobre la comarca escurialense. Al llegar la noche empeoró aquella tormenta, de tal manera que sobre las once y media sonó un trueno que según testimonios de la época "parecía que los cielos se habían abierto o que las peñas de la sierra venían todas rodando" y un rayo impactó contra el chapitel de la torre de la Botica.

El rayo originó un incendio visto inmediatamente por la guardia real que dio la voz de alarma mientras el fraile relojero de la torre comenzó a tocar las campanas de la misma pidiendo socorro, "revolviéndose el monasterio de tal manera que unos no sabían de otros, unos salían en camisa, otros con sus ropas y otros medio desnudos" El rey Felipe II, que se encontraba en el edificio, acudió a un pasillo cercano a la torre incendiada, en compañía de algunos familiares y miembros de la corte. Cuando el fuego se hizo más grande, la bola dorada y la cruz del chapitel cayeron hacia la fachada de la calle, llevándose por medio una chimenea y parte del tejado del monasterio. Inmediatamente se formaron cuadrillas para apagar el incendio, formadas por trabajadores del edificio, por entonces en construcción, y por soldados de guardia. Pronto comenzó el acarreo de cubos de agua y arena para apagar las llamas y también el taponado de urgencia de las puertas de la torre con yeso y ladrillos para que las llamas no pasasen a otras habitaciones. Dos soldados subieron al último piso de la torre y desde allí echaron agua a los maderos de techo que ardían e incluso empujaron éstos hacia el suelo de la calle para evitar mayores desperfectos. Los frailes mientras tanto daban pan y vino a las cuadrillas que apagaban el fuego, y rezaban, de tal manera que sobre las seis de la madrugada quedó el incendio totalmente apagado.

Torre de la Botica (El Escorial) y torre de Villa del Prado


Por tanto, ambas torres, la de La Botica del monasterio de El Escorial, y la de la iglesia de Villa del Prado; de estilo herreriano, construidas al mismo tiempo y bajo la inspiración de los grandes arquitectos de su tiempo, como Juan de Herrera y Juan Bautista de Toledo, no sólo están unidas por su sólido y característico porte arquitectónico, sino por éstos dos percances ocurridos sorprendentemente, con diferencia de apenas unas horas, un mismo dia y mes de 1577 y 1977 respectivamente, con cuatrocientos años justos de diferencia.

Juan Durán

La cruz del chapitel de la Torre

Hace unos dias, un lector de ésta página decía que deseaba saber acerca de la cruz que remata la torre grande de la iglesia de Villa del Prado. Su pregunta se centraba sobre todo en cómo fue posible subirla y colocarla allí arriba. Pues bien, en la época en que fue colocada ésa cruz, las cosas se hacían de una forma parecida a como se hacen hoy en día, pero con la ausencia de grandes grúas-pluma y por supuesto, con la ausencia de motores para mover las cosas, con lo cual, todo era a base de tracción humana o animal.

La torre de la iglesia se terminó en el año 1587, pero lo que quedó terminado era la obra de piedra hasta la azotea. Quedaba aún el chapitel, que es el gran sombrero que adorna, realza y embellece la torre. Éste llevó unos años más el ser terminado. Como ya hemos visto en otro artículo anterior, primero se hizo un chapitel que debía ser más sencillo que el que hay ahora, pero que se destruyó en un incendio en 1620. El que vemos hoy en día se hizo nuevo en la década de 1640 y tiene el típico estilo de moda en época de los reyes de la casa de Austria, con sus tejas de pizarra, aguja estilizada y aguda y un cierto estilo barroco que se adivina en las líneas del diseño del chapitel.

La cruz que hay actualmente sobre el mismo, no sabemos si es la que hubo en el anterior chapitel que se quemó o es una nueva que se hizo para el actual. Es una cruz de hierro grande, de calidad, con abundantes adornos de forja. (La cruz que había en la torre pequeña era bastante más sencilla. La pudimos ver desmontada hasta hace dos años en una sala del interior de la iglesia.). Generalmente éste tipo de cruces para torres tiene el pie muy largo, el cual se sujeta fuertemente a la estructura de madera que lo soporta, por lo que solo vemos la parte que interesa que se vea, quedando la gran longitud del pie oculta. En el caso de Villa del Prado, es una cruz costosa para la época, de mayor calidad que la de la mayoría de los pueblos de la zona, y que además soporta una veleta giratoria que tiene los indicadores de norte-sur-oeste-este, algo que en su época era muy de agradecer para los pradeños, para tener una mejor referencia de los vientos que azotan normalmente a éste pueblo. En la parte donde el pie de la cruz se une al tejado del chapitel, hay una bola de bronce, la cual es nuevamente símbolo de calidad y coste del conjunto. Ésta bola remarca la estética de la torre inspirada en El Escorial, cuyas torres también lucen éste tipo de adorno, el cual podemos ver también en numerosas torres de los siglios XVI y XVII, sobre todo asociadas a la corte real de entonces. En su origen éstas bolas eran de bronce dorado, pero la de Villa del Prado perdió el brillo hace tiempo.

¿Cómo se subían éstas cruces y estructuras en los siglos XVI y XVII? Hoy en dia tenemos muy buenos testimonios que lo dicen, sobre todo los tratados y libros que explican cómo se hizo el monasterio de El Escorial, así como su museo de herramientas y grúas. En el archivo parroquial de Villa del Prado hay cuentas de gastos de aquella época sobre todo referidas a sogas y cuerdas, que era lo que se empleaba para subir los materiales de construcción a la torre a medida que iba creciendo de altura. En aquella época, pues, para subir éstos materiales, incluída la cruz, se montaban grúas hechas de vigas y troncos de madera, y con poleas y sogas se tiraba a mano por parte de los obreros, o si era necesario, por parte de un asno o mula, para levantar las piezas. Una vez que la torre estuvo terminada hasta la azotea, era ya muy facil montar allí las grúas y subir las cosas tirando de las cuerdas. Para colocar la cruz en la aguja del chapitel se construían andamios, igual que hoy en día pero de madera. Éstos andamios seguramente rodearían todo el chapitel y trepando y apoyados en ellos sería como los albañiles lograron sostener la cruz, clavar su pie a los soportes de madera del tejado y dejarla allí bien sujeta para resistir el aire, tal como la podemos ver actualmente.

Juan Durán

Libro recomendado: "Vivir en El Escorial" (la esfera de los libros, 2010), escrito por Carlos Carnicer, con dibujos y fotos muy buenas, en los que se explica además de muchas cosas, cómo se hizo el edificio poco a poco.

2/3/10

La torre de espadaña

La iglesia de Villa del Prado tiene dos torres. La mayor y la pequeña. Ésta última era llamada tradicionalmente "torre de espadaña", porque se hallaba coronada por una espadaña de ladrillo. Una espadaña es un campanario que consta de una sola pared en la cual se encuentran las ventanas en las que cuelgan las campanas. La espadaña de Villa del Prado era de tipo sencillo, con una sola ventana. Tenia bastante altura y en su parte superior se hallaba terminada en forma de frontón triangular. A los lados, la pared se ensanchaba formando dos contrafuertes que le daban al conjunto un aspecto robusto y a la vez elegante. Se desconoce exactamente cuándo se construyó ésta espadaña. Algunos autores la atribuyen al maestro constructor Juan Foz, en el año 1724, pero es posible que sea anterior. Junto a ésta espadaña había a su derecha, como podemos ver en las fotos, una espadaña más pequeña, también llamada "torrecilla".

La primera torre que tuvo la iglesia fue la pequeña, situada en un lateral del edificio y construída a la vez que el conjunto del templo o poco después. Un sigo más tarde se hizo la torre grande, terminada en 1587; y el visitador eclesiástico (un inspector que venía desde el obispado a visitar las iglesias), dijo que la torre pequeña no dejaba ver bien la nueva torre grande si se miraba desde la parte de atrás o cabecera del templo, así que mandó desguazar el cuerpo superior de la torre pequeña para rebajar su altura. Éste dato, recogido en el archivo parroquial, nos da la idea de que la torre pequeña tenía un cuerpo más que el que se ve hoy; no sabemos si otro cuerpo con ventanas, o quizá un muro más alto ciego (?).

Posteriormente fue cuando se construyó la espadaña que existió durante siglos hasta el año 2000 y que caracterizó la imagen de la torre pequeña y la dio su popular nombre. En el archivo parroquial se lee el siguiente documento:

“Espadaña o torrecilla y el cimbalillo:

Trescientos cuatro reales y medio de coste de cuatrocientos y cincuenta ladrillos, cuarenta y tres fanegas de cal, arena y jornales de peones en diecisiete dias y medio y meriendas que se dieron a los referidos, todo lo cual se gastó en hacer de nuevo la espadaña y torrecilla para poner la campanilla con que se hace la señal para las misas rezadas y el rosario, está por recibo de Juan Foz, maestro de obras, a treinta de marzo de 1724"


Este documento no deja muy claro si lo que se hizo en 1724 fue solmente la "torrecilla" (una pequeña espadaña que había junto a la gran espadaña y de la que colgaba una pequeña campana llamada "cimbalillo", que daba medias vueltas para llamar a Misa rezada y Rosario) o también la espadaña grande, que en ése caso sería rehecha o hecha de nuevo tal como leemos en la cita. En cualquier caso, queda claro que tanto si la espadaña grande que conocimos fue construída nueva en 1724 como si fue "rehecha", tuvo su origen ántes de esa fecha. Si un arquitecto experto analizase el dato de los "450 ladrillos" podría deducir si ambas espadañas fueron hechas en 1724 o quizá solo la "torrecilla", siendo la grande, obra anterior.

La espadaña albergaba el antiquísimo reloj parroquial y su campana, hecha en 1678 y dedicada a san Lorenzo. (ver artículo sobre el reloj). Durante todo el siglo XX la espadaña acusaba un estado bastante depauperado, con una necesidad evidente de restauración. Estaba totalmente realizada en grandes ladrillos rojos de tejar y por fuera originalmente estuvo enfoscada de una mezcla de arena y cal de color pardo.

En 1997, dentro del plan general de restauración de la iglesia, la espadaña y la torre pequeña fueron restauradas completamente. La espadaña fue de nuevo enfoscada, ésta vez con cemento, y pintada de un color parecido al pardo o crema original que tendría en su primera época. Éste color no gustó a algunos vecinos que la veían "rara", pero lo cierto es que la espadaña estuvo enfoscada cuando se construyó en sus primeros tiempos, aunque en los últimos siglos, el enfoscado de cal y arena se había desprendido en su mayoría, dejando ver el ladrillo.

Tres años después, de forma inexplicada, los responsables de la restauración de la iglesia, comenzaron a levantar un misterioso andamio alrededor de la torre pequeña y empezaron a demoler la espadaña a golpe de taladro neumático. De nada sirvieron las protestas que muchos vecinos hicimos y en Agosto del año 2000, la espadaña fue aniquilada, dejando la torre descabezada, chata y desapareciendo la curiosa y esbelta silueta que le daba la espadaña. En 1997 también se había instalado un reloj nuevo, electrónico, que también fue vuelto a quitar en 2000. Para más desgracia, el andamio asesino de la espadaña, se derrumbó por una racha de aire, estropeando varios coches que había en la plazuela de Santiago. Cuando la gente protestó por el derribo se argumentó que "la espadaña era un añadido no original" de la iglesia; pobre excusa; porque todas las iglesias están llenas de añadidos, incluso ésta de Villa del Prado, y era un "añadido" de siglos de antigüedad que no estorbaba a nadie y confería a la torre pequeña personalidad e identidad.

La espadaña tuvo desde hacía siglos sobre su frontón triangular el nido de las cigüeñas que acudían cada año al pueblo. Al ser demolida la espadaña el nido fue levantado con una grúa y fue colocado sobre un estrambótico armazón de hierro que se hizo sobre el tejado de la iglesia. Éste nido, al estar mucho más bajo que ántes, fue de inmediato rechazado por las cigüeñas, que comenzaron a hacer uno nuevo sobre el mismo lugar que ántes, pero lógicamente más abajo, sobre el alero del tejado nuevo de la torre pequeña. Éste suceso hizo que el escritor Guillermo Díaz Plaja se interesase por el caso y escribiese en el diario ABC un artículo titulado "El Nido Ajeno". Actualmente se siguen sucediendo las consecuencias de aquella zapatiesta, pues las cigüeñas están haciendo otro nido nuevo sobre la torre grande, orientado más o menos de la misma forma que el que tenían en la espadaña, lo cual pone en grave peligro las cornisas de la torre grande y el mismo tejado de la iglesia, si el nido se cayese.

Respecto a las campanas que había en la espadaña, fueron colocadas en la torre grande. El "cimbalillo" es el que actualmente escuchamos todos los días de diario girar en las llamadas a Misa. Una vieja cruz de hierro remataba la espadaña, y al ser ésta demolida, pasó la cruz a los almacenes parroquiales. Hoy en día nos quedan de la espadaña fotografías para recordarla.






Vista de la iglesia con la espadaña restaurada en 1997.

28/1/09

EL RELOJ DE LA IGLESIA


En la iglesia de Santiago Apóstol hubo durante siglos un reloj en la torre pequeña. El reloj fue retirado en el año 1997, por lo que todavía es muy recordado.

La existencia de reloj mecánico en la iglesia es muy antigua, pues ya se habla de él en un documento del año 1597, cuando era un verdadero lujo tener uno de éstos aparatos, por aquel entonces bastante primitivos, pues los relojes de precisión no se desarrollaron hasta casi dos siglos más tarde. En éste documento de la época de Felipe II, conservado en el archivo parroquial, el visitador o inspector eclesiástico que venía desde Toledo a inspeccionar la parroquia de Villa del Prado, decía que las pesas del reloj de la torre vieja colgaban por las ventanas de la torre hacia la calle y los gamberros descompensaban dichas pesas seguramente tirando de las cuerdas indebidamente. El motivo de que colgasen por la calle era seguramente debido a que las pesas necesitaban un muy largo recorrido para funcionar adecuadamente.

La torre siguió teniendo reloj durante siglos y de él se ocupaban personas que trabajaban en la parroquia, como los sacristanes. El mantenimiento de éstos relojes mecánicos primitivos era bastante minucioso, pues había que estar "encima" del reloj con mucha frecuencia, engrasando las ruedas, equilibrando mecanismos que se desajustaban a menudo, limpiando la suciedad y tirando casi a diario de la manivela de las cuerdas de las pesas para reactivar el funcionamiento.

Las pesas eran de piedra y posteriormente dejaron de colgar por fuera cuando se hizo un cuartito especial para el reloj que permitió elevarlo unos metros y entonces las pesas ya pudieron colgar por dentro de la torre.

Ésta obra no sabemos con exactitud cuando se hizo, quiza en el siglo XVIII pero consistió en acoplar el reloj a la espadaña de la torre, y por detrás de la misma, elevar el tejado de la torre y colocar la maquinaria sobre una casetilla de madera interior que no se veía desde fuera. A ésta caseta se subía desde el suelo del cuarto de la torre por unas escaleras de madera. En ésta obra se taparon algunas ventanas de la torre. Es posible que también se cambiase de maquinaria en ésta época. Éste reloj y su forma de estar colocado es la que llegó hasta nuestros días.

La esfera del reloj que llegó hasta la actualidad estaba completamente oxidada pero se apreciaban correctamente sus detalles que daban constancia de su antigüedad: una sola aguja (la de las horas), y números romanos cuya cifra "4" estaba formada por cuatro barras en lugar de por un "IV". Detalles de la esfera parecidos a éstos podemos observarlos en el reloj del Palacio Real de Madrid, que es del siglo XVIII.

Para dar las horas, el reloj se servía de la campana de la espadaña, fabricada en 1678, y que hoy en día está situada en la torre grande y da las horas de forma electrónica. En los tiempos antiguos daba las horas con un martillo con mango muy largo que subía desde la maquinaria del reloj.

Con el paso de las décadas y los siglos, el reloj se estropeó definitivamente y dejó de utilizarse, quizá en el siglo XIX. Desde entonces permaneció intacto y paralizado. La suciedad comenzó a adueñarse de él debido a las palomas. En el año de 1997, durante las obras de restauración de la iglesia, el reloj fue desmontado y guardado en los almacenes parroquiales donde actualmente se encuentra, con su maquinaria y sus pesas de piedra. Se sustituyó por un reloj electrónico colocado en la propia espadaña que funcionó durante apenas tres años, pues en el año 2000 se demolió la espadaña, se eliminó aquel nuevo reloj electrónico y la campana de las horas pasó a la torre grande donde hoy en día sigue dando las horas de forma electrónica valiéndose del mecanismo digital de las campanas.

Juan Durán

Fotos: 1: Torre pequeña con espadaña y reloj; 2: esfera del reloj; 3: maquinaria del reloj en su emplazamiento original; 4: esquema de la colocación del reloj; 5: maquinaria en el almacén parroquial; 6: pesas de piedra

6/2/08

DON JUAN ANTONIO MOLINA Y SANTA MARÍA

No existe ningún retrato de él, ni sabemos como era su rostro, si era alto o bajo de estatura, ni cual era timbre de su voz, pero durante casi toda la segunda mitad del siglo XVIII, D. Juan Antonio Molina y Santa María fue párroco de Villa del Prado y marcó toda una época en el pueblo. Los pradeños de aquel tiempo jamas lo olvidarían, y nosotros que no le hemos conocido, podemos ver su nombre escrito en varios sitios, esculpido en piedra o pintado en madera o escrito en archivos y legajos, pero lo más hermoso es que la obra de D. Juan Antonio sigue hoy en día viva, sólida y firme, un legado que disfrutamos aún, tras más de dos siglos de historia.

La historia de D. Juan Antonio comienza cuando nace en Molina de Aragón, pequeña ciudad amurallada y con un hermoso castillo, perteneciente a la diócesis de Siguenza y hoy provincia de Guadalajara. Seguramente fue luego en Sigüenza donde D. Juan Antonio realizase sus estudios sacerdotales.

Al cabo de un tiempo, y ordenado ya sacerdote, fue enviado a la región de Madrid, entonces diócesis de Toledo, y primero fue destinado a un pequeño pueblo de la sierra de Guadarrama cercano a El Escorial llamado Fresnedillas de la Oliva. Posteriormente cambió de destino, siendo cura de otro pueblo llamado Canencia, éste en plena sierra norte de Madrid, cerca de El Paular y Navacerrada.

Es en el año 1743 cuando D. Juan Antonio, ya curtido en la experiencia de ser sacerdote en pueblos serranos, llega a Villa del Prado y toma posesión de la parroquia de Santiago Apóstol.

Entonces, la iglesia ya tenía tres siglos de antigüedad y necesitaba de ciertas mejoras. Quizá, al entrar y echar una ojeada al interior, a D. Juan Antonio Molina se le pasaron mil ideas por la cabeza. D. Juan Antonio introdujo en el edificio numerosas mejoras que Villa del Prado le debe siempre agradecer.

- El suelo de la Iglesia fue reformado. Los muertos en aquella época, se enterraban en el suelo del templo y esto provocaba situaciones incómodas y poco agradables, así que llegado un momento, D. Juan Antonio encargó las losas de piedras que hoy en día nosotros pisamos. De éste modo se mejoró el suelo de la iglesia enormemente y las tumbas quedaron cubiertas por las piedras, que sustituyeron a otras anteriores de inferior calidad. Se replanteó también el método para identificar todas las sepulturas, que consiste en los números que vemos tallados en las piedras y la división del suelo en tramos y secciones, en los cuales se ubican los números.

- Otra de las obras realizadas a iniciativa y mandato de D. Juan Antonio, fue la construcción de un nuevo órgano para la iglesia, que es el que vemos hoy día; el bonito órgano de estilo rococó que actualmente podemos admirar y escuchar. Corría el año de 1750 y la modernidad de entonces era la decoración rococó y barroca. Los órganos de tubos estaban viviendo una época de auge en toda España y en Villa del Prado había un órgano de más de cien años de antigüedad, construído al parecer por Miguel Puche que estaba “Muy viejo y deteriorado y nada decente para su uso”, según dicen los libros parroquiales, así que D. Juan Antonio encargó presupuesto al organero Francisco Antonio Díaz para construír el órgano actual, que en su origen estaba situado en el balcón que hay a la derecha del coro. En 1751 finalizaban las obras y en 1755 fue pintado y dorado. En su lado izquierdo leemos: “Se hizo éste órgano siendo cura D. Juan Antonio Molina y Santa María y mayordomo José García Abad, el año de 1751”

- Muchas fueron las horas que pasaba D. Juan Antonio en la fría pero bella y gótica sacristía de la iglesia, como la habitación de un castillo. Pronto, el sacerdote se dio cuenta de que necesitaba más comodidad en aquel lugar y que los objetos tan preciados de la iglesia merecían un lugar mejor para estar guardados, así que el párroco encargó construir la actual cajonería de la sacristía, un precioso y enorme mueble barroco donde desde entonces se guardan los vestidos y manteles y demás objetos del culto.

- D. Juan Antonio atendió con diligencia y sabiduría todas y cada una de las múltiples labores que exigía la parroquia del pueblo, incluída por supuesto la ermita de la Poveda. D. Juan Antonio mandó construír para nuestra patrona una carroza nueva para sacar a la Virgen en procesión y además, una cochera para guardar la carroza. La cochera es la pequeña habitación con tejado que hay en la parte posterior de la ermita. Aunque aquella carroza se rompió y desapareció hace mucho tiempo, hoy podemos leer en el gran dintel de piedra de la puerta de la cochera: "Siendo cura D. Juan Antonio Molina y Santa María y Diego Parro Nieto mayordomo de Nuestra Señora de la Poveda, se hizo éste cuarto y carroza, año 1760." Otras obras de los tiempos de D. Juan Antonio en La Poveda fueron el empedrado de la puerta principal (1760), y el dorado de las puertas del magnífico camarín de la Virgen.

- En tiempos de D. Juan Antonio se hizo además una de las más conocidas imágenes de talla en madera de la iglesia; una imagen de San Miguel, la cual tiene una inscripción que dice que se hizo: "A devoción de Rodrigo Pérez de Mora, 1755".

- D. Juan Antonio también participó en la construcción del Puente de la Pedrera en 1769. Ante unas dificultades económicas del ayuntamiento. Éste se vio obligado a tomar a censo del sacerdote la cantidad de 76.606 reales y 18 maravedís. Por éste censo hubo que pagar anualmente 23.298 reales y 7 maravedís de réditos.

Y además de éstas grandes obras, otras más pequeñas, pero no menos importantes realizó D. Juan Antonio Molina, éste activo cura que engrandeció la parroquia y que además, a título individual, fue un hombre de muchas posesiones y poder en el pueblo; un auténtico personaje importante de su tiempo, toda una autoridad en el pueblo. Le tocó ser cura de Villa del Prado en una de las épocas más florecientes y de mayor progreso local. En los tiempos de D. Juan Antonio, vivió en el pueblo el artista Olivieri, se levantaban casas con escudos, se hacían ricas imágenes de vestir, González Maldonado abría sus escuelas, se ponía en marcha la mina de esmeril de Peranzules, el estilo barroco llenaba de vida los retablos, y reinaban en España el pacífico Fernando VI y el inteligente Carlos III. Sonaban clavicordios y se lucían pelucas blancas. Era la exquisita época del “Setecientos”, aunque también D. Juan Antonio y los pradeños tuvieron que soportar algunos años de sequías y por entonces también se fomentó mucho la devoción al Cristo de la Cruz a Cuestas, nuestro querido Nazareno.

D. Juan Antonio se sintió en Villa del Prado como en la horma de su zapato, así que se quedó a vivir en el pueblo para siempre y aquí falleció en el año 1771, según está escrito en los libros de la parroquia. Unas sobrinas suyas fueron su gran apoyo y compañía. El pueblo enterró con pena a su gran cura, uno de los que más tiempo han sido párrocos, y su cuerpo está enterrado, según los archivos bajo “Una piedra de color que hay junto al altar”. Y ciertamente algunas de las piedras de granito de la parte delantera del suelo, tienen matices diferentes a las demás, pero seguramente la que tapa el cuerpo de D. Juan Antonio, está actualmente cubierta por el estrado de madera donde está la mesa de decir Misa. En todo caso, doscientos cincuenta años después es bueno dar un afectuoso homenaje a éste gran personaje de la historia local pradeña, y recordar su legado y obras.

Juan Durán. Fotomontaje del autor sobre un dibujo de un sacerdote de Luis Casamitjana

24/1/08

Restaurado Armonio de la Iglesia de Villa del Prado















El dia 21 de Enero ha sido reparado por completo y entregado a la parroquia el instrumento tipo Armonio propiedad de la misma, el cual se encontraba fuera de uso desde hace unos 40 años. La restauración ha sido obra del experto en armonios, pianos y acordeones Antonio Estebarán y ha sido patrocinada por una feligresa de la parroquia. Éste tipo de instrumentos producen un sonido parecido al de un órgano y funcionan a base de lengüetas, de forma similar a un acordeón.

El armonio de la parroquia de Villa del Prado es un instrumento francés, fabricado en torno a 1920 por la empresa J Richard & Cie., de la localidad de Etrèpagny (Normandía). Estuvo en origen en la capilla del palacio de El Rincón y fue regalado a la iglesia del pueblo hacia 1940. En Villa del Prado había otro aparato parecido, al parecer de mayor tamaño, que se trasladó a Navalcarnero tras la guerra civil, y fue entonces cuando se trajo al pueblo el que se acaba de restaurar. Según los técnicos que lo han reparado, los mecanismos de éste son de buena calidad, y las teclas, todas ellas originales antiguas, son de marfil de elefante. Tan solo éstas teclas hoy alcanzan un grandísmo valor, pues actualmente es muy difícil encargar dicho material, el cual alcanza un precio muy alto y la necesidad de permisos diplomáticos internacionales relativos a la exportación de marfil. El instrumento es mecánico, no utiliza nada de electricidad y sus fuelles han sido reparados enteramente con piel nueva. Actualmente solo se fabrican armonios en Austria, de inferior calidad que éste, y de mas de 6.000 euros de precio, mucho más de lo que ha costado el arreglo del nuestro. La reparación de éste aparato supone una pieza histórica más de las que se están restaurando poco a poco en la parroquia.

16/12/07

VALIOSA IMAGEN PARROQUIAL DE SALZILLO

Acaba de ser restaurada una imagen de la Inmaculada Concepción de la escuela del importante escultor barroco Francisco Salzillo, del siglo XVIII. Ésta imagen de talla de madera fue donada en 1995 a la parroquia de Villa del Prado por sus anteriores dueños, la familia Ausín. La imagen podrá verse en el Museo Parroquial. En las fotografías podemos apreciar la importante obra escultórica, sus estremadamente finos detalles de ropa, expresión de la cara, etc.

12/12/07

LIBROS DE CANTO PARROQUIALES


En los archivos de la parroquia de Villa del Prado se guardan varios libros de canto muy antiguos que servían para la música litúrgica. Éstos impresionantes volúmenes son de enorme tamaño y peso, y sus cubiertas o tapas son tablas de madera forradas de cuero. El motivo de éste gran tamaño era que debían ser leídos por varios cantores a la vez, lo cual obligaba a colocar el libro alejado de dichos cantores, y por tanto, las partituras debían estar escritas a un tamaño grande para poder ser leídas desde lejos. Para ésta tarea de canto, se colocaba el libro sobre un atril muy grande llamado "Facistol", el cual se conserva actualmente en la ermita de la Poveda. Éstos libros contienen partituras de canto en Latín y sus páginas son de pergamino, de auténtica piel de cordero. En los libros podemos observar miniaturas o dibujos de filigranas y grutescos hechos a mano, lo cual aumenta el valor artísticos de los mismos. Según el párroco de Villa del Prado, está planeado restaurar éstos preciosos volúmenes, de varios siglos de antigüedad para que el público y la parroquia puedan volver a disfrutarlos. En éste artículo les ofrezco algunas fotografías de dibujos y páginas de éstos libros, completamente hechos a mano, donde incluso podemos apreciar las marcas de los lápices con que se hicieron las líneas de los pentagramas.

Juan Durán

ANIVERSARIO DEL INCENDIO DE LA TORRE DE LA IGLESIA


Éste año de 2007 se cumplen 30 años desde que el 22 de Julio de 1977 la torre grande de la Iglesia de Villa del Prado sufriese un incendio que aún es recordado por su aparatosidad, pero que afortunadamente no dañó la estabilidad de la estructura y no destruyó el chapitel de madera. Dicha noche se produjo en Villa del Prado una fuerte tormenta acompañada de muchos rayos. En la madrugada, cuando estaba a punto de amanecer, todo el pueblo se sobresaltó cuando las campanas de la iglesia comenzaron a sonar con la señal de alarma de fuego. Al acudir a la plaza la gente pudo ver cómo salia humo de las ventanas de la torre.

Un rayo había impactado en la torre de la iglesia e incendió los objetos de madera que se almacenaban en la "salita verde" de la torre: tallas de santos, trozos de retablos viejos, etc. La salita verde es el cuarto que corresponde a la ventana cuadrada cdel primer piso de la torre, donde hoy está el museo parroquial.

Rápidamente se hizo una fila de gente que iba desde la fuente de la plaza hasta el interior de la Iglesia. Muchos iban en pijama y se colocaban corriendo en la fila para ayudar. En las escaleras de la torre, se luchaba para salvar las piezas antiguas que se quemaban. Aún así desaparecieron entre otras piezas el estandarte de la Hermandad del Santísimo. En la fila de gente, se pasaban muchos cubos de agua de unos a otros y así, desde la fuente hasta el foco del incendio, los cubos fueron circulando y finalmente se logró apagar el fuego.

Lo normal es que los rayos impacten en el pararrayos que hay en la parte más alta de la torre, pero el incendio se había desarrollado en uno de los pisos intermedios, por lo que el entonces párroco D. Rafael de la Fuente expuso la hipótesis de que el rayo había chocado con una de las campanas y la energía eléctrica había bajado por las cuerdas de los badajos (que eran cables de acero), traspasando los pisos y liberando las chispas en la Salita Verde.

Otros incendios en la torre :

Aquel 22 de Julio de 1977 no era la primera vez que el monumento sufría las consecuencias de los rayos, pues en el siglo XVII, el primer chapitel que tenía la torre, que se habia finalizado en la década de 1620, se incendió y desapareció completamente poco después de ser terminado, construyéndose el actual unos años después, en la década de 1640. En éste caso la torre salió ganando, pues el actual chapitel es, según los archivos, mucho más bello y monumental que el anterior.

LEYENDAS SOBRE LA CONSTRUCCIÓN DE LA IGLESIA


La iglesia y la torre grande del pueblo tuvieron un duro proceso de construcción a lo largo de su creación, tal como se hacía en la época, serrando las piedras a mano, y levantándolas con grúas de madera, poleas y sogas muy gruesas. Para ver cómo se construía un edificio en aquella época, recomendamos a los lectores que visiten el museo de arquitectura del monasterio de El Escorial. Sin embargo, el paso de los siglos desde la construcción de la iglesia y la torre, hizo que los pradeños fabricasen algunas leyendas en torno a dicha construcción: a continuación haremos mención de ellas:

1: "La Rampa"

Es todavía frecuente hoy en día oir que la torre se construyó elevando las piedras arrastrándolas a lo largo de una rampa larguísima que nacía en el alto donde están situados los depósitos de agua antiguos. Ésta leyenda parece inspirada en cómo hacían los egipcios las pirámides. La realidad es que la torre de Villa del Prado y todas las torres de piedra y ladrillo de su época y anteriores se hacían levantando las piedras con unas sogas de cáñamo muy gruesas que pasaban por poleas y grúas hechas con vigas de madera. Precisamente en los archivos de la parroquia se conservan facturas sobre las sogas desgastadas y rotas que se usaban para levantar las piedras. Las sogas seguramente eran tiradas por burros o mulas.

2:"El cuarto cuerpo derrumbado"

Ésta leyenda dice que la torre, que tiene tres cuerpos o pisos de altura, se hizo un cuerpo más alta y que el último se cayó y finalmente la dejaron como está. Lo cierto es que en ningún doumento escrito se refleja que dicha historia sea cierta, y todo lo contrario, la torre se hizo de forma bastante lenta y según los archivos, los visitadores del obispo que venían a inspeccionar las obras, metían constantemente prisa al párroco de Villa del Prado para que terminase la torre y no gastase dinero en cosas superfluas sino en terminar dicha obra. En 1587 se terminó la torre, concuyéndose la azotea, y unos 30 años más tarde se comenzó a levantar el chapitel de pizarra.

La leyenda del "derrumbe del cuarto piso" quizá esté fabricada a base de la tradición oral de los recuerdos vagos de los pradeños acerca de dos sucesos: Hacia 1576 se colocó la primera campana de la torre y tiempo después el madero que la sujetaba se partió y se cayó la campana sobre el suelo de la torre, sin que afortunadamente se hiciese añicos. El segundo suceso consiste en que la torre pequeña de la iglesia, según los archivos era ciertamente un piso más alta en su origen, pero en el siglo XVI, el visitador del obispo, cuando vino a inspeccionar la parroquia, dio la orden de que se tirase el último piso de la torre pequeña para que la grande, que estaba ya levantándose, se viese mejor desde la parte trasera de la iglesia.

3: "La Viga Atravesada"

Ésta leyenda dice que cuando se estaba construyendo la iglesia, los operarios querían meter una viga por una puerta y eran tan brutos que la querian meter atravesada, en lugar de meterla de forma perpendicular al hueco de la puerta. Desde entonces los habitantes de otros pueblos usan ésta historia para llamar "brutos" en general a los pradeños; pero resulta que ésta historia no sólo se cuenta en Villa del prado, sino que en lugares tan remotos como Cardoso de la Sierra (Guadalajara), también se dice que los habitantes de Cardoso quisieron meter una viga atravesada al construír su iglesia, es decir: se cuenta una historia exactamente similar, por lo que las "Historias de la Viga atravesada", no son más que unas leyendas inventadas en muchos pueblos distintos para reirse de los habitantes del pueblo que sea.

(c) Juan Durán

LAS CAMPANAS DE VILLA DEL PRADO

Muchos visitantes de nuestro pueblo se sorprenden en ocasiones por la intensa y brillante sonoridad de las campanas de la parroquia, que todos los días tocan varias veces, llenando el ambiente de la Plaza Mayor y todo el casco urbano. Si la torre, el monte y las huertas son la imagen del pueblo, las campanas son sin duda el sonido del pueblo.

La historia de las campanas está intimamente ligada a la de sus soportes; es decir: las torres que las sustentan. Sabemos que la torre pequeña ó de espadaña fue construída ántes que la torre grande, con lo cual, en las ventanas de la pequeña se supone que algún día hubo algunas campanas que quizá fueron después fundidas. Posteriormente se colocaría en dicha torre pequeña, una campana para el reloj, que es la que hemos visto hasta hace poco en la espadaña y otra campana giratoria más pequeña que se tocaba desde la sacristía. Éstas dos campanas actualmente están en la torre grande.

Respecto a las campanas de la torre grande, la primera que se colocó existe hoy en día, y es curiosamente, la más grande de todas, de finales del siglo XVI. Al parecer, cuando se puso, la torre aún no tenía techo, y la campana fue colocada de forma provisional colgando de una viga de madera, pero la lluvia pudría la madera y la campana podía caerse. Éste problema fue solucionado al techarse la torre en 1587. Posteriormente se añadirían más campanas.

Existe una tradición oral que dice que una de las campanas actuales procede de la ruinosa ermita de San Polo, pero hasta ahora nadie ha podido averiguar cual es, en caso de que sea cierto. Los actuales soportes o yugos de las campanas grandes de Villa del Prado, son de madera forrada de chapa inoxidable, instalados en 1973 por Molina Hnos.

A las campanas de una iglesia se las suele poner nombre propio para asociarlas a algún santo, etc. Hoy en día, la parroquia de Villa del Prado cuenta con seis campanas que son las siguientes:

Fachada a la Plaza Mayor (de izquierda a derecha según se mira desde abajo):

1. -campana grande: fue fundida en 1576 y se la puso por nombre “Santa María”. En algún momento de su historia se rajó y por su sonoridad extraña fue llamada popularmente “La Canchana”. En 1998 fue refundida. Ántes de su refundición, tenia una inscripción que decía: “Sancta María, Sucurre Miseris iuva pusilanimes, refore flebiles, ora pro populo (...)”

2. Campana mediana: Está fabricada en 1693. Puede denominársela como “Cristo Vencedor” y tiene una inscripción que dice: “Christus vincit, christus imperat, christus regnat, christus ad fulgore nos defendat. Amén. Hízose año de 1693 siendo cura Juan Collado.”

Fachada a la plazuela de Santiago (Iz. a der.):

1. Campana mediana: Tiene una inscripción que dice así: “Año de 1808, soy dedicada a San Francisco de Asís, ora pro nobis. Se fundió ésta campana siendo cura Manuel de Silva” El autor de la campana fue el fundidor Francisco Mazorra de Pradillo.

2. Campana pequeña: Su nombre es “San Andrés” y tal como figura en su inscrpción, se fabricó en 1603 siendo cura Andrés de la Parra.

Fachada al ayuntamiento:

1. Campana que hasta el año 2000 estuvo situada en la espadaña de la torre pequeña. Ésta campana servía para dar las horas del reloj que había en la espadaña. La campana se llama “San Lorenzo” y tiene unas inscripciones que dicen “San Laurentis ora Pro Nobis, año de 1678” y más abajo tiene representada la parrilla de San Lorenzo.

Fachada a la parte posterior de la iglesia:

2. Campana más pequeña de toda la iglesia: estuvo también situada en una espadaña de la torre pequeña y su mecanismo era y es giratorio. Ántes se tocaba tirando de una cuerda que penetraba en el tejado y llegaba hasta la sacristía. La campana fue fabricada en 1814.

Anécdotas y datos:

Las campanas de la torre grande eran tocadas con unas cuerdas que llegaban atravesando techos hasta el piso más bajo de la torre. Hacia 1986 se instaló el primer mecanismo eléctrico para tocarlas. En 1977, un rayo alcanzó una campana, y la electricidad descendió por las cuerdas de acero hasta llegar a una habitación de la torre, prendiéndola fuego. Los vecinos del pueblo hicieron unas colas con cubos de agua para apagarlo. Hasta la década de 1960 se celebraba la tradición de subir a tocar las campanas la noche del 1 de Noviembre mientras se comía cordero asado. Cada toque de campana era dedicado a algún familiar o amigo fallecido. Hasta ésa época también, los fallecimientos de las personas se anunciaban saliendo el sacristán por una ventana de la torre diciendo el nombre del difunto.

Otras campanas en Villa del Prado:

- Ermita de la Poveda: En su campanario, que es una espadaña cubierta, hay dos campanas antiguas, de la década de 1690. Una de ellas fue comprada en 1695.

- Iglesia del poblado de Alamín: En su torre había una única campana muy pequeña de desconocida procedencia. La iglesia fue construída hacia 1956. la campana se retiró en el año 2005 por particulares que compraron el templo.

- Ermita del Cristo de la Sangre: Antiguamente tuvo una pequeña espadaña donde había una campana muy pequeña, que hoy en día está dentro de la ermita, sostenida en un soporte.

- Iglesia de El Encinar del Alberche: En su campanario, consistente en una moderna estructura de hierro, hay dos campanas que por su aspecto parecen ser modernas. La iglesia se construyó en 1968 y quizá las campanas también.

- Ayuntamiento: La torre del reloj del ayuntamiento tiene una campana instalada en 1965, cuando la torre se reformó. Anteriormente hubo otra campana, instalada en 1855 al construírse el primer reloj. La antigua campana era de mayor tamaño que la actual.

- Finca de Las Migueras: En la capilla privada de ésta finca hay una espadaña que sostiene una pequeña campana cuya inscripción dice “Doña Sol”, que era el nombre de la Duquesa de Santoña, dueña de la finca a finales del siglo XIX.

Por Juan Durán